Los celos de Alec

926 Palabras
Al día siguiente, Alec, se despertó por una vibración que sentía en la garganta, se sorprendió al darse cuenta de que estaba ronroneando. No recordaba la última vez que lo había hecho, tal vez solo lo hizo cuando era un niño pues solo reaccionaba así cuando sentía un cariño desbordante. Algo que al estar en esa posición no tenía lógica. Se sorprendió todavía más al percatarse de que estaba en posición fetal aferrado a una de sus almohadas. Movió sin querer las caderas hacia el frente y sintió su erección mañanera rozar contra la suave tela. Azotó la cola sobre la cama al sentir que el lazo en su muñeca se calentaba de manera placentera. Se levantó de la cama directo a la ducha con la esperanza de que el agua fría le ayudara a calmarse; sin embargo, su m*****o parecía no tener alivio alguno, no ayudaba que su mano cosquilleara deseosa por tocar una piel, una piel bronceada para ser específico, recorrerla con lentitud para sentir los estremecimientos de ese cuerpo. Su mano se dirigió a su m*****o para masajearlo a toda prisa mientras imaginaba esa cola atigrada recorrerle el pecho. Deseaba morderla, recorrer su lengua por ese estilizado cuello que palpitaba con agitación y deseaba morder para reclamarlo por lo que él era, su alfa. Alec gimió cuando se vino con fuerza; igual que el día anterior, la descarga de su semen fue más abundante de lo normal y regó su fuerte aroma por todo el baño. Apoyó su frente contra el azulejo del baño con su respiración agitada, deseaba con toda su alma que esa necesidad no se presentara en horas de oficina. Sería muy vergonzoso que todo el edificio se diera cuenta del desorden en el que se había convertido, todo por un omega, todo por su destinado.     ***** Unas horas después, Alec, ya se encontraba en su oficina de pie y miraba con atención por los grandes ventanales hacia la calle principal de Nueva York, con su taza de café humeante en la mano. Estaba refunfuñando mientras azotaba su cola en el piso una y otra vez, el recuerdo de lo que dijo su hermana por la mañana lo frustraba aun más. “Una hora antes, bajó las escaleras de su casa vestido con un traje azul bastante elegante, sus lustrosos zapatos negros hacían juego con su corbata negra, al mismo tiempo hacían contraste con la camisa blanca impecable. Izzy que ya estaba abajo esperándolo, le guiñó un ojo con picardía. — ¿Qué? —Preguntó a la defensiva. —Sexy —dijo su hermana barriendo la mirada sobre él, algo que le incomodaba demasiado—. Magnus lo agradecerá. Dicho esto, ella salió de la casa con prisa. Alec quería responder y defenderse, pero lo único que pudo hacer su cara fue sonrojarse a tal punto que las orejas le dolían. Tardó un poco en que su cuerpo volviera a funcionar y cuando salió para enfrentar a su hermana, ella ya se había ido en su coche”. Decidió dejar el asunto cuando se encerró en su oficina, tenía algo más importante qué resolver. Magnus estaba por llegar, lo podía sentir. —Estúpido lazo —gruñó en voz baja al darse cuenta de que estaba aceptando la tonta leyenda del destino. Así que decidió relacionarlo a la lógica, ya era hora de que Magnus llegara para empezar a trabajar. No era cómo si pudiera sentir que estaba a punto de llegar. Se concentró en que debía tomar una decisión, todavía estaba el asunto del celo de Magnus, no estaba muy seguro de cómo podría mantener a los alfas de su edificio en control si el aroma dulce recorría la estancia. Se planteó encerrarlo en un cubículo sellado para que ningún alfa se acercara. —No es por los alfas —gruñó apretando la taza y corrigiendo la idea de encerrarlo. Eso era solo para que trabajara sin interrupciones. El lazo en su muñeca se aflojó un poco cuando un coche se estacionó frente al edificio del otro lado de la acera. Una persona de pelaje rojo bajó del lugar del conductor y trotó para abrir la puerta del copiloto. El corazón de Alec se aceleró al ver a Magnus descender, tomando la mano que ofreció el otro sujeto para él. Por un rato vio que ambos platicaban de manera apacible, aunque al ver a Magnus agachar las orejas lo hizo sisear. El otro hombre sacudía su dedo índice frente a un agachado Magnus, parecía que lo estaba regañando por algún motivo. Vio al hombre sacar algo de su abrigo y Magnus lo tomó para guardarlo en el suyo. Alec apretó la taza cuando vio que ambos agitaron sus colas y las entrelazaron mientras se veían con intensidad. Un sentimiento de furia ardió en su sistema, al mismo tiempo que el lazo en su muñeca se apretaba violentamente provocando que rompiera la taza en sus manos y así el líquido oscuro se regó por la alfombra. Vio a Magnus brincar erizado y desenredar su cola de aquel hombre. También agitaba la mano con fuerza mientras el otro tipo volteaba hacia los ventanales del edificio. Alec bufó y se sentó detrás de su escritorio, su cola esponjosa azotaba la alfombra. Por lo visto el incidente con el alfa del día anterior no fue tan importante como para afectar a Magnus, ahora entendía cómo logró controlar su celo, alguien más lo ayudó. Solo quedaba averiguar si se trataba de un alfa que al final lo marcó para intervenir en su inevitable destino.
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