El trabajo estaba siendo agotador. Llevaba más de una semana sin ir a casa y sin ver a mis hijas y esposa.
—Señor, tiene otra llamada de la señora White.
—Dile que la llamaré luego.
—Sí señor.
Continúo trabajando en los documentos que tenía en la mano sin mirar a mi asistente. Ella se retira para hacer su trabajo y dejarme hacer el mío. Una hora más tarde, mi asistente entra una vez más a mi oficina.
—Señor, la señora White…
—Dije que la llamaría luego. Estoy muy ocupado. Retírate.
—Sí.
Las horas siguieron pasando. En cuanto comencé a sentir ardor en los ojos me detuve. Dejé los documentos a un lado y me puse de pie para acostarme en el sofá un rato para calmar el dolor. Lo primero que veo cuando abrí los ojos fue a Zoe de pie frente al ventanal. Se veía hermosa en aquel vestido azul con su cabello teñido de rubio cenizo.
—¿Cuándo te cambiaste el color de tu cabello?
—No vienes a casa desde hace días y lo primero que me preguntas es por mi cabello.
Me siento e inclino un poco mi cuerpo hacia adelante, revuelvo mi cabello y resoplo.
—Tus hijas han estado preguntando por ti.
—Iré a casa mañana cuando termine el trabajo.
—Haz lo que quieras.
Observo como se aleja y eso me enfurece.
—¿Ahora por qué estás enojada?
Alcanzo a preguntarle lo que ha surgido en mi mente antes de que se fuera. Zoe se queda mirando la puerta dándome la espalda.
—Te estuve llamando varias veces, pero tu asistente no dejaba de decir que llamarías en cuanto te desocuparás y no lo hiciste. Rompiste tu promesa… otra vez.
—¿Cuál…?
No me da la oportunidad de preguntarle sobre cuál era la promesa que había roto ahora. Pienso sobre qué había prometido ahora último, pero no consigo recordar. No estaba de humor para ir tras ella, aún tenía mucho trabajo pendiente por hacer para poder irme a casa.
Tomo una ducha en el baño que tenía en mi oficina, me cambio de traje y continúo el trabajo. Al final del día termino con todo.
—Hola.
—¿Qué haces aquí, Kevin?
—Lo mismo me pregunto.
—Estaba trabajando, ¿no es obvio?
Guardo unos documentos en mi escritorio bajo llave. Tomo mis cosas para irme a casa, pero oír las siguientes palabras de Kevin hace que me quede helado.
—Entonces… ¿Dejaste sola a tu esposa en su cumpleaños?
—¿Qué dijiste?
—Tu esposa estaba de cumpleaños ayer. Te estuvimos esperando hasta tarde en el restaurante. Las niñas faltaron a clases para pasar el día en familia. Estuvimos hasta tarde y no llegaste. ¿Qué fue lo te impidió para que no asistieras? Siempre asistes a los cumpleaños de tus mujeres, ¿por qué faltaste? Yo pensé que al final irían a Paris de vacaciones.
Ahora entendía por qué Zoe dijo que no había cumplido con mi promesa. En su cumpleaños anterior, había prometido que las llevaría a las cuatro para celebrar en Paris y les he fallado, de nuevo…
—¿Sabes lo que se te viene ahora?
—Más discusiones.
—Así es. ¿Qué harás?
—No tengo idea. Debo ir a casa.
—Lo mejor es que delegues tu trabajo para que cumplas con tus promesas. He notado que le fallas muy seguido a Zoe.
—No eres el más apto para recriminar mis errores. Tú eres quien más falla.
Estaba furioso. No solo por el hecho de que otra vez he fallado, sino por el hecho de que mi amigo estaba siendo muy entrometido.
—Me voy.
—Buena suerte.
—Cállate.
Conduzco rápido hasta llegar a casa, pero antes de bajarme del auto reviso mi teléfono. Busco los vuelos más pronto para Paris y los compro de inmediato. Trato de pensar en una excusa para evitar tener más discusiones con Zoe frente a las niñas. Bajo del auto y entro en la casa. Todo estaba en silencio. No se escuchaba ni un solo ruido, por ello decido buscarlas por toda la casa, pero no estaban. Tomé mi teléfono y marqué al número de Zoe, pero no responde.
Sigo insistiendo, pero no me responde ninguna de las llamadas, así que le dejo un mensaje de voz.
—Zoe, cariño… soy yo, por favor responde mis llamadas. Dime dónde están e iré por ustedes, no importa dónde estén, iré. Zoe... lo siento, fui un imbécil. Siempre lo soy, perdóname… compré los vuelos para Paris, salen en cinco horas… prepararé las maletas de las niñas y la nuestra, iré por ustedes. Llámame en cuanto escuches este mensaje.
Espero a que pasen veinte minutos para volver a marcar a su número, pero no responde. Sigo intentando y no consigo que me responda. Estaba por volverme loco al no tener una respuesta de su parte.
—Kevin.
—Estoy en una cita. Espero que sea importante.
—¿Sabes algo de Zoe?
—No. ¿Por qué?
—No está.
—¿A qué te refieres?
—No está. No responde a mis llamadas. ¡No está!
—Voy para allá.
Cuelga la llamada. Comienzo a caminar de un lado a otro preocupado. Mis hijas y mi esposa estaban desaparecidas. No estaban y no tenía ni idea de dónde podían estar.
Unos minutos después, Kevin estaba tocando la puerta. Le abro y le doy espacio para que pueda pasar. Regreso a la sala y vuelvo a caminar de un lado a otro.
—¿Alguna idea de a dónde pudo ir?
—No.
—¿Cuándo fue la última vez que la viste?
—Fue a la oficina por la mañana. Digamos que tuvimos una discusión y se fue.
—¿Crees que esté con alguna amiga?
—No tengo idea.
—¿Llamaste a la fundación?
—No.
Hago la llamada, pero me informan que Zoe no ha ido a la fundación desde el día antes de su cumpleaños.
—No está. No han ido allí.
—Intentaré llamarla desde mi teléfono. Quizás a ti no te quiera responder, estaba muy furiosa contigo.
Decido no responderle y me aguanto las ganas de golpearlo en la cara por recordarme lo imbécil que fui. Intenta llamarla tres veces, pero no responde.
—Llamaré a la policía.
—¡Espera!
Ya estaba por llamar a la policía cuando Kevin grita para que me detenga y me enseña su teléfono. Era un mensaje de Zoe.
«Dile a Jason que deje de llamar, las niñas y yo estamos a salvo. Volveremos a casa en una semana. Adiós».
—Parece que ellas están bien. Zoe debe de estar realmente muy enojada contigo para haberse ido de esa manera. Nunca lo había hecho.
—Ya lo sé.
—Bien. Entonces me iré. Ya sabemos que ellas están bien, así que regresaré con mi cita.
—Gracias.
—Avísame si necesitas algo. Te estaré informando si Zoe se contacta conmigo.
En cuanto me quedo solo otra vez, decido enviarle un mensaje.
«Por favor, perdóname. Regresa a casa y hablemos, por favor... vuelve a casa»