VLADISLAU El aire está tan cargado de tensión que parece espeso, difícil de respirar. Apenas recibimos la noticia de que se habían llevado a los mellizos de Mattia y Nikki, y al hijo de Kali y Call, todo explotó. Nadie perdió el tiempo: cada uno se puso en marcha con una urgencia que quemaba en la sangre. Por desgracia, estábamos casi al otro lado del mundo, y llegar hasta Londres nos costó horas de vuelo, maldiciones lanzadas al aire y discusiones a medio susurro cargadas de rabia contenida. Ahora, después de esa interminable espera, nos encontramos reunidos en una de las tantas bodegas que el Consejo utiliza como punto de encuentro. El lugar apesta. El olor a moho viejo se mezcla con el hedor rancio de la muerte, un aroma metálico que golpea directo a mis fosas nasales y me recuerda qu

