CAPÍTULO FINAL

1769 Palabras
Fleur Lambert Muchos dicen que el dolor nos hace más fuertes, pero, ¿Es necesario? Siento que tal vez podamos evitar un poco de ese dolor, aunque también es inevitable que no suframos de una u otra manera. Estoy a casi nada de marcharme, dejar lo que viví aquí, las alegrías y tristezas como si simplemente fuera una caja en una esquina guardando para más tarde rememorar. Detesto el hecho de encontrar a esas personas que te llenan de alegría lejos de tu casa ¿Quien espera por mí allí? Es un rincón de la ciudad, una casa oscura, cuartos vacíos, solo inunda la oscuridad. —Te extrañaré tanto mi niña — Sandra me miraba con ojos de amor y un deje de tristeza podían notarse, pobre ella perdió a su mejor amiga, solo le quedó yo como recuerdo de mi madre. —Yo también la extrañaré muchísimo, creo que no se lo mencioné mucho, pero estoy muy agradecida por haberme recibido. —No es nada cariño, ustedes me recibieron incontables veces. —Deje que termine —respire profundo —el mundo es difícil en soledad, creo que usted lo sabe. Perder a mi madre ha sido el golpe más duro que me ha podido dar la vida, no hubo vuelta atrás, no hubo un “sí hubiera” por qué no tuvo la oportunidad simplemente ocurrió en minutos, y esos minutos me dejaron con un vacío en mi corazón. —Sé a la perfección lo que sientes, esa noche cuando me llamaste y me diste la noticia, tu llanto y el mío me consumieron, quería pensar que era mentira que mi mejor amiga había muerto, pero solo oía tu llanto y no quedó más que aceptar lo que dijiste. La extraño tanto, cada mañana recibía un mensaje de su parte preguntando mi salud y de mis hijos, ahora sí número ha quedado allí para que nunca se me olvide el sonido de su voz. Ella era como una hermana para mí. —Lo mismo decía ella, la consideraba como su hermana, usted fue la única que estuvo con ella desde que se conocieron hasta el fin de sus días, sé que la amaba mucho de eso no tengo dudas. —Eres igual que ella, amable, dedicada y siempre cerca de sus queridos. Hubo muchas veces en las que decía que tú te parecidas a tu padre, aunque no niego tienes una parte de él que lo lleva, pero, yo siempre le decía que se equivocaba y que un día se daría cuenta, la verdad creo que lo hizo, pero no creo que haya admitido delante de mí eso. —Mi madre era todo un caso, nunca vi a alguien tan llena de vida como ella, nunca parecía alguien que se quejara de la vida, siempre me daba palabras de aliento. —Así era ella. Creo que hasta el último día fue de esa manera. —La verdad me alegra mucho haber podido sentirme como parte de su familia, todos me recibieron muy bien y pude encontrar luz en el túnel que me arrastraba cada día más a la profundidad, sin ustedes creo que seguiría igual que antes. —Siempre hemos sido familia, y claramente no podíamos dejarte sola en todo el caos que traías en tu cabeza — tomó mi mano y solo pude sonreír. Simplemente me sentía feliz de haber conocido mejor a todos aquí, pasar unas pequeñas vacaciones me han sentado bien, me ha servido para recargar todo lo que venga más adelante. Seguía mirando mi maleta con las pocas cosas que tenía, un deje de tristeza me empieza a doler en el pecho; es tan horrible tener que dejar todo lo que logré conseguir aquí es como si estuviese dejando una mitad de mí aquí sin derecho a ser una. Cerré aquella maleta con la esperanza de poder continuar con la contagiosa alegría en la que me encontré, poder volver a ser la misma chica brillante que cuando mi madre estaba a mi lado, solo quiero ser feliz como aquí, aunque esté al otro extremo de este mundo. Solo quiero cumplir con la promesa que me hice a mí misma junto a mi madre, solo quiero poder ser una gran mujer. —¿Puedo pasar? —Mi gran amiga se encontraba en la puerta y podía ver un poco sus ojos cristalizados. —Si, claro. ¿No te ibas a encontrar con Gabriel? —Le dije que mejor otro día, estuve dando mucha vuelta y no parece correcto salir cuando justo hoy te irás. —Es increíble como pasó el tiempo tan rápido, sinceramente me hubiese gustado un poco más de tiempo, pero ya debo irme a las clases. —Si, es lo mejor. Fleur desde que llegaste no fui una buena anfitriona creo que te deje mucho tiempo sola. —No te molestes, creo que si me hubiese mantenido junto a ti no hubiese podido conocer mejor a Sebastián y llegar a tener lo que justo ahora. —Bueno en eso tienes razón —contestó con una risita. —Por cierto ¿Sabes dónde está? —Ahora que lo mencionas no lo he visto. —¿Qué andará haciendo ese tontín? — reí al terminar de hablar. —No sé. Creo que escuché que llevaría a Camila al cementerio para visitar a Elías, ya sabes que lo visitan una vez por semana, la pobre no ha podido superar todo eso y es que ha sido muy difícil para ella. —Si lo ha sido para Sebastián imagina ella que es solo una niña, el otro día que hablamos pudo confesarse que se sentía culpable por la muerte de su hermano; cuando tuve tiempo le conté a Sebas me imagino que trata de ayudar a que se sienta mejor. —Han sido semanas muy difíciles para ellos. —En fin, te vienes a despedir o irás conmigo al aeropuerto. —Supongo que Sebas te acompañará ¿Cierto? —Me ha dicho que si ayer, pero aún no está aquí. —¿A qué hora sale tu vuelo? —A las 6 de la tarde. Él me dijo que debíamos salir temprano para no encontrar tráfico. Y tus papás también me dijeron que era lo mejor, al parecer también irán con nosotros. —Bueno, aún hay un poco de tiempo son las 3 así que están bien de tiempo. —Te extrañaré tanto. —Yo mucho más. Pudimos por lo menos hacer cosas juntas y se sintió bien tener a mi hermana junto a mí y no a través de una pantalla. —Es muy diferente ¿Cierto? —Reí un poco por qué de verdad me sentía feliz. —Si, mucho más divertido. —Ni hablar que pude conocer a tu novio por fin, me tenías harta con que tenía que conocerlo cada que hablábamos. —Es muy cierto, pero no olvides que puedes contar conmigo para lo que necesites, y no dudes que vigilaré a mi hermano, cualquier cosa y te lo contaré. —Ya hablamos de eso, él está muy grande como para tenerlo vigilado. —Si, ya entendí. —Se acercó y me dio un abrazo —No vayas a llorar, que me harás correr el maquillaje. —Tranquila no lloraré. Salí de la habitación y pude ver qué llegaba Sebastián, miré como se le veía esa camisa negra combinada con sus pantalones negros era todo un éxtasis de lujuria simplemente sentía un calor recorrer por todo mi cuerpo, ese hombre me hacía sentir tantas cosas con solo verlo que me llenaba el corazón de esperanza. Ese hombre se había convertido en el girasol más brillante de mi vida, su propia luz me iluminaba todo el camino, ya no caminaba en medio de la oscuridad. Él tiempo pasó y simplemente ya no hubo marcha atrás, íbamos en la parte de atrás del auto, Sebas me tomaba de la mano y pude ver un poco de tristeza en su rostro. El pobre no se siente bien aún, pero también debe aprender a no ser dependiente. No quiero ser mala pero emocionalmente no puede estar al pie de las personas de su alrededor; yo puedo apoyarlo, pero tampoco puedo ser yo su manera de seguir adelante así que estoy segura que le servirá este tiempo para volver a encontrarse así mismo. Caminamos desde el estacionamiento y seguía notando una mirada perdida y sus ojos tan tristes, seguíamos tomados de la mano hasta que ya llegamos a ese punto: la despedida. —Hay mi niña —comenzó Sara — te extrañaré tanto, aunque seguramente te ire a visitar tantas veces que te cansarás, además que te agradezco tanto por lo que hiciste al venir aquí —dijo mirando a Sebas. —No olvides que eres de la familia, y que puedes contar con nosotros siempre. —Llámanos todos los días, no olvides cuidarte y alimentarte bien. —Los extrañaré tanto, y no se preocupen ahora sí me cuidaré mejor. —Eso espero —sentenció aquella mujer apuntando con su dedo índice. —En fin, nosotros no tenemos mucho que hablar, así que los dejaremos para que se puedan despedir. —El señor Rafael siempre tan amable. —Te esperamos en el auto —dijo su madre. Y ahora solo estábamos los dos, solos con una tristeza que si pudieran tocarla a nuestros alrededores lo harían sin ningún problema. —No olvides que te amo mucho, que te extrañaré cada día y tal vez parezca exagerado, pero te llevas una parte de mí, mi corazón está triste por tu partida mi hermosa y querida francesa. Llegaste a robarte mi corazón. —Cariño, no estés triste. Tú sabes que te amo, que has cambiado una parte de mí; sé que es difícil verme partir pero era algo inevitable y tú lo sabías desde el inicio, claramente no te podría mentir diciendo que me quedaría, habría fallado desde el día uno. —No quiero tomar esto como una despedida, sé que nos veremos. Pronto iré a visitarte y me enseñarás todas esas calles por las que creciste, estaremos juntos y nadie va a separarnos, sería capaz de hacer hasta lo imposible por estar a tu lado. —Y por eso amo todo de ti. —Y yo amo todo de ti mi Fleur. —Yo estaré siempre contigo cariño, cada día hablaremos para contar nuestro día, tendremos citas y nos veremos cada que alguno de los dos pueda viajar. —De eso no tengas dudas. —De ninguna manera, mi amor. —Te amaré desde aquí. —Mi sebas, yo te amaré desde el otro lado del mundo.
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