La biblioteca

949 Palabras
Después de pedir otro café y esta vez beberlo, Magnus, recibió una llamada donde Cat le notificaba que el laboratorio ya había sido desinfectado y que estaban a punto de marcharse de allí. Magnus agradeció la ayuda y se levantó en dirección al piso que le había indicado Alexander con la esperanza de encontrar el documento que necesitaba para su investigación. En cuanto las puertas del elevador se abrieron se sorprendió al darse cuenta de que era una especie de biblioteca común y corriente llena de altas estanterías con muchas carpetas y libros. Se extrañó al ver que no era un acceso controlado como insinuó Alexander, aun así pensó que no era asunto suyo y que debía concentrarse en su búsqueda. Entró con un paso largo a la estancia y detectó el aroma de Alexander de inmediato. Se dijo a sí mismo que no fuera tonto porque era obvio que todo el edificio oliera a él, finalmente el alfa tenía acceso a todo. Revisó las amplias estanterías y vio que estaban divididas en países, así que se dirigió a la letra R y encontró con rapidez los documentos de Rusia. Revisó el título de algunas carpetas hasta que encontró una que llamó su atención.   “Las características del celo de los omegas”   Al tomar la carpeta en sus manos su corazón se aceleró. « ¿Es idea mía o el aroma de Alexander es más fuerte?» Sacudió su cabeza y caminó hacia un escritorio que se encontraba al otro lado de la estancia dispuesto a leer los documentos que sostenía. Para distraer su mente pensó en lo bien que estaban trabajando los inhibidores en su sistema, puesto que su dulce aroma había desaparecido casi por completo y no tenía que concentrarse mucho para tener su celo bajo control. Ahora seguía la interrogante de qué pasaría cuando dejara de retenerlo, tenía la leve esperanza de que no doliera tanto tomando en cuenta lo que Izzy le había dicho acerca de lo doloroso que se tornarían sus síntomas al ser ignorado por su alfa. Dejó la carpeta en el escritorio y vio que dejó una mancha húmeda sobre ella debido a que sus manos sudaban sin control, pensó que podría ser un efecto secundario de la medicina. Una respiración profunda sobre su cuello lo hizo brincar, aunque se vio inmovilizado por unas gruesas manos fijas en su cadera. Sintió algo romperse dentro de él y liberó sus feromonas de una manera tan potente que se sintió abrumado cuando el calor lo sofocó por completo. —Qué bien —susurró una voz grave sobre su piel—, deja salir ese aroma delicioso para mí. Magnus hizo un esfuerzo por retraer sus feromonas, pero en ese punto ya era imposible. Jadeó cuando esas manos se colaron por debajo de su camisa para acariciar su torso a la vez que la respiración pesada sobre sus orejas le advertía que ese alfa estaba completamente perdido en su olor. Con manos temblorosas sacó de su bolsillo la jeringa que ocultó cuando salió del laboratorio, sospechando que la formula no funcionaría y necesitaría de más inhibidores para terminar el día. Estaba a punto de clavársela en la pierna cuando una mano fuerte se la arrebató y la tiró lejos estrellándola contra uno de los muebles que contenían los libros. —Alexander —jadeó Magnus rascando su cuello que ardía por ser mordido—. Si no piensas morderme aléjate de mí. —No puedo —susurró sobre la sensible piel de su cuello provocándole estremecimientos—. Tu aroma es delicioso y no puedo alejarme. Alexander lo giró sobre sus propios pies para quedar de frente y lo encerró contra el escritorio. Magnus quería escapar de esa incómoda y caliente situación, pero una mano dura lo sostenía por la cintura mientras la otra subía por su cuello acariciando ese punto que latía desbocado. Vio con terror cuando su cola lo traicionó y se enredó en el brazo de su destinado que sujetaba su cuello. Alexander le quitó la intensa mirada de encima y dejó de apretar su cintura solo para acariciar esa cola traicionera. — ¿Por qué me haces esto? —Exigió con agonía— Sabes que somos destinados, sabes que si no formamos el vínculo solo nos haremos daño, ¿por qué estás jugando conmigo?  —Lo último salió casi como un sollozo. —Soy el hijo mayor de los Lightwood —comentó Alexander en un susurro sin dejar de acariciar su cola atigrada—. Mis padres esperan que forme una familia con alguna chica alfa de una familia de renombre. Y tú, aunque seas un descendiente del linaje más puro del mundo… no dejas de ser un hombre… La mirada azul de ese hombre se tornó oscura y triste. —Un hombre omega —terminó por Alexander. Cuando no recibió una respuesta se erizó con la rabia ardiendo en él. Si era cuestión de sus estúpidas jerarquías alfa no tenía por qué verse humillado. Nunca permitió que lo pisotearan por su naturaleza y no lo permitiría ahora, ni siquiera por el estúpido de su destinado. Jaló su cola del brazo de Alexander y se desenredó de él con un poco de trabajo, cuando lo logró, se dirigió directamente al elevador con paso pesado. Ni siquiera se dignó para voltear a verlo antes de que las puertas del elevador se cerraran. Su celo quemaba sus entrañas provocándole violentos temblores, tenía un poco de temor por toparse con algún alfa en su camino, aunque para su fortuna esta vez llevaba un cuchillo en su pantalón. Lo sacó con manos temblorosas listo para encarar el estacionamiento, esta vez no lo tomarían desprevenido.
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