Alec pisó el freno de golpe en cuanto cruzó el amplio portón de la mansión en la que vivía con su familia. Ni siquiera estacionó su automóvil en el lugar que le correspondía, solo se bajó a toda prisa para dirigirse a su habitación.
En cuanto entró a la estancia percibió el aroma de su familia, así que se echó a correr por las escaleras, no estaba de humor para enfrentar a nadie. Suficiente tenía con el asunto del alfa que intentó abusar de Magnus, lo cual, fue resuelto de forma rápida. Justificó que esa persona perdió el control en presencia de un omega, la víctima solo se vio obligada a defenderse, así que no necesitó de muchos papeleos para que se lo llevaran de urgencia a un hospital.
Cuando por fin llegó a su habitación azotó la puerta para cerrarla, haciendo vibrar el lugar. Se miró la mano con sorpresa, hace unos momentos se sentía terriblemente caliente provocándole una excitación que amenazaba con consumir la poca cordura que le quedaba, ahora la cuerda se sentía floja como si estuviera adormecida.
Aun así, todavía se sentía enojado, muy acalorado e impotente al no poder sacarse de la mente la mirada de Magnus, la forma en como movía su cola frente a él como si estuviera coqueteando, su voz suave y llena de intención.
Alec se arrancó la ropa y se quitó los zapatos para encaminarse al baño que tenía ahí mismo en su habitación. Se sentó en el retrete y tomó su m*****o para masturbarse con fuerza al mismo tiempo que pensaba en Magnus y la perfecta curva de las caderas enmarcadas por ese ceñido traje n***o. La forma en como caminó para acercarse a él y ese aroma enloquecedor. Ese punto en el cuello que sus colmillos deseaban encajarse para hacerlo suyo.
Pensó en muchas posiciones que deseaba experimentar para tomarlo y reclamarlo como su omega. Imaginó el sabor de esa piel bronceada y esa voz suave convirtiéndose en sonoros gemidos de placer mientras se retorcía bajo él.
Se vino en un ronco maullido, su abundante líquido se regaba por el piso. Los segundos pasaban y su esencia no paraba de salir, parecía que se vaciaría entero por ese poderoso orgasmo.
Cuando al fin dejó de expulsar líquido blanco se derrumbó en el retrete pensando en cómo iba a trabajar alrededor de Magnus si provocaba en él semejante deseo.
Un tímido golpeteo lo hizo dar un brinco, sus orejas se levantaron poniéndose alerta. Olfateó para saber quién estaba tras la puerta, pero el aroma de su propia esencia era tan fuerte que no distinguía ningún otro aroma.
—Hermano, necesitamos hablar —dijo Izzy con su comprensiva voz.
Alec echó para atrás sus orejas relajándose, tomó una bata de baño para colocársela encima y salió para enfrentar a su hermana.
—Alec… —se quejó Izzy al momento que se tapaba la nariz y cerraba la puerta del baño— tranquilo alfa, nadie viene a irrumpir en tu territorio.
—Izzy —Alec suspiró y enterró su cabeza en el cuello de su hermana, quien lo abrazó acariciando su espalda.
— ¿Es muy fuerte cierto? —Preguntó al soltarlo y obligándolo a encararla.
—Vamos, Izzy, son leyendas —comentó aferrado a no creer sus absurdos cuentos románticos.
—Hermano mayor —reprochó Izzy cruzándose de brazos—, te lo he dicho muchas veces, no son cuentos. Yo lo viví con Simon… lo sigo viviendo con Simon —se corrigió agachando la mirada a su mano que abría y cerraba continuamente.
Alec resopló y se sentó en su cama, su hermana hizo lo mismo a su lado.
—Es como si te dieran un golpe en el pecho —continuó Izzy con la mirada perdida— como si una cuerda apretara tu muñeca —suspiró con una sonrisa suave—. Y cuando por fin sellas el vínculo, sientes que todo tu mundo cobra forma, te sientes completo.
Izzy centró su mirada sobre él.
—Es un hombre, Izzy —dijo lacónicamente recargando su cabeza en el hombro de su hermana y con su cola esponjada la abrazaba por la cintura.
Izzy rio mientras acariciaba su cabeza, justo en medio de las grandes orejas negras.
—Yo siempre sospeché que tu destinado sería un hombre —confesó ella en un susurro.
—Pero la familia no lo aceptará —respondió sin preguntar el porqué de sus sospechas, eran tan unidos que no se sorprendió de que ella se diera cuenta de su inclinación por los hombres.
— ¿Y qué? —Preguntó su hermana con altivez— Alec hay algo que no estás entendiendo.
El tono preocupado de Izzy lo obligó a enderezarse para verla, sus orejas estaban levantadas de nuevo y su cola se deslizó a la cama.
— ¿A qué te refieres? —Quiso saber sintiéndose más confundido al ver a su hermana tan angustiada.
—Alec, si no marcas a tu destinado, ambos sufrirán —explicó ella tomando una de sus manos— el celo para Magnus será tan devastador que es probable que enferme. Por su linaje al ser tan puro podrá sobrevivir, aunque será una vida tortuosa a partir de ahora —la vio suspirar con pesar y agachar la mirada—. Si lo rechazas una y otra vez, el lazo invisible que los une se estirará provocando un dolor asfixiante, y si el lazo se rompe, también lo harán sus corazones y son heridas que jamás sanan, hermano. Vivirán una vida llena de amargura y tristeza.
—Izzy… son leyendas —insistía, aunque sus instintos le decían que todo sonaba muy lógico.
—Eres tan testarudo —silbó Izzy al mismo tiempo que azotó la cola en la cama como si fuera un látigo. Esta reacción molestó a su lado alfa, se obligó a respirar profundo para no perder la cordura, con temor a enloquecer como lo hizo con aquel alfa que atacó a Magnus—. Por favor, Alec, no lo pienses demasiado, déjate llevar por el destino.
La idea de que un estúpido destino lo controlara le molestaba demasiado, aunque tratándose de Magnus no era mala idea. Ignorando que ese sujeto fuera un omega, era bastante atractivo y una persona exitosa e inteligente.
—Bien, creo que es mejor que me vaya, es hora de preparar la cena —comentó juguetonamente su hermana besando su frente.
Alec de inmediato la tomó por la muñeca.
— ¿Te parece si pedimos unos rollos de atún? Yo invito —propuso con rapidez, no se arriesgaría a comer lo que estuviera dispuesta su hermana a preparar, además sabía que los rollos de atún eran sus favoritos.
— ¡Bien! —Respondió Izzy jalando su brazo para levantarlo.
Se dejó conducir por la mansión envuelto en su bata de baño e intentó no pensar en Magnus aprovechando que el lazo no se sentía pesado. Ya dejaría ese asunto para otro momento.