—¡Objeción! —Denegada —replicó ella y lo besó una vez más. Matthias miró a sus suegros, quienes ponían los ojos en blanco ante su interacción. Ambos eran abogados influyentes y siempre hablaban en jerga legal por diversión. —Me dan asco. Me voy —resopló Royce y se fue inmediatamente. —¿Qué le pasa? —Micky señaló hacia la puerta principal mientras se cerraba de golpe. —Está soltero, Micky; ¿qué crees que le pasa? —respondió Huxley mientras servía brandy para él y su padre. —Realmente necesita desahogarse —canturreó Micky y alcanzó una botella de vino—. Espero que tú y papá planeen reabastecer el minibar de Baby Bear. —¡Lo dice quien sostiene una botella de vino de diez mil dólares! —espetó Huxley. —¡Ese brandy cuesta tres veces más! —¡Ella lo guarda para nosotros! —¡Niños! —Beau y

