Algunos días pasaron y todo iba de maravilla, entre Karla y yo, acordamos que después de la boda de Sara y Ernesto, nos ocuparíamos en la mudanza a la hacienda, estaba entusiasmada con las cosas que haría en la hacienda, haría algunos pequeños cambios en la decoración para sentirse más cómoda pero no demasiados, eso fue lo que ella dijo. Por mi parte me sentía muy feliz de que al fin cumpliría uno de mis sueños de la infancia que era vivir en la hacienda, era un lugar muy especial para mí y lo atesoraba con empeño, me sentía muy agradecido con Karla por haber tomado esa decisión, al principio pensé que sólo lo hacía para tenerme contento, pero conforme me iba enseñando fotografías de decoración supe que ella también le animaba la idea de vivir ahí. A veces me sorprendía divag

