Capitulo Uno.
12 de Abril. Día en qué mi vida cambió para siempre...
Me llamo Verónica Palacios; tengo 25 años de edad, mido 1.75 de estatura, cabello castaño como el chocolate, piel blanca como la nieve y unos hermosos ojos grises verdosos y todo a lo que estaba acostumbrada, se acabó. Mi padre lo había perdido todo; la empresa, la casa y cada uno de los bienes. No teníamos nada, no existía ni una mínima esperanza. Todo estaba perdido... Bueno, no del todo.
Había una sola cosa que yo podía hacer, era la única forma. Debía casarme con un hombre multimillonario. Uno al que no conocía. Él era, Ignacio Salvatore, uno de los CEO más importantes del país. Su familia ha manejado por generaciones, clubes, casinos y muchos negocios de bienes y raíces. A ellos, a la familia Salvatore, el dinero les sobraba; ellos eran nuestra salvación y yo iba hacer todo lo posible por salvar a mi familia de la ruina a la que estábamos destinados...
No tenía idea de quién era Ignacio Salvatore, no conocía su rostro, sus costumbres, ni absolutamente nada sobre él. No sabía cuantos años tenía; si era un viejo amargado o un joven inmaduro, Don Juan. Se decían tantas cosas de él, que yo no sabía qué creer...
Se podía sentir la tensión en mi casa, la cual estaba a punto de ser embargada, los ahorros eran sólo unos cuantos millones que no iban a durar a fin de año. Con tantos gastos, sólo durarían tres meses, así que sólo tenía tres meses para enamorar al CEO Don Juan...
Mi belleza era envidiada por muchas por lo que no veía problema alguno en enamorar a Ignacio. Estaba muy nerviosa, sin duda. Como ya había dicho, no tenía idea de quién era aquel hombre y aunque me interesaba saberlo, trataba de no prestarle mucha atención, pues lo más importante era salvar a mi familia y nuestro patrimonio. Iba hacer todo lo que estuviera a mi alcance para hacerlo, costara lo que costara, sin importar que...
Estuve dos días preparándome para el encuentro con Ignacio y el día al fin había llegado. Pinté mis labios con una pintura roja. Ignacio no se iba a resistir a mis labios carnosos. Llevaba puesto un sexy vestido rojo y mi cabello suelto hacia atrás, dejando descubierto un poco mi pecho; quería hacer que ese poderoso CEO perdiera la cabeza al primer instante de verme...
Llevaba 10 minutos esperando, me pedí una copa de martini. Con el palillo movía la aceituna de un lado a otro en la bebida, bailaba bajo el agua... Miré hacia la entrada del restaurante y ahí estaba entrando él; Ignacio Salvatore. Sonreí, me puse de pie y caminé hacia él. Era momento de poner en marcha mi plan. Había llegado el momento de enamorar al poderoso CEO.
Lo ví entrar, estaba decidida a acercarme, pero los nervios me ganaron, ¿con que excusa me le iba acercar?. Podía ser muy obvio. No conocía a Ignacio, pero de algo si estaba segura; él no era un hombre tonto. No sé le veía que fuese un hombre al que se le pudiera mentir o engañar.
Me encontraba de pie, estática a mitad de bar, él estaba a unos metros de mi, sin siquiera fijarse en mi, no tenía idea de que yo existía. Que estupidez más grande...
Decidí devolverme a la barra y darle la espalda y pensar bien que iba hacer. Me bloqueé por completo y el miedo se apoderó de mi.
La música suave se mezclaba con el murmullo de las conversaciones. De vez en cuando, cautelosamente le echaba un ojo a Ignacio, quien hablaba con otros hombres, de aspecto importantes todos. Quizá hablaban de negocios o de algo turbio, quién sabe, de ese hombre era capaz de esperarse lo que fuese o quizá me equivocaba.
Bebía mi segunda copa de martini mientras mi mente y yo discutíamos que haríamos, el miedo me consumía. Me creía valiente, pero creo que me intimidé yo misma.
El era un millonario interesante, un hombre un tanto maduro con traje impecable. Sus ojos oscuros se posaron en mi por un segundo, y algo en su expresión cambió. Yo disimulé , sé que lo hice; lo miré una vez más y ya no me miraba, se reía con sus acompañantes, mientras bebía su bebida, lo que parecía whisky. De verdad que era un hombre interesante. Me perdí al mirarlo.
Su mirada tan encantadora me hacía volar en una nube, pero no podía distraerme del plan. No podía ser débil. Fruncí mi ceño, bebí otro sorbo de mi martini y me di vuelta, dando la espalda hacia la mesa donde se encontraba Ignacio con sus acompañantes.
En un momento me distraje y al darme cuenta, el hombre ya estaba a mi lado. Me puse totalmente nerviosa, pero me mantuve calmada, no podía descubrirme ante él.
Se acercó, pidió una copa de whisky y se sentó junto a mi, teniendo una extraña sonrisa en su rostro, una sonrisa de 'te descubrí '
—¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este? —preguntó con una sonrisa, sin más.
Yo reí, jugando con el borde de mi copa.
—Quizás lo mismo que tú. Buscando algo diferente -Lo miré a los ojos, totalmente seria, pero sutil y amable.
-¿Que te hace pensar que busco algo diferente? -Bebió un sorbo de su bebida y sonrió.
-El hecho de haberte levantado de tu mesa, dejar a tus amigos solos y venir hasta aquí me hace pensar eso -Le sonreí con desdén.
Trataba de hacerme la interesante y difícil al mismo tiempo, otras veces me había funcionado.
-¿Me observabas? -Me preguntó, con la misma sonrisa de antes.
-No, tú me observabas a mi, no creas que no me di cuenta.
-Mira y yo creyendo que eras tú la que me miraba a mi, por eso vine hasta acá, para saber que querías -Volvió a sonreírme.
-De ti, nada. Ni te conozco. Buenas noches -Me despedí y le di la espalda.
Antes de poder marcharme me tomó del brazo y con mucha sutileza, me llevó hasta él, de manera que nuestros cuerpos estuvieron en contacto por un momento, cara a cara, frente a frente.
Podía sentir su respiración cruzarse con la mía; mi corazón palpitaba muy rápido. Que nerviosa me sentía. Pues no era para menos, estaba nada y nada menos, que con Ignacio Salvatore, el temido CEO multimillonario y por su repentina acción, lo que planee, fue facil, todo había salido como lo esperaba... O al menos, eso creía yo.