Amanda regresaba a la mansión después de estar toda la mañana viendo vestidos de novia, flores, etc. Lo hacía junto a su suegra, que le ayudaba en todas sus dudas. Había ido con su abuela, que se iba a quedar hasta la boda, junto a Sara. Amanda para no ser de la realeza, tenía unos gustos muy elegantes, su comportamiento, era refinado y educado. Amanda fue hacia el jardín y se sentó en los sofás de diseño que había en ese lugar. En Arabia tenía unas temperaturas muy altas y hoy, no era la excepción. Una empleada del servicio, llegó para darle un zumo natural. Amanda, le agradeció con una sonrisa. —Señorita, ¿Se encuentra bien? — preguntó la joven, cuando la vio pálida. —Si, solo es un poco de mal estár. — respondió, pero de pronto su vista se nubló y cerró sus ojos al desmayarse. La

