Izzy Lightwood, iba en camino al “Summerfest”, uno de los festivales más importantes de rock en el mundo. Estaba sentada en la parte trasera de la camioneta sintiéndose eufórica por llegar. A pesar de que no le entusiasmaba demasiado el concierto en sí, había algo que le causaba ansiedad y provocaba que sus manos estuvieran sudorosas.
— ¿Emocionada por llegar? —Preguntó Scott, uno de los cuatro amigos con los que iba en el vehículo.
—Sí, me siento ansiosa por llegar —respondió agitando su esponjosa cola con nerviosismo.
— ¡Verás que te va a encantar! Es una de las mejores experiencias en cuanto a conciertos de rock —mencionó Leo, otro de sus amigos y el conductor de la camioneta.
Ella tenía cuatro amigos hombres que eran muy especiales porque eran ex-compañeros de la universidad, además, siempre solía salir los fines de semana con ellos.
Durante una noche de juerga le habían platicado de ese gran concierto de rock y a pesar de la insistencia de ellos para que los acompañara, ella rechazó la oferta porque no era un evento que le interesara demasiado. Sin embargo, una noche antes de que sus amigos partieran, su corazón se aceleró y una corriente de adrenalina la obligó a comunicarse con Scott y pedirle que no se fueran sin ella.
Así que, en ese momento estaba mirando por la ventana a la larga cola de automóviles que se enfilaban para ingresar al recinto donde se llevaría a cabo el concierto.
Después de estacionar la camioneta en el amplio estacionamiento, se dirigieron a la siguiente inmensa fila para ingresar al gran espacio donde verían a las bandas tocar. Inclusive una de ellas ya se escuchaba que interpretaba sus temas mientras el atardecer caía sobre el escenario.
—Me muero por entrar a buscar chicas lindas —habló Leo frotándose las manos con una sonrisa libidinosa.
Scott bufó en respuesta.
— ¿De qué sirve que haya chicas lindas? —Refunfuñó Dylan cruzándose de brazos— Si Izzy siempre aleja a todas las chicas que queremos conquistar, valiéndose de que es la única alfa del grupo.
Ella les dirigió una sonrisa traviesa a los cuatro chicos que la miraban con reproche. Leo, Scott y Dylan eran omegas, con excepción de John que era beta.
—Ya se los advertí —respondió juguetonamente tomando del brazo a Leo y Dylan—, un día los morderé a los cuatro y los convertiré en mi harem de omegas y beta.
Los cuatro comenzaron a discutir de la injusticia y la marginación por parte de los alfas, a lo que Izzy solo se carcajeó. Ella era una gran defensora de los derechos de los omegas y le parecía muy injusto que los alfas los trataran solo como un objeto para reproducirse. Aun así, era muy divertido hacer enojar a sus amigos con ese tipo de comentarios porque a pesar de sus protestas, ellos sabían que no haría semejante cosa pues ya les había contado de su deseo por encontrar a su destinado y ser feliz para siempre.
Después de la larga espera, al fin pudieron entrar al recinto. Iba caminando y riendo con sus amigos cuando un golpe en su pecho la dejó sin aliento y la dobló a la mitad por el impacto del golpe.
— ¿Qué pasó Izzy? —Se escuchó decir a Scott al tomarla por los hombros— ¿Estás bien?
Ella había leído mucho acerca de los destinados y de inmediato reconoció que tenía que ponerse a buscar por la multitud de gente.
—Tengo que irme —jadeó empujando a su amigo, pero los otros tres chicos la agarraron antes de que pudiera echarse a correr por el sitio.
—Izzy, si te sientes mal tenemos que llevarte a casa —sentenció John sin soltar su cintura.
—Tengo que encontrarlo —respondió al sentir un lazo apretarse en su muñeca. Un sentimiento de desesperación le recorría la piel, como si el extremo de dicha unión estuviera sufriendo—, aquí está mi destinado y tengo que encontrarlo.
Miró con desesperación a sus amigos sabiendo que, de no soltarla, sería capaz de atacarlos para ir en busca de esa persona que estaba esperando por ella.
—Suéltenla —pidió Dylan al mismo tiempo que le soltaba el brazo—, si su destinado está aquí es mejor que vaya.
Cuando se sintió libre se echó a correr sin mirar atrás. Sus orejas estaban levantadas tratando de escuchar sobre el estridente sonido de las guitarras alguna voz que llamara su atención. Además, olfateaba con cuidado con la esperanza de percibir el aroma dulce que estaba casi segura de saber cómo olía.
Se sentía muy nerviosa porque nunca dejó que su cuerpo reaccionara ante la presencia de un omega. Inclusive siempre reprimió su celo con inhibidores después de la primera traumática vez que tuvo que pasar por él.
“Era una tarde lluviosa y muy fría, estaba en su casa viendo fotografías del muchacho que le gustaba en ese entonces, cuando de pronto empezó a sentirse muy acalorada. En cuanto su vista se nubló dejó su celular a un lado y se tumbó en la cama boca arriba respirando con dificultad.
En ese momento ella no sabía lo que le estaba pasando a pesar de que ya tenía tiempo sabiendo que ella era una alfa. En realidad nunca se había preguntado si su cuerpo era capaz de sufrir algún tipo de celo porque hasta donde ella sabía esa situación era exclusiva de omegas, no de alfas.
Sin saber qué era lo que estaba haciendo, se arrancó la ropa y se dirigió de inmediato al baño que tenía en su habitación. Se miró en el espejo y para bajar un poco el enrojecimiento de su cara se echó agua fría, lo cual, no le ayudó en nada.
Se apoyó en el lavabo con sus manos temblorosas e intentó controlarse tomando varias respiraciones profundas, pero un movimiento inusual en la parte baja de su cuerpo la hizo tensarse. Agachó la mirada y vio horrorizada un m*****o de tamaño mediano completamente erecto entre sus piernas. El grito que soltó fue tan fuerte que después de unos cuantos segundos tenía por fuera de su puerta a toda su familia preguntando qué estaba pasando.
Con cuidado de solo mostrar su cara, entreabrió la puerta y le pidió a su madre que entrara al baño, al mismo tiempo vio a su hermano mayor y su padre dar unos pasos atrás. En ese momento no sabía por qué ellos reaccionaron así, después comprendió que fue el efecto de las fuertes feromonas que estaba despidiendo. Al dejarla entrar, le señaló con sus ojos húmedos esa “cosa” que colgaba de ella.
Su madre acarició su cabello y le explicó de manera tranquila que la reacción de cuerpo era normal. Las mujeres alfas cuentan con ambos sistemas reproductivos y cuando entran en celo el clítoris se alarga para cumplir la función del órgano masculino para aparearse tanto con hombres como mujeres.
Izzy la miraba desconcertada y no pudo evitar reclamarle a su madre por qué nunca le había hablado de algo tan importante. Su madre solo agachó las orejas y antes de que pudiera justificarse, alguien tocó a la puerta de su baño de nuevo. Su reacción fue envolverse en una toalla mientras su madre abría un poco para recibir una jeringa con un líquido verdoso.
Escuchó la explicación de que eran inhibidores para controlar su celo y sin dudarlo se dejó inyectar. Vio con alivio que ese m*****o se retraía hasta desaparecer de su vista.
Por fuera del baño la voz de su padre le explicó que si no quería pasar por eso de nuevo solo tenía que inyectarse esa medicina cada tres meses a lo cual ella aceptó sin pensar”.
Izzy suspiró entrecortadamente.
En ese momento, ya sabía que tenía un destinado y era consciente de que tenía que enfrentar el trauma que experimentó cuando llegó a la madurez. Después de todo, ella era un alfa y tenía el deber de marcar a su omega.
Después de varios minutos de empujar gente para que la dejaran pasar, la frustración estaba empezando a llevarla a la locura pues sentía que el lazo en su muñeca se apretaba de una manera dolorosa y caliente. Necesitaba llegar a él, sus colmillos dolían por encajarse en esa piel.
Se detuvo un momento y miró al escenario con la decisión de calmarse y aclarar su mente; si quería encontrarlo, tenía que pensar en una forma más eficiente para buscarlo. Cerró los ojos y puso toda su atención al peso de su muñeca, después de unos segundos sintió un jalón a lo que, al abrir los ojos, decidió seguirlo a paso lento. Estaba segura de que el lazo la estaba conduciendo a esa persona.
Varios metros más adelante encontró a un grupo de diez personas que estaban reunidas en torno a uno de los muros del gran lugar. Por el fuerte aroma que despedían aquellos tipos dedujo que todos ellos eran alfas y en medio de ese mar de fuertes feromonas percibió el dulce aroma que buscaba con tanta desesperación. Solo en ese momento comprendió que esos sujetos estaban rodeando a su destinado y que estaban a punto de atacarlo.
Un gruñido emergió de su garganta y con gran fuerza que no supo de dónde sacó, empujó a uno de ellos para meterse entre esos diez alfas y la persona que estaba en el piso jadeante y maullando con desesperación.
Se puso en posición de pelea con sus garras extendidas y erizó su pelaje para mostrarse agresiva y atemorizante. Los diez hombres la miraron extrañados.
— ¿Quién te crees como para meterte entre nosotros y ese debilucho omega? —Gruñó el más fornido de ellos.
— ¡Él es mío! —Gritó Izzy con su voz engrosándose. Vio a varios de ellos echar para atrás las orejas y trinar— ¡Lárguense de aquí! —Ordenó dando algunos pasos hacia al frente.
La mayoría de ellos sisearon y se retiraron viéndose intimidados, solo quedaron dos que parecían sufrir una lucha interna entre quedarse o irse.
— ¡Yo lo vi primero! —Gritó el más alto. A lo que su compañero solo se dio media vuelta y se retiró con los demás— ¡Si lo quieres, tendrás qué pelear por él!
Izzy gruñó y se le fue encima a arañarlo y darle puñetazos en la cara. Fue una pelea corta pues el tipo era muy lento y pudo dejarlo inconsciente después de unos cuantos golpes.
Los maullidos del omega llegaron de nuevo a sus oídos y se dio cuenta de que no se había callado en ningún momento.
—Silencio —siseó Izzy cuando se arrodilló a su lado—. No quieres atraer a más alfas no deseados, ¿cierto?
El pálido muchacho enfocó su vidriosa mirada en su cara y negó mientras tapaba su boca. Tenía la apariencia de no poder mantenerse callado pues su manzana de Adán se balanceaba sin control.
Izzy aspiró y ese dulce aroma le provocó un estremecimiento casi doloroso por su espina dorsal, lo deseaba, necesitaba marcarlo y hacerlo suyo. Tomó al muchacho por los hombros y lo arrastró a una esquina oscura que estaba cubierta por un pequeño puesto de bebidas alcohólicas que para su suerte estaba vacío.
En cuanto soltó al chico, este comenzó a maullar desesperado de nuevo, por lo que Izzy solo lo volteó sobre su estómago y lamió su nuca mientras le bajaba los pantalones con desesperación.
Palpó la humedecida entrada del omega lo cual la excitó más, al mismo tiempo sintió un peso peculiar entre sus piernas. Se hincó entre las piernas del muchacho y subió su entallado vestido lo suficiente como para quitarse sus bragas y tomar entre sus manos su excitado m*****o. Esperó sentirse asustada o inclusive asqueada de lo que estaba a punto de hacer porque, a pesar de haber leído tanto del tema, todavía le parecía algo antinatural. Aunque estando en esa posición con su destinado, sentía que era lo más normal del mundo, algo que deseaba hacer.
La cola café del muchacho se enredó en su brazo y ella presionó la base de unía la piel y el pelaje. Vio con satisfacción que el chico levantó más su trasero. Izzy se apoyó sobre él e introdujo su m*****o en el omega con suavidad. Los maullidos desesperados resonaron con mayor fuerza hasta convertirse en largos gemidos mientras ella se movía. Con un arrebato de lujuria encajó sus colmillos en la nuca del muchacho sintiendo que por fin todo su mundo tenía sentido.
Unos cuantos minutos después sintió al muchacho estremecerse y ella también se vino, marcando de esa forma a su destinado, dejándole su aroma para que ningún otro alfa se acercara a él.
Se derrumbó encima del muchacho con su respiración agitada, era la primera vez que tenía sexo y se sentía maravillada porque era la sensación más fantástica del mundo. Por un momento se sintió muy tonta por negarse semejante placer, aunque por otro lado pensó que hacerlo con alguien más no sería igual de satisfactorio.
—Soy Simon —jadeó el chico que estaba debajo de ella.
—Izzy —respondió al mismo tiempo que se hincaba de nuevo y acomodaba su ropa.
—Creí que nunca llegarías —mencionó él con una pequeña risa jadeante cuando se sentó para encararla.
Ahora que lo veía con atención tenía una apariencia un poco “nerd”, aunque también era un chico muy apuesto y su sonrisa era hermosa.
—Hay mucha gente, así que me costó trabajo encontrarte —respondió con una sonrisa coqueta cuando vio esos ojos marrones dilatarse.
—Eres hermosa —dijo él con una voz maravillada.
Rio por lo bajo al darse cuenta de que era un muchacho muy tierno.
Izzy se le quedó viendo por un largo rato. No había pensado en las consecuencias que tendría marcar a un omega y todos los problemas que obtendría con sus padres porque ellos esperaban que ella y su hermano se casaran con alfas en algún momento.
— ¿Te parece si disfrutamos del concierto? —Propuso en un intento de dejar de pensar en lo que dirían sus padres— Ven, te presentaré a mis amigos.
Ambos se pusieron de pie. Esperó a que Simon se acomodara su ropa, lo tomó de la mano y se dispuso a entrar de nuevo entre el mar de gente. Aunque se vio interrumpida cuando él la jaló para darle un largo y dulce beso.
— ¿Te parece si los alcanzamos en un rato más? —Pidió él abrazándola por la cintura.
Un suave ronroneo se escapó de su garganta a la vez que asentía y lo besó de nuevo.
Siempre tuvo la sensación de que algo le faltaba y ahora sabía que era la presencia de ese muchacho en su vida. Supo que a partir de ese día jamás volvería a sentirse incompleta y no permitiría que nadie la alejara de su chico lindo, de su destinado.