Alexander negó con la cabeza al darse la vuelta hacia el pequeño cajonero al lado de su cama; abrió el cajón y sacó un preservativo que le arrojó al piso a los pies de Edgar.
— Eres un bastardo sinvergüenza lo sabías...
Alexander lo miraba mal, pero Edgar lo ignora simplemente, con una sonrisa de tonto se agachó para tomarlos.
— Por favor... como si tú no te metieras con varias mujeres.
— No teniendo novia idiota, en que comparas.
— Nunca has tenido una novia… Por favor no descargues tus frustraciones contra mí, no es mi culpa que te tuvieras que casar joven con mi madre y no pudieras disfrutar de tu juventud como se debe. Gracias y adiós
Edgar salió de la habitación aparentemente molesto; Alexander lo miró mal en todo momento hasta que desapareció cerrando la puerta.
Su mal humor se disipó rápidamente al escuchar el sonido de una puerta de madera abrirse, era Dayana quién estaba saliendo del armario con la mirada agachada; para Alexander engañar a una mujer era la peor de las bajezas y cobardías que un hombre podía hacer, era aún peor cuando esa mujer era tu pareja.
Decir que estaba decepcionado del comportamiento de Edgar era poco, a lo largo de los años hizo su mejor esfuerzo por enderezar a ese joven revende, pero el ser idiota ya venía en su naturaleza al parecer y él no pudo hacer mucho por más que tratara de guiar a ese chico por buen camino, lo cual sin duda había fracasado en eso.
— Dejame cambiarme rápido para llevarte a casa.
Alexander no supo que más decir, observo a Dayana en todo momento, ella se sentó en la cama mirando hacia el piso, estaba sumida en sus pensamientos, desconcertada de la realidad en esos instantes.
El tomo una camisa de vestir blanca que tenía sobre la cama y empezó a ponérsela, de repente los gemidos de una mujer empezaron hacerse más fuertes, tras el sonido de la cabecera de la cama golpeando la pared, Dayana levanto el rostro; aquellos sonidos pronto se vieron escondidos por el de la música a un volumen muy alto que puso Edgar.
Alexander cerró los ojos con fuerza sintiéndose impotente y avergonzado que aquel chico tuviera su apellido, pero mientras él se sentía así a Dayana la estaba poseyendo algo turbio en su interior.
Algo sombrío y oscuro iba llenando su mente y su cuerpo, fue en ese momento, sentada en la cama de un extraño, después de escuchar como su novio compartía cama con otra mujer que empezó a recapacitar sobre lo mal que le había ido con todos los hombres desde muy pequeña.
Sus recuerdos volaron a ella de niña y el niño que siempre estaba a su lado, que le decía que serían amigos siempre y él la cuidaría, pero un día simplemente la cambió por otra niña que le regalaba canicas, el mejor amigo de la primaria que prometió ser su novio cuando tuvieran más edad y al cumplirla lo encontró besando a su mejor amiga, en la secundaria ese novio cariñoso que término siendo el novio de chicas de otros 3 salones, el chico de la preparatoria que la engañó con una chica de otra escuela y en la universidad estaba Edgar...
Tras cada decepción amorosa Dayana iba haciéndose más seria, más reservada, más fría... no para parecer interesante, sino que era la armadura que ella forjó para protegerse ella misma, pero ahora que lo pensaba era como si todo lo que ella hizo fuera lo incorrecto.
Mientras las mujeres de la universidad se acostaba con cada estudiante y eran vistas como diosas y unas ídolas, ella que se mantuvo alejada de todo eso y se enfocó en sus estudios era la burla y llamada mojigata, eso sin contar que se convirtió en el reto de apuestas de los hombres este año.
Ahora las amantes eran vistas como unas chingonas mientras las parejas eran la burla de ellas, hoy en día se aclamaba la infidelidad, viéndola como algo normal, la fidelidad y compromiso a una relación ahora eran aborrecidos y una razón de burla para las pocas parejas que lo conseguían.
Dayana no podía entender el pensamiento general de la mayoría de los jóvenes, ya que ella no compartía esos ideales, pero en todos estos años ella no había conocido a un hombre bueno a pesar de ella serlo, alguien que la respetara a pesar de ella respetar, alguien que le fuera fiel a pesar de que ella lo era; así que... si querían a una mujer mala ella lo podía ser.
La mirada de Dayana se oscureció, en su interior solo había rabia y tristeza tras sufrir de nuevo otra traición, ahora lo único que llenaba su mente era la idea de tomar venganza, Edgar pagaría el daño que le había hecho y haría que se tragara sus palabras, además que terminaría pagando por los platos rotos de los demás en el pasado, en ese momento Dayana era un manojo de resentimientos y enojo que le impedía pensar con claridad.
Ella volteó a ver a Alexander, este estaba abotonando los botones de su camisa, era totalmente ajeno a la mirada de cazador que le estaba echando Dayana.
Pero se volteó rápidamente y sacudió la cabeza, el resentimiento la estaba llevando a navegar por aguas turbias y desconocidas, y para ser sincera tenía algo de miedo, estaba nerviosa.
— ¡¡O si Edgar!!
Un grito que se logró a medio apreciar a través de la música fue el detonante para la conflictiva mente de Dayana, sus uñas se enterraron ligeramente en la piel de sus muslos, haciéndola perder la poca cordura y control que le quedaba; si a él no le importaba ser un completo idiota entonces a ella tampoco le importaba nada en ese momento.
Se puso de pie rápidamente, dejando su bolso al filo de la cama en donde estaba sentada, este término callando en el piso, ella se encaminó directamente hacía Alexander, en la mente de ella se repetía una frase una y otra vez que era el que avivaba cada vez más su furia, le daba valentía y la hacía perder la culpa dándole la razón a sus acciones.
"Traición con traición se paga"