Samantha siguió jugando con Andrew, mordía los lóbulos de las orejas suavemente para luego posar sus labios en el cuello masculino haciendo que él se retorciera en la cama, haciendo fuerza para no levantar los brazos y comenzar a acariciarla. Ella seguía jugando con su boca mientras sus caderas se movían en un vaivén enloquecedor que estaba llevando a Andrew al borde de la locura, él procuraba no moverse no tampoco utilizar las manos, porque lo que deseaba era tomarla por su estrecha cintura y obligarla a pegarse a su m*****o viril que estaba completamente erecto y deseando acción. —Por favor, Samantha —su tono era de súplica— Permíteme tocarte, no seas malvada. Ella sonrió por lo bajo, sabía que él la deseaba con locura, quería llevarlo a un límite más alto de deseo, y eso se le había

