El gran terremoto y la cueva
- En los cuentos de hadas no se cree. Carecen de teología, sistemas de dogmas, rituales o institución y tampoco demandan una forma determinada de comportamiento. Los cuentos de hadas tratan de la naturaleza inesperada y cambiante del mundo - dijo Emiliano, biotecnólogo reconocido mundialmente, amante de la ciencia ficción y primo hermano de otra brillante científica mexicana - Por cierto, lo dijo George Szirtes y es la frase con la que Salman Rushdie comienza su éxito "Dos años, ocho meses y veintiocho noches".-
- Que tontería, Pepito - así nombraba Jade de manera cariñosa a su casi hermano - Mira que ponerle así, porque no podía usar el nombre de "Las mil y una noches". Ok. Mi turno, a ver qué te parece esta frase de Javier Sanz: "Nadie ha hecho más por la humanidad que la ciencia" - A lo que vino una carcajada poderosa, abierta, del egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, con las mejores calificaciones y admiración de su generación, tanto de maestros como de compañeros de clase.
Cuando estaba con Jade podía ser él mismo, divertido, extrovertido, expresivo; lo mismo pasaba con Jade, pues podía reír a pierna suelta, hablar y hablar por horas y ponerse sus pants y playeras, en vez de la ropa de trabajo de campo o los conjuntos sobrios y elegantes con los que iba a su oficina.
Por su trabajo se veían poco, pues ambos eran titulares de sus áreas de investigación, ella en estudios sobre cambio climático, como doctora laureada internacionalmente, jefa del Centro de Estudios de la Tierra en el Tecnológico de Monterrey, de profesión geóloga y él como Director General de Investigaciones en la máxima Casa de Estudios del país, se veían religiosamente dos veces al año en su ciudad natal, Xalapa, para no perder el contacto y mantener el vínculo que habían formado, por haber crecido juntos durante su niñez y hasta la época universitaria.
- ¿En verdad crees que esa tontería va a ganarle a mis autores, Jade? - lo dijo con una sonrisa tan inocente como pícara. Como ambos habían heredado una mente prodigiosa, cuando estaban en la casa donde sus abuelos reunían a toda la familia, por el motivo que fuese, para celebrar el estar unidos (y lo que hubiese que conmemorar), sin lujos ni riquezas, pero con lo suficiente para no pasar limitaciones ni penurias, jugaban a decirse frases de los libros que hubiesen leído durante los meses de alejamiento. Él prefería las lecturas fantásticas, como Salman Rushdie, Gilbert Chesterton, Tolkien, J. K. Rowling, Julio Verne y Ray Bradbury, entre otros. Ella, en cambio apostaba por los grandes escritores científicos, actuales o históricos, como Carl Sagan, Darwin, Stephen Hawking, Marie Curie, Macfarlane, De Vicente, Wilson o Dawkins.
- Espera, espera. Dame chance, me la debes por incluirte en mi equipo de investigación a Yucatán - le dijo ella haciendo un mohín, como si fuese una niña caprichosa buscando salirse con la suya. -Ok, solo por esta vez, pero sabes que es trampa - le respondió Emiliano.
- A ver qué te parece. "La inteligencia evoluciona cuando lo oculto y lo mágico se convierten en objetivo científico, antes que eso, solo son novelas" - Al ver la cara de sorpresa de su primo, Jade soltó a reír, como solo lo hacía cuando estaba en familia. Ninguno se había casado todavía, aunque ambos habían tenido algunos noviazgos que, en realidad, siempre culminaban porque nadie podía aguantarles el ritmo de trabajo y de vida a esos dos. Eran casi unos atletas, pues debían conservarse en un óptimo estado físico y mental, para soportar sus agotadoras sesiones. - ¡Te he sorprendido! ¿Eh?, tenía una frase excelente de Marie Curie, pero estoy segura que responderías con algo de Tolkien, como cuando habló de los elfos, hadas, enanos, trolls, brujas y dragones, pero cuyo reino contiene también al sol, la luna y la tierra, por lo que los hace parte de nuestra realidad -
Sabía muy bien cuando él se sorprendía. Algo en su interior desconectaba su parte racional y entonces se quedaba mudo, por varios minutos, tratando de entender, de comprender el cómo, el por qué alguien le había asombrado de tal manera que rompía con esa habilidad de adelantarse a las circunstancias y dominar, de algún modo, los escenarios y retos que se le presentaran en la vida. Ella había ganado y él lo sabía. En 5 años siempre había buscado superarla en un juego que él mismo creó, con sus reglas y que ella, gustosa, había aceptado sin condiciones. -¿En verdad es tan inteligente que ni en mi propio juego puedo superarla? - pensaba mientras se llevaba a la boca el pedazo de pizza de pepperoni que hacía las veces de la comida del día para ambos (un pequeño lujo que se podían dar de vez en cuando).
En eso estaban cuando alguien gritó desde la cocina de la casa. Era su mamá que les pedía salieran al lugar marcado como de seguridad, pues había empezado a temblar. Y vaya temblor. Mucho más poderoso que el de 1985, el de 2012 o el de 2021. El primero no lo sintieron pues no habían nacido, pero históricamente causó muchos destrozos y pérdidas humanas en aquella época. El segundo lo vivieron y, por ser el primero que sintieron, pues lo tenían grabado en el subconsciente. Y el de 2022, que derrumbó muchos edificios en Puebla, Tlaxcala, la Ciudad de México y Guerrero, de 9.1 grados y con más de 50 réplicas de más de 5 grados en la escala de Richter, que se volvió histórico por ser justo en el día en que se daba por finalizada la pesadilla del COVID-19, con un conteo, oficial (nadie en este momento creía en en esas cifras, pero se tomaban para el registro de la Organización Mundial de la Salud) de 485 mil muertos en México y más de 6 millones de defunciones en el mundo.
Pero esto era distinto, llegaba como en oleadas de 30 segundo de duración, de menos a más, llegando al punto de sentirse todos como en un gigantesco brincolín. El temor crecía en todos los miembros de la familia mientras se estrellaban los cristales, los perros ladraban por todos lados de forma lastimera, se oían llantos, gritos y caos en las calles, las sirenas empezaron a sonar por todos lados. Haku, el perro guardián de la familia - Tan inteligente - decía Jade a todos - que a veces siento que me entiende todo lo que le digo - estaba firme mirando al sur, como cuando su amo desapareció del planeta, como si la Tierra misma se lo hubiese tragado.
- Nadie se mueva, esto pasará rápido - Era lo que ella repetía a sus familiares, aunque en el fondo sabía que este evento era distinto a cualquier otro que estuviese registrado por los científicos del mundo. ¿Habrá sido una bomba termonuclear? ¿será acaso un mega volcán iniciando su proceso de erupción? ¿algún meteorito que golpeó la tierra sin que hubiese sido detectado por los satélites militares? No se sentía como un deslizamiento de placas tectónicas, por más violento que hubiese sido. Después de 5 minutos, el suelo dejo de ondular, el techo de la casa de su prima Brenda (la mamá de Jade, la de Emiliano y dos hermanos más habían construido sus casas en un terreno, como si fuera una privada, que había comprado originalmente el abuelo del clan) había cedido y la mayoría de las ventanas de todas las casas se habían quedado sin cristales.
De inmediato sonó su celular. Era el CEO de Planet National Resources (PNR), amigo de Jade y patrocinador principal de todos sus proyectos de investigación de campo, a lo largo y ancho del planeta. Se le escuchaba entre emocionado y preocupado, una mezcla que raras veces se podían percibir, pues el empresario de origen español era, más bien, frío y algo snob en su trato con los demás. Un nerd entre tiburones, que había aprendido a morder más fuerte que cualquier hombre de negocios en Iberoamérica, siempre acudía a Jade cuando sentía que algún fenómeno, evento o descubrimiento era único y especial.
- Y vaya que este lo era - Se decía a sí mismo Santiago mientras tomaba el teléfono personal, con cifrado especial para no ser intervenido por algún hacker o agencia de espionaje. Instantes después del movimiento telúrico que, dicho sea de paso, había provocado un tsunami que había destruído, con olas de más de 15 metros, la refinería de Dos Bocas, elefante blanco de la pasada administración federal en México, causando también destrozos en la Ciudad de México, con la caída del Ángel de la Independencia, el ala norte de Palacio Nacional, la cúpula del Palacio de Bellas Artes y muchos edificios y casas de las delegaciones Cuauhtémoc, Benito Juárez, Miguel Hidalgo y Tlalpan, con pérdidas humanas calculadas en más de 7,000, cálculos oficiales preliminares, los satélites de PNR detectaron una anomalía energética que provenía del centro mismo de la selva lacandona, muy cerca de la laguna Miramar, antes de dejar de transmitir cualquier otra información.
- ¿Todo bien? - le preguntó Danya, su madre, sabiendo que la llamada mandaría a algún punto del mapamundi a su hija. Ella que soñó con que sería doctora, astrofísica o mercadóloga, había atestiguado como, de momento, sin que nadie lo esperara, había cambiado el rumbo en su vida para convertirse en una de las mejores científicas a nivel internacional. - Si mamita, el deber me llama nuevamente. Emiliano ¿querías conocer Yucatán? Pues nos han asignado a algo mucho mejor, vamos a Palenque. -
-¿Qué eso no queda en Chiapas?
-Así es, ¿no estás tan emocionado como yo?
De inmediato, Emiliano notó el sarcasmo en la voz de su prima, líder y jefa. Besó en la frente a Cornelia, su madre y salió por su maleta y equipo. No tardarían en llegar por ellos y sabía lo impaciente y molesta que se ponía Jade cuando no estaban listos cuando se les requería.
- Tienes 20 minutos, primo. Si necesitas hacer algo más, apúrate, pues parece que hoy no harán paradas en gasolineras interestatales. - Jade abrazó a su mamá, le volvió a repetir que no se preocupara, que su padre, el Ignacio, la protegía desde el más allá. En realidad, el maestro, quien de seguir vivo tendría 59 años, había desaparecido junto con otros 3 profesores (se informó así por las autoridades) en los límites de Campeche y Tabasco, regresando de un congreso internacional de Planeación Educativa, hace apenas cuatro años. Luego de una larga búsqueda, solo se encontró su gorra estilo militar, que Jade conservaba desde entonces y que le acompañaba a todos sus viajes, investigaciones y aventuras y la camioneta calcinada en un arroyo al lado de la carretera federal entre Frontera y Ciudad del Carmen.
Absorta en sus pensamientos, guardaba lo que consideraba sería necesario para enfrentar su nueva misión: lentes con visión nocturna, audífonos para amplificar sonidos, máscaras antigases, guantes protectores, su navaja de asalto, regalo de su abuelo Celes, una pistola de señales con 6 cargas, por si se perdía en terreno desconocido, su gorra, botines y, por si las dudas, su rociador de gas pimienta y su aparato de descargas eléctricas. En eso se escuchó la llegada de un convoy con, cuando menos, 4 camionetas negras blindadas y con personal tipo militar.
- Doctora, me envía el general Edgar Ramírez para que la escoltemos al aeropuerto del Lencero. Un helicóptero de la Fuerza Aérea la espera. Al parecer, lo que nos espera en Chiapas es algo en verdad especial, pues han convocado al equipo de asalto y de investigación completo. Ya están contactando a todos, iremos de avanzada, en lo que el contingente de la ONU nos alcanza en Palenque.- Así de escueto el saludo del teniente Dávila, con quien había convivido en algunas actividades que involucraban al gobierno mexicano y a la Fundación Carlos Slim, orgullosa patrocinadora de todo lo que brillara a oro o tuviese potencial de ser un inmejorable negocio a corto o mediano plazo.
- ¿Con qué es una de esas misiones de seguridad mundial? Nunca habían reunido a los dos equipos, táctico y científico. ¿Será algo más importante que el descubrimiento de fósiles de algo parecido a hombres lobo en Guatemala, hace dos años? ¿O el descubrimiento en el Polo Sur de una aldea escondida de seres parecidos a los humanos, pero con rasgos y alteraciones genéticas más cercanas a lo que, en la literatura fantástica, podrían asemejarse a elfos desnutridos y con mucho frío? ¿Más que la intervención del grupo especial Delta para detener y apresar a un grupo de violentos seres de casi 2 metros ochenta de altura en Afganistán, hace apenas 3 meses, que atacaban aldeas y asesinaban a sus pobladores? - Era el pensamiento que no dejó de dar vueltas en la cabeza de la mujer de ciencia, mientras el helicóptero Cougar, de la Fuerza Aérea Mexicana surcaba los cielos desde Xalapa hasta su destino final en Palenque. - Estamos en pleno 2030, deberíamos estar planeando la colonización de Marte y de pronto, tenemos que lidiar con seres surgidos en la mitología medieval - Lo cual, a su parecer, era una divertida paradoja, un cruel juego del cosmos para una r**a tan soberbia como la humana.
Su primo Emiliano, un médico de nombre Víctor Becerra, quien viajaba acompañado de su ayudante al que sólo conocían como Sulva (en realidad no le gustaba que le llamaran por su nombre, pues decía que sus padres no lo querían y, en venganza, le habían puesto Güenceslao) - Ni siquiera escribieron bien el nombrecito que ya no me permitió tener apodos, Wenceslao, que crueldad de mis jefes - repetía cada que le recordaban o preguntaban cómo se llamaba en realidad, trataban de entender el alcance y magnitud del reto que les esperaba. Junto a ellos, la etnóloga canadiense, Aurea Summers, quien pasaba unas vacaciones en Boca del Río y no tuvo que viajar desde Ontario con el grupo internacional, Priscila Benítez, experta en espeleología, Paulina Hernández, del equipo táctico de la Fuerza Aérea, encargada por varios años de cuidar de la seguridad del grupo, acompañaban a Jade y formaban un equipo multidisciplinario que confiaba siempre en su liderazgo y toma de decisiones. Les avisaron que un ex m*****o del grupo, que buscaba ampliar su negocio de venta de café helado en Chiapas, había desaparecido tras el terremoto y nadie había sabido nada de él; el general Ramírez y cuatro de sus mejores hombres les esperaban ya, para iniciar el camino hacia la misteriosa pulsación de energía que emanaba cerca del Lago.
No había tiempo para platicar, pues todos estaban preparando sus instrumentos de trabajo para iniciar, de inmediato, la investigación multidisciplinaria del área a la que iban. Algo les tenía preocupados: Después del terremoto, se perdió toda comunicación en la zona de origen en un radio de 10 kilómetros. Es más, ni siquiera los satélites militares norteamericanos - Ni los de espionaje ruso o c***o - señaló Paulina al grupo, habían podido mandar imágenes, pues se había creado como un domo que hacía interferencia, de origen desconocida aún para las potencias militares del mundo.
Los únicos datos recientes que tenían, provenían de los lugareños que, espantados hasta la médula, huían despavoridos de los pueblos aledaños al epicentro de esta nueva e inesperada crisis, en un mundo muy golpeado por desastres y desgracias, una de las más sonadas, la desaparición en el Ártico de la famosa defensora del medio ambiente, Greta Thunberg y un grupo de Greenpeace, sin que alguien todavía tuviese alguna hipótesis de lo que había pasado en ese lejano punto del planeta. Decían que la misma corteza terrestre aullaba al sentirse desgarrada desde sus adentros; luego, una onda de pura energía golpeó a todos, lanzando por varios metros personas, animales y hasta vehículos pequeños. Después, el silencio, ese silencio que estremece de terror hasta al más valiente de los hombres.
Algunos hablaban de sombras que arrancaban del suelo a las vacas, toros y bueyes como si pesaran 5 kilogramos. De un calor nunca antes sentido por un pueblo acostumbrado a temperaturas de 35 grados centígrados en promedio, amplificada por una humedad del 85 por ciento. La gente huyó cuando el grupo especial de la Guardia Nacional acudió al lugar, entró en la densa neblina, se escucharon disparos, gritos y luego... nada. Sólo una cantimplora tipo cilindro que rodando llegó a los pies del Presidente Municipal de Palenque, con la mano sangrante de su difunto dueño aferrada a él. Lógicamente, se ordenó la evacuación de todo el mundo, por esos caminos tan del México bronco, hechos más para caballos y animales de carga que para vehículos o camiones. Pero ni una desgracia más sucedió, para fortuna de esas personas, las históricamente más pobres y desprotegidas del país.
- ¿Qué crees que esté sucediendo, Jade? - Preguntó con su voz seria y grave el doctor Víctor. - Yo creo que es el fin del mundo, los demonios salen a destruir lo que puedan, antes del juicio final - Le interrumpió Sulva y luego pidió disculpas, apenado, cuando se dió cuenta que todos lo veían con asombro. - Jajajaja, nunca cambiaste Sulva, siempre igual de ocurrente - le gritó Priscila desde el otro lado del helicóptero, mientras comía una rebanada del pastel que Paulina había repartido para todos (antes de volverse marine, tenía un negocio de postres y pasteles).
- Ya en serio - escuchó la voz de su primo - Esto no tiene sentido, muchas cosas que hemos presenciado en estos últimos años no tienen sentido, pero esto rebasa cualquier cosa que hayamos visto antes. ¿Cómo es que los satélites no pueden detectar nada? ¿por qué un equipo de científicos y matones vamos juntos a ese lugar? ¿Qué diablos sucede?
Jade no dijo nada, con su mano derecha posada en el hombro de Emiliano y esa mirada penetrante heredada de su mamá, calmó al primo con un simple gesto, mientras daba filo a su navaja favorita. - ¿Todo tendrá conexión acaso? - se preguntó a sí misma - Las desapariciones de personas valiosas, inteligentes, capaces, como Greta o el Ignacio (así le decía de cariño a su padre), tendrán que ver con esto que está pasando en Palenque? Ya lo averiguaré. Siempre lo hago. Siempre lo hacemos.
Un golpe seco la sacó de sus pensamientos, el helicóptero maniobraba para no ser alcanzado otra vez por lo que fuera que le había sacudido. Estaban casi en el punto de contacto y parece que las oleadas de energía seguían emergiendo del lugar envuelto en el más absoluto misterio. Aterrizaron como pudieron y se les ordenó bajar del aparato. Todos lo hicieron así y pudieron divisar cuatro vehículos militares que se acercaban a donde estaban.
- Que bueno que pudieron llegar sin contratiempos. Nosotros perdimos dos helicópteros cuando veníamos para acá, explotaron en el aire, como si un misil tierra aire los hubiera golpeado, benvenuti a tutti, andiamo, hay mucho por hacer - Quien les recibió era el comandante Federico Pelush de Luca, de origen italiano, líder del comando de las Naciones Unidas en la región Norte de América - Jade, un piacere di rivederti. Tua zia Ana ti manda baci e saluti.
Cuando estaban a punto de subir a los vehículos, un extraño rugido se escuchó en la espesura de la selva chiapaneca que los rodeaba por todos los flancos, excepto por el camino polvoriento y la pista donde había aterrizado el helicóptero, que dicho sea de paso, había levantado el vuelo para salir del sitio, con el piloto y el general Edgar Ramírez. La idea es que fueran por refuerzos porque, al parecer, las comunicaciones se habían perdido y el asunto parecía más grave de lo que habían pensado originalmente.
Cuando la aeronave iba a una distancia de 500 metros, elevándose por los aires, un sonido tan agudo que a todos los que estaban en tierra dejó sordos por unos segundos se dejó sentir y una ráfaga de fuego alcanzó al helicóptero y lo hizo explotar en el aire.
- Santo Dios - murmuró Jade, viendo la explosión con asombro, mientras los militares del grupo hacían un círculo alrededor del equipo de científicos buscando protegerlos. Edgar Ramírez y el piloto, de nombre Calenderobio (era de origen turco) habían muerto. No habrían refuerzos, nadie sabía a ciencia cierta dónde estaban. Ni siquiera habían empezado su aventura y dos personas ya no eran parte del grupo.
- Esto va en serio, Pepito - le dijo Jade a su espantado primo - Me disculpo por traerte aquí. No tenías que estar en este lugar.
- Estás loca - le respondió, tratando de hacerse el valiente - jamás me he perdido ninguna de tus aventuras ¡y quieres que me pierda la más interesante y peligrosa de todas! ¿Qué te pasa? Estaría muy molesto si me hubieras excluído. Vamos, alcancemos a los demás y terminemos lo más pronto posible la misioncita esta.
- Ok, pero le diré a Paulina y a Áurea que no te quiten la vista de encima.
- Hazlo y pondré pica pica en tu ropa.
Y ella rió, suavemente, pero rió. Su primo siempre tenía ese efecto en su ánimo. Sí, habían perdido a dos elementos del grupo, pero faltaba por completarse toda la misión. Y, por lo que había visto, esto era algo grave, que podría tener repercusiones dañinas a nivel global. Para eso vivía, para liderar grupos y resolver problemas que nadie más podría resolver, desde que se prometió encontrar la respuesta a la desaparición de su padre.
Y tenía al mejor equipo con ella, todos conocidos, todos confiables, todos sus amigos desde hace muchos años. Ellos la seguirían a donde fuera y se desmoronarían si la vieran claudicar. No podía darse ese lujo, tenía que ser fuerte. Ya habría tiempo de pensar en los caídos.
- Guíanos pues, comandante, ¡oggi dobbiamo salvare il mondo!
- Come abbiamo sempre fatto - Respondió Federico.
- ¿Qué demonios dicen? - preguntó, todavía en shock, Sulvarán. - Que te apures, porque nos esperan con la cena en el campamento - le respondió el doctor Víctor.
- Vamos pues - dijo alegre su compañero de aventuras. Los demás lo vieron y se rieron. Buena forma de romper la tensión.
Del bosque alguien o algo volvió a emitir un gruñido, pero esta vez sólo Jade lo escuchó. Y se quedó callada, solo volteó a ver al lugar de donde provenía, saludó discretamente hacia ese sitio, tocándose la gorra militar con la mano derecha y subió al camión.
Unos ojos color violeta la siguieron hasta que los vehículos arrancaron y se alejaron por el camino. El juego por el planeta había empezado, solo que Jade no lo sabía aún. El misterioso ser emitió un aullido potente y se perdió en la espesura de la selva.
Ya tendría tiempo de enfrentar a su rival. Y cuando ese tiempo llegue, estará listo para derrotarla, como lo hicieron sus ancestros hace ya 3,500 años atrás.
Fin del capítulo I