La conversación con Izzy

1078 Palabras
Magnus se relajó en su silla al dejar su taza de café sobre la mesa en la cafetería. Se permitió disfrutar de este pequeño momento alejado del peligro que representaban los alfas, para su fortuna las cinco personas que estaban en la estancia eran todos betas. Ahora que empezaba a conocer a los trabajadores de la empresa Lightwood se dio cuenta de que la mayoría eran betas y unos cuantos eran alfas que ocupaban los puestos más altos. Una parte de él se sintió molesto al percatarse de que no había ningún omega, como siempre pasaba en las empresas de renombre. Después de todo, los Lightwood también eran parte de esos cretinos alfas que se sentían tan superiores que no contrataban omegas. — ¿Disfrutando de tu café? —Habló una divertida voz femenina. Magnus sacudió su cola con simpatía cuando vio a Izzy sentarse frente a él— ¿Te molesta si te acompaño? —Claro que no, querida —respondió colocando sus manos alrededor de la taza. —Nunca había visto a un descendiente de tu r**a —comentó la chica con un tono maravillado que causaba gracia, su mirada estaba fija en su ondulante cola—, ¿puedo? —Pidió acunando sus manos frente a ella. Magnus rio suavemente y extendió su cola a las manos curiosas de Izzy. —Increíble —comentó ella acariciando el pelaje atigrado de su cola—, es tan suave, se siente mejor de lo que se ve —sus ojos brillantes le hicieron reír de nuevo. —Bueno, al menos le parezco atractivo a un m*****o de la alta alcurnia de los Lightwood —respondió en tono juguetón cuando Izzy soltó su cola. —Créeme Magnus, le gustas demasiado a mi hermano —respondió ella entornando los ojos—, solo es cuestión de que se rinda ante el vínculo que ustedes tienen. — ¿Entonces lo sabes? —Jadeó confundido dirigiendo sus erguidas orejas en su dirección. — ¡Claro que sí! Lo supe desde que entraste en la sala de juntas, los síntomas son inconfundibles. Magnus se removió incómodo. Hablar de lo que sentía por su destinado como “síntomas” daba la impresión de que hablaba de ello como si fuera una enfermedad. —Eso quiere decir que tú… ¿tienes un destinado? —Se sentía muy curioso al recordar que Izzy no reaccionó en ningún momento como un alfa enloquecido por sus feromonas escandalosas. —Así es —contestó ella viéndose la mano derecha. Él mismo hizo de su mano un puño por el peso de su propio lazo—. Mi destinado se llama Simon, llevamos un año siendo compañeros. —O sea que… ¿Lo mordiste? ¿Cómo funciona eso? ¿Cómo se unen los destinados? Su pregunta tal vez sonaba un poco tonta, aunque tomando en cuenta que siempre se mantuvo lejos de los alfas en realidad no sabía nada del tema de destinados ni mordidas. —Bueno —respondió Izzy con una suave risa—, funciona distinto en cada pareja. Aunque la base es que, después de lo que ustedes sintieron, el alfa muerde a su omega y forman el vínculo que une sus vidas para siempre. La mirada brillante de ella era tan parecida a la de Alexander que le provocaba que su pulso se desbocara y su cuello hormigueara por sentir los colmillos de su destinado. — Y, ¿qué pasa si el vínculo nunca se forma?... Quiero decir… ¿Si el alfa nunca reclama a su omega como suyo? —Preguntó con un nudo en la garganta sospechando lo que respondería. La mirada de Izzy perdió su brillo tornándose en unos ojos comprensivos. —Si el vínculo tarda mucho tiempo en hacerse —susurró sin quitar esa dulce mirada sobre él—, pueden romper sus corazones, una herida que jamás sanará; aparte que, mientras ese tiempo pasa, tu celo será cada vez más doloroso —Magnus agachó la mirada a la taza de café que tenía la apariencia de haberse enfriado. Una cola esponjosa le hizo cosquillas en la mejilla. Izzy la había extendido para acariciarlo—. Pero no te preocupes por eso, mi hermano es testarudo, pero no es un idiota, no tardará mucho en rendirse ante el destino. Levantó la mirada al mismo tiempo que Izzy descansó su cola sobre la mesa, así que apoyó la propia sobre el pelaje azabache. Se sentía bastante suave, no pudo evitar imaginar cómo se sentiría la de Alexander. — ¿Y cómo sucedió? —Susurró sintiéndose indiscreto, nunca supo de algún caso cercano donde una mujer alfa tomaba a un omega hombre. Izzy lo miraba un poco confundida —. Me refiero a Simon y tú… ¿Cómo fue? Izzy le sonrió abiertamente. —Nos conocimos en un concierto de rock —comenzó ella con mucha emoción—, desde que entré al amplio espacio sentí el golpe en mi pecho y me dispuse a buscarlo sin prestar atención a la música —disminuyó el volumen de su voz mirándolo con lujuria—. Lo encontré jadeante y tirado en el piso completamente solo y a disposición —se relamió los labios y en ese momento sintió un calor peculiar salir de ella—. Lo giré sobre su estómago y lamí su cuello mientras le bajaba los pantalones para preparar su trasero. —De acuerdo, espera —la interrumpió al sentir que su propio calor se salía de control imaginando tan candente escena—. Demasiada información, lo demás lo puedo suponer. Izzy rio socarronamente mientras se abanicaba con su mano. — ¡Qué calor! Creo que tomaré un descanso de este asfixiante edificio —comentó ella levantándose—. Y no te preocupes por Alec, ya cederá ante tus salvajes encantos. Izzy pasó las garras extendidas sobre su cola. Se tensó un poco al reconocer que ella estaba en ese estado dominante y peligroso para los omegas, aun así, con un guiño juguetón se fue en dirección al estacionamiento. Magnus se relajó de nuevo agachando sus orejas y suspiró con un estremecimiento que recorría su piel. En realidad deseaba que Izzy tuviera razón y que Alexander aceptara el destino porque no estaba muy seguro de encontrar la solución para que su medicina funcionara tanto en omegas “normales” como en los omegas que tenían un destinado y que no tenían la oportunidad de cumplir con dicho destino.
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