Vuelve

1221 Palabras
Zoe había dicho en aquel mensaje que volverían en una semana, pero ya ha pasado dos semanas. No ha querido hablar conmigo y por ello ha enviado mensajes por medio de Kevin para que supiera que ella y las niñas estaban bien. He tratado de ser paciente, pero su ausencia hace que me esté molesto todo el tiempo. «Vuelve» —Señor… —¿Qué? —Le decía que… —Dejaremos la reunión hasta aquí. Todos pueden irse. Me voy antes de que continúen hablando. No he tenido interés en el trabajo desde que Zoe se ha ido con las niñas. En cada una de las reuniones a las que he asistido, las he ignorado. No consigo concentrarme. «Vuelve» Tres semanas después de que estuve como loco tratando de ubicarla, Zoe regresa a casa con las niñas. Cuando volví a casa del trabajo temprano, las vi en la cocina. Zoe estaba cocinando para ellas. —¡Papá! Abrazo a mis tres hijas con fuerza y beso sus cabezas. Cada una de ellas no deja de gritar para llamar mi atención. —¡Papá! ¡Papá! ¿Nos extrañaste? —Las extrañé mucho. —Hicimos muchas cosas. Mía habla sin parar sobre todo lo que hicieron… en Paris. Comienzo a enfurecerme cuando me entero de que estuvieron en Paris sin mí. Zoe no dice ni una sola palabra, se queda callada todo el tiempo y no se detiene en preparar la comida para las niñas. —Niñas vayan a lavar sus manos. Mía ayuda a Lisa y a Nelly, por favor. —Si mamá. Mía lleva a sus hermanas de la mano al baño más próximo. Zoe sirve la comida en silencio y la pone en la mesa ignorándome todo el tiempo. No me dice una sola palabra y tampoco me da una mirada. Nada. Lo único que obtengo de ella es indiferencia. Las niñas vuelven pronto y las ayudo a tomar asiento. Lisa, que es la más pequeña, la dejo sobre mis piernas. Decido esperar mi discusión con Zoe para después y escuchar todo lo que las niñas me quieren contar. Tras terminar la comida, juego con las niñas un rato y después las llevo a la cama. Zoe no me deja acercarme a ella. Espero a que termine de ducharse para hablar con ella y mientras tanto me bebo una copa de whisky. —Paris… Susurro apenas ella sale del baño. Zoe me mira por unos segundos, pero no menciona nada. Se sienta frente a su tocador y la observo aplicarse sus productos de belleza. —Fuiste a Paris y no me avisaste. No respondiste a mis llamadas, ni mis mensajes. Cuando llegué a casa creí que les había pasado algo y me preocupé, pero estabas en Paris y te quedaste tres semanas con las niñas. ¿Por qué no me dijiste que irías a Paris? Zoe deja de hacer lo que estaba haciendo y me mira por unos segundos, luego se levanta y se acerca unos pasos para responderme. —Te llamé muchas veces y no respondiste. —Eso ya lo sé. Aun así… —Tú rompiste tu promesa, yo no la iba a romper. Las niñas eran las que más estaban emocionadas con este viaje, intenté muchas veces decirte que había preparado todo para este viaje. Te llamé a tu teléfono y no respondiste. Te llamé a la oficina y no respondiste. Yo no iba a defraudar a nuestras hijas como lo hiciste tú… Mía y Nelly no dejaban de preguntar por ti. Preguntaban una y otra vez porque su padre no llegaba para comer torta e irnos de viaje como le prometiste a las niñas. No pude hablar, porque me había dejado sin palabras. Ella tenía razón, yo las había defraudado, pero no debió irse de esa manera. —Por lo menos me hubieras informado donde estarías. —Se lo dije a tu secretaria. No es mi maldito problema que ella no te dé toda la información. Frunzo el ceño al oír lo que dice. Mi secretaria en ningún momento me informó que Zoe había dado esa información. Nunca lo hizo y la voy a despedir por eso. Zoe se retira de nuestra habitación y me deja solo. No podía dejar las cosas así y es por eso la perseguí. —No importa que mi secretaria no me lo haya informado, debiste ir a la oficina y decírmelo en persona. Debiste responder a mis llamadas y a mis mensajes. No ignorarme en ningún momento. ¡Debiste decirme! Al final terminé gritando por lo furioso que estaba. Ella debió decirme, no ignorarme. No debió hacer lo que hizo. —Yo te busqué, te llamé y te esperé en el aeropuerto para que vinieras con nosotras, pero tú no apareciste. Tú nos ignoraste por tu maldito trabajo. Te encerraste por días en la oficina y te olvidaste de que tenías familia. ¡Te olvidaste de mi cumpleaños! ¡Olvidaste tu promesa de nuevo! No la sigo y dejo que se vaya. Zoe se encierra en una habitación para invitados y yo regreso a nuestra habitación. Bebo durante toda la noche hasta perder la conciencia. Al día siguiente, no voy al trabajo durante toda la mañana por la resaca. Después de almorzar, me dirijo a la empresa sin despedirme de mi esposa. Las niñas no se encontraban en la casa, solo estábamos nosotros dos, pero no nos hablábamos. Al llegar al trabajo, lo primero que hice fue llamar a mi asistente a mi oficina. Tomé asiento frente a mi escritorio y esperé a que ella entrará. —Estás despedida. —¿Cómo? —He dicho que estás despedida. Recoge tus cosas y vete. —Pero señor… —Ve con recursos humanos para que te den tu pago y vete. No te quiero ver nunca más. Largo. Mi ex asistente sale indignada de mi oficina. Ordeno que busquen una nueva asistente para que comience de inmediato. Decido no ir a casa para evitar discutir de nuevo con Zoe. Ya estaba aburrido de las discusiones y por lo visto no iban a parar. Me encontraba cenando solo en un lujoso restaurante hasta que llegó Kevin. —¿Resolviste tus problemas con Zoe? —No. —¿Ahora por qué pelearon? —Mi asistente no me informó que Zoe había dejado la razón de que se iría con las niñas y que me estarían esperando en el aeropuerto, así que la he despedido. Cambio el tema para no tener que responder tan rápido a su pregunta. —¿Y la despediste por eso? —Sí. —Entonces… ¿Responderás a mi pregunta? Sabía que no dejaría de preguntarme por ella. Kevin podía ser muy insistente cuando quería. —Discutimos por su escape a Paris. —¿Escape? —Sí. —Dijiste que tu asistente fue quien no te informó sobre el viaje, así que no creo que se considere como un escape. Dijiste que ella te esperó en el aeropuerto y por lo que veo tú fuiste quien no fue al aeropuerto. Quería matarlo. Realmente quería matarlo. —Supongo que tienes razón. —Ya lo sabía. —Maldito imbécil. —Deja de discutir con Zoe todo el tiempo o te pasará factura. ¿Por qué no te tomas unos días del trabajo y se lo dedicas a tu familia? —Ya lo había pensado.
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