perspectiva de Gaddiel La victoria tiene un sabor metálico, un regusto a hierro y gloria que se asienta en mi paladar mientras la pantalla del ordenador ilumina la penumbra de mi estudio. Mis ojos recorren los informes, las fotografías granuladas de cámaras de seguridad y los registros de llamadas que mis contactos han obtenido en tiempo récord. —Vaya, Miguel... el "santo" protector tiene pies de barro —susurré para mí mismo, dejando escapar una carcajada seca que rebotó en las paredes tapizadas de cuero. Había investigado cada rincón de su vida mediocre. Esperaba encontrar deudas, quizás algún vicio oculto o una mancha en su expediente laboral. Pero esto era mucho mejor. Era el arma nuclear que necesitaba para reducir a cenizas su fachada de familia perfecta. Miguel, el hombre que me

