Al borde de la muerte. El primer acercamiento con el enemigo.

2689 Palabras
Jade trataba de ordenar sus ideas. ¿Cómo había sucedido esto? De estar en su casa, con su familia, tomándose un merecido descanso después de tantas misiones inverosímiles, peligrosas, llenas de adrenalina y con más preguntas que respuestas, ahora iba con rumbo a lo desconocido, en lo profundo de la selva chiapaneca, sin contacto alguno con el mundo exterior. Lo que le preocupaba es que en verdad, como nunca antes, estaban aislados. Fuera de 3 funcionarios de primer nivel de la ONU, el presidente de los Estados Unidos, el de México y el de la Comunidad Europea y, quizá, no más de 10 altos rangos de los equipos de élite de las fuerzas armadas mexicanas y el CEO de una Organización no Gubernamental, nadie sabía de su misión y su ubicación real. Lo peor de todo es que estaba rodeada de su primo hermano y algunos de sus amigos más queridos, que conformaban un excelente y muy profesional equipo de trabajo, pero que, por el evento ocurrido a su llegada y el ataque donde perdieran la vida tanto el militar encargado de la misión como uno de los mejores pilotos del mundo, entendía que lo que les esperaba, fuere lo que fuese, era mucho más peligroso que cualquier misión que hubiesen compartido antes, aún más peligrosa que la vivida en Afganistán, donde se enfrentaron y lograron neutralizar una amenaza nivel "C" (alta letalidad), capturando vivo a un espécimen que ningún biólogo pudo determinar qué era.  - Todavía me despierto espantada al recordar a ese ser - le decía Áurea a Jade mientras el Jeep militar avanzaba a través de un camino improvisado por el chofer, quien tenía cuidado de no acabar siniestrado contra una de las enormes palmas o árboles de la zona. - Lo capturamos, ¿no? Nos costó trabajo hacerlo, pero al final, lo hicimos. Esperábamos los resultados de las pruebas y análisis para saber qué tipo de animal es y descubrir de dónde salió o por qué jamás nadie había visto algo así, cuando surgió esta misión.- Jade le contestó. - Todavía no recuerdas lo que pasó realmente, ¿verdad? - se le quedó mirando profundamente Áurea y Jade se sintió algo incómoda, cuando la mirada de Emiliano, Priscila, Víctor y Sulva, que le acompañaban en el vehículo, se posó al mismo tiempo en ella y un silencio sepulcral inundó el espacio. En realidad no lo recordaba. Solo vagas y borrosas imágenes se agolpaban en su mente. - La verdad, trato de acordarme el por qué de pronto, luego de ser arrojada 4 metros hacia las cajas de la armería del campamento por el lobuno (así le habían bautizado por su parecido con los hombres lobo de las películas como Crepúsculo), volví en sí a su lado y él se encontraba desmayado - lo dijo con preocupación, como si recordar le acercara a algo que no quería despertar.  Desde ese día Jade había tenido problemas al dormir. Soñaba constantemente con seres fantásticos, imaginarios, como arrancados de las grandes sagas literarias de lobos, dragones, elfos y vampiros. Pero ella sabía que esas criaturas solo existían en la imaginación de los grandes escritores de ciencia ficción e historias épicas de un pasado perdido y borrado de la historia humana. Ella misma, en sus sueños, se sentía transformada en un ser de luz, capaz de proezas más allá de lo imaginable, en una permanente lucha contra otros seres igual de increíbles, por el destino de una humanidad inerme e indefensa. - Yo sí recuerdo lo que pasó, jefa - murmuró Sulvarán, con una seriedad totalmente desconocida por todos. De pronto sus ojos extrañamente inexpresivos para quien había sido nombrado por unanimidad el alma de la fiesta, el optimista del grupo, se clavaron en los de ella y un golpe de memoria le hizo perder el equilibrio. Se sintió arrojada por la bestia cuando intentaba salvar a Hugo, el último de los mercenarios que quedaba vivo y que formaba parte de un grupo de 15 ex marinos elite que debían proteger a su equipo, pagados por Planet Natural Resources. De pronto, como si explotara y cambiara a una forma totalmente distinta a ella, una fuerza desconocida hasta ese entonces, le hizo ponerse en pié y seguir el rastro calórico del lobuno que, en ese momento, buscaba atrapar precisamente a... ¿Güenceslao? Sí, a quien todos consideraban como un compañero no apto para las misiones pero que iba porque, en caso contrario, Víctor se negaría a aceptar alguna de ellas, luchaba con una velocidad y una pericia no humanas, o cuando menos no de un ser humano común y corriente. El lobuno atacaba y él lo esquivaba para, posteriormente, golpear con potencia y efectividad al animal que lo doblaba en peso y tamaño. Sin embargo, poco a poco, Güenceslao se quedaba sin espacio, lo estaba acorralando el monstruo y ambos lo sabían. De un zarpazo lo lastimó y lo dejó listo para la estocada final. Sulva (desde ese día así le llamaba, sabiendo que su nombre no le gustaba en lo más mínimo, como una muestra de respeto y admiración al gran guerrero que resultó ser) sangraba de la cabeza y del brazo derecho y ya no tenía fuerza para seguir... pero entonces, otra vez, todo se nublaba en la mente de Jade. - Usted me salvó la vida. Golpeó al lobuno justo en la nuca y lo dejó inconsciente. Yo ya no podía defenderme y todos hubiésemos muerto de no ser por el tino que tuvo al pegarle justo en su punto débil a ese animal o alien o lo que sea. - al decirlo, Sulva sonrió levemente a Jade, como diciéndole que él sabía que no había sido suerte, sino algo más, lo que ella hizo para derrotar al lobuno. Que hasta que ella no recordara, su secreto estaba bien resguardado con él. Que no había dicho ni diría nada, ni siquiera a su protegido Víctor, hasta que llegara el momento de darlo a conocer, hasta que ella pudiese acordarse de todo y entendiese qué demonios es lo que su mente, desesperadamente, intentaba bloquear de su memoria. Ella entendió el gesto y asintió con la cabeza. El camino se estaba haciendo más sinuoso y Priscila, en uno de esos saltos violentos del vehículo, salió despedida justo encima de las piernas de Emiliano, quien rojo como tomate no sabía si seguir sujetando a la espeleóloga o soltarla o quitársela de encima, mientras ella reía a carcajadas por lo incómodo de la situación, pero más por la reacción del fortachón, pero muy inocente, joven investigador. Todos dejaron de pensar en Afganistán y empezaron a contagiarse de la risa natural y potente de Priscila. Paulina, para aumentar la pena y acentuar el rojo tomate de las mejillas de Emiliano, le exigió a su amiga que de una vez se quitara de ahí, que no fuera tan coqueta y que recordara que ella lo había visto primero y tenía derecho de tanto. - Sobre mi c*****r - le contestó Priscila, lo que provocó que Paulina se abalanzara sobre ella, cayendo los tres en el piso de la batea del Jeep militar. Todos estaban al punto de ahogarse por la escena. Eso es lo que le gustaba a Jade: no importaba la gravedad de la misión o el peligro que les rodeara, siempre había momentos que les hacía sentir a todos seguros, unidos, como un verdadero equipo, donde ella, Jade, era la líder, quien tenía en sus hombros la responsabilidad sobre la vida de cada uno de ellos. Ella lo sabía y ellos también y todos aceptaban eso con alegría y beneplácito. De pronto, Jade alzó el rostro y se puso tensa. Emiliano y Sulva, antes que nadie, lo detectaron y se aferraron a su asiento. Un instante después se escuchó un rugido, rechinar de llantas y el golpeteo del vehículo militar con las ramas de los árboles. Se habían salido del camino. Inmediatamente, se escucharon detonaciones de un arma AK-70, tecnología de punta, balas de choque  capaces de desmantelar un tanque de guerra en menos de 5 minutos. El vehículo se detuvo y todos salieron por la parte trasera del mismo. Jade iba adelante, pero Sulva se le adelantó en un instante; al pasar al lado suyo, ella vió de reojo cómo las orejas de su misterioso amigo crecían un poco y se ponían puntiagudas.  - Como si fuera un elfo - pensó - Pero eso es imposible, los elfos son seres fantásticos, que no existen ni han existido nunca en la realidad. Entonces, miró con detenimiento sus movimientos. Era poesía en movimiento a una velocidad extraordinaria. Recordó de pronto cómo había enfrentado, sin arma alguna, a ese monstruo en el pasado y entonces un golpe seco la regresó al mundo real. Giró en el aire y cayó en cuclillas, lista para devolver el golpe, cuando una sombra enorme se abalanzó sobre ella. Su reacción natural fue cubrirse con sus brazos, cuando escuchó varios disparos y solo sintió el peso inerme de lo que debió ser, en vida, un ser descomunal. Emiliano y Aurea, con mucho esfuerzo, le quitaron el cuerpo de encima y entonces pudo verlo bien. Era idéntico al ser capturado en Afganistán. ¿Cómo era esto posible? Se levantó un poco adolorida, cuando vio a Sulva al lado de otro ser tipo hombre lobo abatido. ¿Lo venció con sus propias manos? ¿Cómo era eso posible (se volvía a repetir la pregunta)? Víctor, con paso sereno, como sabiendo lo que en realidad era Sulvarán, caminó y tomó muestras de los dos especímenes caídos.  - Lupus homini. Increíble descubrimiento para la ciencia - comentó como si no hubiesen estado en peligro mortal unos minutos antes. Federico, el militar italiano, había alcanzado a matar al lobo que provocó la salida del vehículo del camino. Y tuvo tiempo para salir, dar vuelta y aniquilar al que iba a a****r a Jade. Con una cara de asombro y espanto, que buscaba disimular lo mejor que podía, casi gritó: - Santo Cristo, ¡¡questa è una vera follia!! ¿Todos están bien? - Sí, eso creo - respondió Emiliano - ¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Por qué no nos alertaron del peligro que corríamos para estar prevenidos? - Nunca habían llegado a tanto - murmuró el militar - Jamás habían atacado a un vehículo en marcha. Sabíamos que nos observaban, pero nunca habían decidido a****r. - Bueno, eso nos debe dejar más tranquilos - protestó Priscila - Por cierto ¿alguien ha notado que estamos cerca de Palenque y el bosque parece más de bosque de niebla que el de tipo selvático?  Jade empezó a mirar a su alrededor y se dió cuenta que era cierto lo que había detectado Priscila. - No hay ficus, bromelias, ni un árbol o follaje propio del bosque tropical. Hay mucho pino, araucaria y musgo. También estoy sintiendo algo de frío en una época del año donde el promedio de temperatura e la zona es de 30 grados centígrados. Pero estuvimos aquí hace apenas 4 años. No pudo cambiar tan rápido la vegetación de la zona.  - Lo sé - dijo Priscila - es algo increíble, algo que la ciencia no puede explicar. Vaya, si fuese política de la izquierda mexicana, no podría hacer una maroma decente para encontrar alguna respuesta, aunque fuese falsa, de lo que ha sucedido aquí.  Palenque se encuentra donde inicia la llamada SIerra chiapaneca, con un clima cálido y húmedo, con temperaturas anuales promedio de 26 grados centígrados. Por la influencia de vientos provenientes del golfo de México y la de los afluentes del río Usumacinta, que conforma una compleja red de pequeños ríos y arroyos en la zona, la vegetación corresponde a un bosque tropical. Era imposible que, en menos de 4 años, hubiese cambiado a un complejo bosque de niebla, como el que se encuentra en Xalapa, Veracruz. Víctor volteó a ver a Sulvarán, con mucha preocupación en su rostro. - Ha empezado todo. El juego ha comenzado - - Debemos proteger a la princesa, hoy más que nunca - Sulvarán le respondió, muy discreto, para que nadie les escuchara.  En ese instante, un poderoso aullido los puso a todos en guardia. Instintivamente se juntaron, formando un círculo. Jade sacó su navaja militar y su aparato de descargas eléctricas. Federico y Paulina cargaron sus rifles de alto poder. Víctor y Emiliano estaban al lado de Sulvarán, quien sacó una espada tipo samurai. Nadie le había visto con un arma, menos de ese tipo, pero ahora algo había cambiado, se le veía realmente preocupado. Se habían enfrentado a 3 de estos tipos y estuvieron a punto de salir mal librados. Un grupo mucho mayor sería imposible de detener, sin sufrir bajas lamentables. Se escucharon gritos y disparos, luego, solo pasos rápidos que se dirigían a su posición. En verdad, estaban desprotegidos, sin ninguna ventaja táctica que pudiese ayudarles en la lucha que se veía como inminente. La maleza se movió a 600 metros de donde el vehículo militar había chocado con una conífera. Federico alzó el brazo para que nadie se moviera, avanzó lentamente con Paulina dos pasos atrás de él y de pronto... Bajó su rifle y volteó rápidamente para decir que no había problema. Eran sus compañeros del grupo élite enviado como avanzada para proteger a Jade y a su equipo científico. Estaban en el segundo vehículo, cuando vieron el ataque al camión que iba al frente. Se detuvieron, armaron hasta los dientes y bajaron en silencio, cuando se toparon con un grupo de cuando menos 7 humanoides de más de dos metros de altura, que se preparaban para emboscar a alguien. La orden fue acatada por los 10 soldados. Dispararon al unísono, tomando por sorpresa al grupo enemigo, abatiendo a 5 de ellos e hiriendo a dos más, que escaparon muy maltrechos y sorprendidos. Jade se dió cuenta, de pronto, que habían estado en verdadero peligro de muerte. Pensó en sus amigos, en cada uno de ellos y sabía que jamás se perdonaría que a cualquiera de ellos le pasara algo o muriera por acompañarla a sus locuras.  ¿Qué hacía aquí? ¿Por qué arriesgaba la vida de gente que quería mucho y que era tan importante en su vida? ¿Qué demonios pensaba al tomar este tipo de misiones? Sabía la respuesta, pero aún así se cuestionaba si tenía el derecho de poner en riesgo a otros, por su ansia de conocimiento y aventura. Emiliano se acercó como si supiera lo que estaba pensando y le dijo con una tranquilidad que a ella le sorprendió: - Estamos aquí para ayudarte a salvar al mundo de cualquier peligro que se le presente. Porque queremos acompañarte. No eres culpable de nada, ya que es nuestra voluntad estar aquí. Vamos, prima, hay que seguir adelante. - Hay que seguir adelante - pensó Jade - pero por primera vez en mucho tiempo, no sé bien a dónde nos llevará el camino o si será el último paso para todos nosotros. - Preocúpate por guiarnos, te seguiremos a donde sea. Tú eres nuestra líder, guíanos como siempre - Aurea le dijo esto, mientras dejaba algunas cosas de su maleta para viajar menos cargada - Solo te pido que hagas lo que siempre haces: tener confianza en tí y en nosotros. Y Jade asintió. Volteó a ver a Federico, quien asintió con la cabeza. Se ponía, junto con su equipo táctico a sus órdenes. Ella mandaba, para bien o para mal. Decidió empezar dando un paso pequeño y delegatorio.  - Ok. Federico, señala el camino y llevamos al campamento. Tenemos que hacer un plan para descubrir qué diantres está pasando aquí.  Federico hizo una seña a dos de sus soldados, quienes avanzaron con rapidez por el bosque. Federico pidió a los demás iniciar el camino.  - Está aproximadamente a 2 kilómetros de aquí. Tendremos que caminar por el bosque. No se separen ni se pierdan. E iniciaron el camino. El camino en la búsqueda de la verdad. Una verdad que, quizá, no sería agradable cuando la encontraran. Pero para eso estaban ahí. Todos lo sabían y no había marcha atrás.
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