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Un bebé para el príncipe 1° saga realeza.

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crush de la infancia
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Descripción

Zayn Assim Asghar, un príncipe de Arabia Saudí. Un hombre familiar, honesto y que odia las mentiras. Tras un viaje a España, conocerá a una mujer. Sin saber que esa mujer, le iba a dar un giro inesperado a su vida.Ella disfruta, ríe, vive. Ella se encargará de limpiar y acomodar la limpieza de su habitación, ella es una de las chicas que trabaja en aquel hotel y está contratada para cumplir los servicios del árabe. Amanda es una mujer muy risueña, encantadora, una luz en la vida. Pero una noche él se quedará bebiendo en el bar del aquel hotel, sin saber que bajo los efectos del alcohol, su vida cambiarían.Él se fue, sin saber que en el vientre de esa española, hay vida. Una vida que ellos hicieron bajo la lujuria y la pasión.Ella no sabe cómo contactar con él, no sabe como decirle que estaba embarazada. Ya que él, se encontraba a miles de kilómetros.

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Capítulo//01
Arabia Saudí Zayn salía del Lamborghini n***o, con un traje n***o ajustado a sus piernas fuertes y gruesas. Sus escoltas iban detrás de él, mientras el príncipe se dirigía hacía aquella mansión blanca y enorme. Las rejas las abrieron y él caminó por aquel jardín de diseño, sus escoltas les hacía una reverencia cuando le veían. A él no le gustaba nada de eso, pero era una regla. Cuando entró en ese gran salón, se encontró con su bella madre, que daba órdenes a las empleadas para colocar esas cortinas. Echaba de menos verla, estuvo un mes en Grecia y para él, fue una eternidad. Se acercó a su madre y la abrazó por detrás. —As-salamu alaikum. —saludó a su madre, dándole un beso en la mejilla. —Mi niño hermoso. — la madre se giró y lo abrazó. —¿Cómo estás? ¿El viaje tranquilo? —Si, no me puedo quejar. — respondió. —Me reuní con el ministro y todo bien. — la madre le cogió de la mano y se lo llevó hacia el sofá. —En dos días iré a España. —Cariño, ya eres adulto y ya no eres un niño. — acarició su mejilla. —Pero casi nunca te veo, viajas mucho. ¿Cuándo será el día qué vengas a casa y me presentes una novia? —Mamá, ya hemos hablado de ese tema. — exclamó. —Ya me casaré y tendré hijos, de momento estoy bien. —Aqui está mi hijo. — la voz de un hombre se escuchó, interrumpiendo la conversación de ellos, Zayn miró y vio a su padre. El joven se levantó y le abrazo. —¿Cómo estás? —Bien, padre. ¿Tú cómo estás? —Bien, algo liado con tantas reuniones. — esté asintió. —Me gustaría hablar contigo. —¿Hay algún problema? —su padre, negó. Le hizo un gesto con la cabeza y Zayn seguió a su padre hacia el despacho, el joven no sabía que quería decirle su padre. El joven cerró la puerta detrás de él y observó a su padre detrás del escritorio. El rey Hassan era muy serio, estricto. Pero era un gran hombre, de buen corazón. Daba su vida por la familia y por la gente que él amaba. —¿Me dirás? —habló Zayn, caminando hacia el escritorio. —Zayn, tienes 34 años. Aún estás soltero y no tienes heredero para llevar en el futuro el trono. — él arrugó su ceño. —Ya no eres un niño, ya eres todo un hombre y deseo que tengas una familia. — esté bufó. —La hija del duque, es muy bella y muy refinada. Podéis casaros y ser una buena familia. —Padre, siempre te he respetado, te adoro por el hombre que eres. Pero jamás, pero jamás, se te ocurra casarme por conveniencia. — exclamó. —Me da igual si esa mujer es refinada o bella, yo me casaré con una mujer, que yo mismo elija. —No te obligo a casarte con ella, solo que la conozcas, que salgan y tal vez, puedas existir una relación. — Zayn se levantó de la silla y llevó sus manos a la cabeza. —Solo conócela. —Padre, sabes que viajo mucho y no voy a conocer a ninguna. — dijo eso y se fue. Zayn sabía que sus padres no querían casarle a la fuerza, pero si le metian mujeres por los ojos. No entendían que él, no quería nada con nadie de momento, que estaba muy bien como estaba. Que no necesitaba a ninguna mujer para tener una familia, cuando el tiempo lo dijera, él se enamoraría y buscaría a su esposa. Pero sin prisas ni agobios. Canarias El aquel hotel de cinco estrellas, se hallaba una joven hermosa y radiante. Sonriendo con su amiga. Caminó hasta los ascensores y subió con el carrito de la limpieza hasta la planta cuarta. Cuando el sonido del ascensor avisó que había llegado a su destino, ella salió hacia los pasillos para ir de habitación en habitación para limpiar. Amanda, no tenía hermanos, vivía con su abuela que era la mejor del mundo. Era encantadora y era dueña de aquel hotel, pero Amanda ayudaba con las cosas del hotel. No le importaba limpiar aunque fuera la nieta de la dueña. Todos lo sabían, pero ella quería ayudar y hacer algo. —Amanda, baja tenemos visita. — habló la chica. —Unos señores dicen que tienen reserva, pero no les veo en el ordenador. — la chica realmente le pedía ayuda, ya que muchas veces los clientes era muy bordes y desagradables. —Ya bajo, dame unos segundos. — respondió. Amanda, salió de la última habitación y fue hacia recepción dejando el carrito a un lado. Cuando el matrimonio la vio, se quedaron callados, sabía quién era ella. No salía en la televisiones, pero si sabian que era la nieta de la dueña. —Buenas tarde, decidme. ¿Hay algún problema? — habló ella amablemente. —Si, disculpe. Llamé ayer para reservar cinco días aquí, pero parece ser, que no estamos registrados. — habló el hombre con un acento alemán. —Verá, cuando hacen una reserva, un correo electrónico les llega. ¿Lo tienen? — el hombre asintió y miró su teléfono para buscar ese correo. Se lo enseñó a Amanda y ella lo miro, asintió. —Perdone entonces las molestias, tal vez el que estuvo ayer no lo guardo. Cuarta planta, habitación 406. Perdonen las molestias. —No hay ningún problema. —dijo él hombre. —Los botones, subirán sus maletas. — ellos, asintieron. Cuando se quedaron solas, Amanda miró a su compañera. —¿Por qué Tomás no guardó la reserva? —No lo sé, aveces el ordenador falla. —habló ella en voz baja. —No se pueden cometer fallos, si no mi abuela, nos ahorca a todos. — sonrió tras la broma. —Sigamos. El día a día, de Amanda era así. No paraba, pero le gustaba hacerlo. Era una mujer que tenía que estar haciendo algo, no podía estar sin trabajar, aunque realmente no lo necesitaba. Pero para ella estar en casa, era como ver la vida pasar, ver la televisión era un desperdicio. La vida era muy bonita y había que vivirla al máximo, sin frenos.

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