Fleur Lambert
La agonía en nuestros corazones al no saber lo que nos separa no llena de intriga al querer sobrepasar todo lo que creemos pueda llegar a ser un peligro. Mi corazón siente a viva voz que debe estar construyendo una capa de protección, la distancia nos puede llegar a causar un daño irremediable, no creo poder defenderme sin una protección menor que la muralla construida por mí misma.
Salgo por fin de la habitación y simplemente veo ese porte de hombre que siempre me vuelve las hormonas un completo lío, veo al chico que hace mi corazón palpitar como una carrera a todo galope, él que con solo una mirada derrite cada fibra de mi ser, simplemente lo amo y no me quiero separar de él, quiero estar a su lado.
—Ya estoy lista —Sebastián soltó el teléfono y su mirada fue completamente mía en ese instante, no había nadie más a nuestro alrededor, solo éramos él y yo.
—Amor, estás preciosa. Sin duda he ganado la lotería contigo, eres todo mi mundo.
—Y… ¿Adónde vamos? —pregunte con curiosidad y sobre todo con muchos nervios por la ocasión sorpresa.
—A ser felices. Solo tú y yo, cómo todos unos locos enamorados.
—Así se habla carajo, ese es mi hijo. —Su madre sonríe con tanta felicidad que me contagia tanto que ya quiero salir.
Un largo trayecto en la moto, con mis brazos rodeando su cintura y armando cada parte rota de mí, construyendo un túnel de luz y amor gracia a él, ya no sé qué más sentir o qué más decir. No sé si podremos sobrevivir a la distancia, pero estoy segura que intentaremos darlo todo de nosotros para que así sea.
¿Por qué la naturaleza de nosotros los humanos es siempre pensar lo peor? Sé que podemos pensar de manera positiva, que siempre habrá un arcoíris después de una gran tormenta, pero, porque cuando nos llega el turno de sentir, aferrarnos a algo que amamos nos hace pensar que tarde que temprano terminará, siempre pensamos en ese final, ese punto que acaba con la historia que tú tanto quieres continuar ¿Podemos tener un final feliz? No estoy segura, la verdad no hay nada seguro entre cielo y tierra. Lo único que podemos hacer sin pensar en nada más que eso es vivir cada minuto de vida como si fuese el último, disfruta de lo que el mundo te está dando y agradece también por ello, no todos la estamos pasando bien, y es ahí donde pienso en Elías y todo lo que quería hacer para escapar del infierno en el que vivía y al final ese infierno lo alcanzó y lo enterró para siempre en una tumba bajo la tierra sin poder cumplir el propósito que tenía siempre en su cabeza, cuidar y proteger a su hermana Camilla.
—Cariño, ya llegamos. —Escucho a Sebastián decir mientras estaciona al frente de una pequeña cabaña.
—Que hermoso, mira esa vista. —Señalé hacía la playa.
—Cierto, y tú la haces más hermosa.
—Necesito que vayamos a la playa.
—Primero entremos y así puedes cambiarte.
—Espera, pero yo no traje nada, no me dijiste que veníamos aquí.
—No te preocupes, todo está organizado.
—¿A qué te refieres?
—Si no entras no podrás saber.
Camine hasta la puerta de la cabaña moviendo con ansiedad mis pies esperando a que Sebastián abra la puerta y pueda yo pasar, pero cuando le quita el seguro a la puerta me pide que cierre los ojos, no había otra forma de ponerme más nerviosa que está.
—Te ayudaré a entrar y cuando te diga que abras los ojos lo harás ¿Vale? —asentí sin siquiera poder articular una palabra, sentía mi garganta seca, no encontraba la voz y solo pude dar unos pasos hasta que él me detuvo.
—Estoy nerviosa.
—No lo estés —me dio un corto beso en los labios. —Abre los ojos mi querida francesa.
Cuando abrí los ojos solo pude ver la cantidad de velas que había, los pétalos rojos y blancos esparcidos por el piso, todos los globos que colgaban del techo, esto era como un cuento, una historia en su mejor punto, esto era tanto y si me lo merecía, pero no sabía cómo reaccionar o qué decir, me encontraba en un silencio hasta que sentí que una lágrima empezaba a correr por mi mejilla.
—¿Cuándo hiciste todo esto? —pregunte con el pequeño hilo de voz que pude soltar, me sentía como si estuviese tocando el cielo rojo de allá afuera.
—Tuve un poco de ayuda —miró hacia la puerta y ahí estaba Laura con Gabriel para solo decir adiós e irse.
—Por qué no me sorprende que Laura haya participado en esto.
—Tal vez porque ella es así, ayuda en lo que pueda.
—Eso es cierto.
Me acerco a él para tratar de ir junto a él mientras trata de mostrarme la cabaña, es sencilla, pero por el simple hecho de estar en frente de la playa con disponibilidad de ver el amanecer y el atardecer juntos no es nada que no pueda amar, además que este detalle sin duda me hace creer en lo que tenemos, en nosotros.
—Fleur… —se queda callado unos segundos supongo que tratando de pensar en las palabras que decir, me mira y solo me acerco más a él para aliviar los nervios que no le permiten decir lo que tiene atrapado.
—Te escucho amor, no estés nervioso y sé tú mismo, no trates de buscar palabras elegantes solo dilo y yo te escucharé.
—Quiero que sepas que, aunque estuve lejos de ti por todo ese dolor causado tras la muerte de Elías, quiero que sepas que, aunque tú me diste el espacio para que pudiese superar todo esto, me di cuenta que si no hubiesen sido por esas palabras que me dijiste me hubiera quedado estancado ahí en ese punto del tiempo.
—No tienes por qué agradecerme.
—Tal vez no tenga por qué hacerlo, pero aun así quiero hacerlo. Tan solo tenemos este fin de semana juntos, partirás con tus maletas a tu país, a tu casa y sé qué debemos aprovechar más los últimos días y por mí no pudimos hacerlo. Puede que a ti no te moleste, pero se a la perfección que a mí sí porque quería estar a tu lado cada segundo mientras estuvieras aquí.
—No tienes por qué seguir torturando tu vida por eso, yo pasé por todo lo que acabas de pasar y sabía que necesitabas ese tiempo y espacio para ti y tu duelo.
—El punto que quiero decir es que no quiero que sientas miedo, porque si lo he notado en tus ojos, tienes miedo que la distancia acabe con este amor que nos tenemos, pero solo quiero que sepas que mi corazón, mi cuerpo y mi alma te pertenecen, yo soy tuyo y por eso no debes sentir miedo a perderme por qué eso no sucederá.
Lo único que pude hacer fue lanzarme a sus brazos, besarlo con pasión mientras enredaba mis dedos en su cabello, sentí como sus brazos rodeaban mi cintura apretando sus dedos cuando intentaba profundizar nuestro beso, pasó de un beso lindo y romántico a una explosión de deseo y lujuria que nos comenzaba a quemar cada parte de nuestros cuerpos.
—Je t'aime tellement. —Este hombre no sabe cuánto soy capaz de amarlo, se volvería loco por querer calcularlo.
—Yo te amo muchísimo más. —Sentí como cargo con mi cuerpo mientras caminaba conmigo hasta la habitación, sus manos apretaban mis nalgas con fuerza y eso simplemente me excitaba cada vez más, mi respiración se comenzaba a descontrolar, sentía que comenzaba a perder el control y que solo necesitaba sentir que recorría cada parte de mi piel.
—Nunca me canso de besarte, cada que te tengo en mis brazos siento la necesidad de besar cada parte de ti como si nunca lo hubiese hecho antes, amar cada centímetro de ti es mi vicio cada día.
—No me hables de eso justo cuando estoy pensando que quiero que me comiences a tocar y desvestir cada parte del cuerpo.
—No te preocupes cariño, que quedarás completamente desnuda ante mí, y te haré mía todas las veces que quieras si así lo prefieres.
—Eres tan obediente que haces que me excité aún más. Simplemente deseo que me hagas tuya, que beses cada parte de mí, que tomes mis pechos en tu boca, solo haz lo que quieras conmigo, pero hazlo ya mismo.
Sentí como acariciaba mi cuerpo por encima de la ropa mientras sus labios jugaban con los míos en un frenesí que estaba a punto de dejarme sin aire pero que por más que así fuera no quería despegarme de él, solo quería sentir sus dulces labios junto a los míos y envolver mi cuerpo con el suyo. Sentí como me iba despojando de mis prendas para dejarme solo con mi ropa interior comenzando a sentir esa corriente por mi piel al sentir sus labios besar la parte interna de mis muslos dejándome sin respiración, retorciendo mi cuerpo de placer, poco a poco subía dejando besos húmedos en casa parte descubierta de mí; con sus dientes tocaba mis bragas y yo solo quería volverme loca ante todas estas sensaciones que continuaba explorando.
—Te haré el amor con todo de mi para que nunca lo olvides, mi dulce francesa.
En ese instante se despojó de todo para dejar mis pechos y mi intimidad expuesta ante su vista, empezó a besar mis pechos con pasión como si fuese un chocolate que disfrutar, mordía y acariciaba cada uno de ellos volviendo mi cuerpo una completa locura y por si fuese poco sus besos comenzaron a bajar lentamente a mi abdomen hasta llegar a mi v****a; simplemente me enloqueció sentir su respiración junto a mí, hasta que sus besos se hicieron lengüetazos y mordiscos suaves que me hacían retorcerme y gritar. Nunca me habían hecho sexo oral en mi vida y esto se siente fascinante. De repente siento que introduce dos de sus dedos dentro de mi moviéndose en un ritmo enloquecedor, mierda esto es una puta locura y lo extrañaré demasiado.
—¿Qué haré cuando recuerde estos momentos y ya no estés allí para aliviarme?
—Te tocarás pensando en mí, tal como yo lo haré pensando en ti. —Con sus dedos aún dentro de mí se acercó para besarme una vez más para callar mis gemidos que salían con un poco de mi respiración, siento quedarme sin aire con cada roce, cada caricia, cada beso, y cada mordisco en mi cuerpo.
—Hazlo ya, no aguanto, creo que me voy a venir.
—Aun no, quiero hacerte venir. Quiero oírte gritar, mientras te corres para mí.
Simplemente sentía que algo ardía dentro de mí, sentía que no aguantaba más, sus dedos se movían frenéticamente, aumentaba el ritmo con cada minuto que pasaba y yo me volvía loca con lo que comenzaba a experimentar, gemía y cada que lo hacía una maldita sonrisa se mostraba en sus labios con un beso en mi clítoris, me estaba volviendo loca.
—Tienes un rico sabor —Sebastián lamía sus dedos con tanta felicidad y cuando volví a ver sus ojos solo estaban llenos de fuego, simplemente lo había invitado mucho más.
—Me has dejado sin aire.
—Y aún no he comenzado — fue allí cuando pude ver su erección mientras él se ponía un preservativo con muchas ganas de querer más. Toma mis piernas para acercarme al borde de la cama, abrió mis piernas y sentí como su mano me acariciaba una vez más — Dios amor, estás tan empapada que no aguanto, quiero sentirte ya.
Sentí como entraba en mi con suavidad para tomar un poco el ritmo, estuvo allí hasta que sentí como me empezaba a dar con más fuerza y rapidez, maldita sea me siento en el puto infierno con este calor, mientras me daba con todo y tocaba mis pechos, quiero esto y me encanta esta sensación de placer.
—Mierda, extrañaré esto demasiado. —Dije sin importar nada.
—Yo mucho más mi Fleur.