Ignacio ya era mío, era obvio. Todo salió perfecto, esa noche pude dormir placentera, el fin de mis problemas, estaba por terminar ahora lo que seguía era, enamorarlo hasta perder la cabeza por mi.
Mi belleza y mi elegancia eran un punto a mi favor
No necesitaba operarme ni cambiar radicalmente, pero sí era importante cuidar mi aspecto. Ignacio Salvatore debía verme como a las mujer más hermosa del mundo
Tenía que seguir vistiendo con elegancia.
Por otro lado, en mi poder tenía documentos de todas las asistencias y actividades de Ignacio, claro que no iría a todas para no levantar sospechas, sólo iría a las más importantes; él debía verme hasta en sus sueños, tenerme en su mente a cada hora del día.
Me demostraba seguridad a mi misma, nadie más me iba a motivar y apoyar en mis planes.
Algo en lo que pensaba diariamente era que, los millonarios suelen estar rodeados de personas interesadas en su dinero; amigos, supuestos socios y hasta los mismos familiares así que le iba a demostrar que él me interesaba por quien era realmente. Ser astuta me iba a servir de mucho.
Me senté en el sofá de la sala, con la mirada perdida en el vacío. Mi madre, Clara, se acercó a mi y le preguntó qué me pasaba. No habíamos hablado nada desde ayer, ni sabía nada sobre mi plan.
-Estoy preocupada, mamá, estamos por quedarnos en la quiebra -Le respondí con un tono de incertidumbre en mi voz-. He estado preocupada por el como íbamos a salir adelante.
Mi madre se sentó a mi lado y me abrazó con ternura.
-Tranquila, hija. Vamos a encontrar una solución, no podemos rendirnos ahora, ya sabremos que hacer -Me dijo con determinación y una mirada tierna.
Suspiré y me limpié las lágrimas.
-Tengo un plan, mamá. He estado pensando en cómo podemos salir adelante y creo que tengo una idea que podría funcionar -La miré con energética seriedad-. Ya puse en marcha mi plan y voy bien, todo me está saliendo a la perfección y sé que va a funcionar.
Mi madre frunció el ceño, intrigada.
-¿De qué se trata, Verónica? ¿Qué has estado ideando?.
Miré a mi madre con determinación en los ojos.
He estado observando a Ignacio Salvatore, al poderoso multimillonario, ese gran CEO del que todo el mundo habla. Sé que es rico y poderoso, y si logro conquistarlo, podríamos obtener la ayuda que necesitamos para salvar nuestros negocios, nuestra vida y mucho mejor, quedarnos con todo lo que él tiene. Ese es mi plan mamá, enamorar a Ignacio hasta que pierda la cabeza por mi.
Mi madre se quedó boquiabierta.
-¡Verónica, eso es una locura! No puedes jugar con los sentimientos de alguien solo por ambición.
-Lo sé, mamá, pero no veo otra salida. Necesitamos una inyección de capital urgente y él podría ser nuestra salvación, él es nuestra única salvación a todos nuestros problemas. ¿Que otra opción tenemos?.
Mi madre comprendió la desesperación que traía. -Está bien, Verónica. Haré lo que sea necesario para ayudarte, pero prométeme que no lastimarás a nadie en el proceso, mucho menos a ti. Sólo ten en cuenta que todo esto, traerá consecuencias graves -Me miró con nostalgia.
Asentí con gratitud y tranquilidad, al menos ya tenía una aliada.
-Te lo prometo, mamá. Haré todo lo posible para que esto funcione y saquemos a nuestra familia adelante, sin lastimar a nadie... Pero cueste lo que cueste, voy a salvar a nuestra familia.
Con un nudo en la garganta, mi madre me abrazó me dió un tierno beso en la mejilla y se fue.
Me quedé nuevamente sola en la sala, pensando en todo lo que mi madre me dijo y si, tenía razón en lo que me dijo, pero no iba a permitir que nada ni nadie estropeara mis planes. No me importaban los riesgos o consecuencias, me iba a convertir en la gran señora Salvatore, sería la esposa de Ignacio y salvaría a mi familia de la ruina total, sin importarme nada.
El sol se ocultaba tras las colinas, tiñendo el cielo de tonos dorados y rosados. En la elegante sala de nuestra casa, mi padre, Eduardo, me observaba con una mezcla de orgullo y preocupación. Yo seguía absorta en mis pensamientos mientras hojeaba una revista de sociedad.
-Hola hija -Dijo mi padre apareciendo de la nada.
-Hola papá -Le respondí, teniendo mi mirada fija hacia la nada.
-Escuché todo lo que hablaste con tu mamá -Lo miré y pude notar tranquilidad y una felicidad morbosa en su mirada.
Mi padre carraspeó y dijo:
-Hija, ¿qué es lo que tanto te preocupa?.
Suspiré y me senté junto a la ventana.
-Padre, nuestra situación financiera es desesperada. Las deudas nos ahogan, y si no hacemos algo pronto, perderemos todo.”
Mi padre asintió.
-Es cierto, Verónica y, ¿es por eso que planeas enamorar a Ignacio Salvatore?, ¿crees que él salvará a nuestra familia de la ruina?
Le sonreí con determinación.
-Lo he estado investigando papá. Es solitario, pero su fortuna podría salvarnos. Planeo enamorarlo y convencerlo de que invierta en nuestros negocios o si logro casarme con él, nuestra familia estará a salvo, cualquiera de las dos.
Mi padre me miró con asombro.
-¿Enamorar a un hombre por interés? Eso no es ético, hija.
Lo volví a mirar con determinación
-Lo sé, padre. Pero no tenemos otra opción. Si no actuamos, perderemos todo lo que hemos construido -Le hablé con energética seriedad.
Mi padre se acercó a mi
Verónica, hija la riqueza no es la única solución. Pero si estás decidida a seguir este camino, prométeme que no perderás tu integridad en el proceso. El amor verdadero no se compra ni sé simula. Sólo ten mucho cuidado con lo que haces, nuestra familia depende de ello, de tus decisiones; actúa con la cabeza fría y todo te saldrá bien.
Sonriéndole, asentí.
-Lo prometo, padre. Haré lo que sea necesario para salvar a nuestra familia.
No los voy a defraudar.
Mi padre me abrazó y sentí mucho apoyo... Si, no estaba del todo bien lo que planeaba hacer, pero mi familia estaba de por medio... Fracasar, no era una opción. Salvaría a mi familia de la ruina, sin importarme nada. Ya había tomado una decisión y no tenía marcha atrás...