Narra Camila
Estaba en el lugar y en el momento indicado, todo lo que pasó tuvo una razón. Ahora agradezco que Margot Preston haya llegado al hotel, agradezco haber quemado aquel vestido de marca y que me hayan corrido.
Aquella niña me hizo reaccionar de forma positiva, sabía lo que pasaría, sabía que correría tan pronto tuviera oportunidad; algo me decía que iría con aquel pequeño gatito blanco. No pensé en el tráfico, solo pensé en retenerla antes que algo trágico ocurriera. Todo pasó ante mis ojos en cámara lenta, pero al tiempo, muy rápido.
—¡Espera! —grité extendiendo mis manos hacia la niña.
Todos se alarmaron con mi grito, no se habían percatado, pero era tarde para ellos; yo estaba más cerca de poder alcanzarla. La niña no me escucha, sigue corriendo sin percatarse de los autos, hasta que la bocina de un vehículo se escucha fuerte. Mi corazón acelerado, mis nervios al mil y mis ojos enfocados solo en ella, fueron lo que me hicieron evitar una tragedia, tuve chance de alcanzarla; me lancé hacia la pequeña, la tomé de uno de sus bracitos y la abracé con fuerza, la cubrí con mi cuerpo escuchando aquella bocina sonar detrás de nosotras.
En mis oídos escuché un zumbido incómodo, tenía a la niña con fuerza entre mis brazos.
—¡Señorita Clara! ¡Señorita Clara!
Los hombres corrieron rodeando a la niña, supe su nombre en ese momento, Clara.
Muchas personas se alarmaron por lo que estuvo por ocurrir, más de uno tenía sus manos en su cabeza impactado.
—Pequeña, ¿estás bien? —dije aun con la niña en mis brazos.
Quería verla para saber si estaba bien, pero no tuve oportunidad, aquellos hombres la tomaron de mis brazos y se la llevaron.
—Dios, señorita ¿está bien?
El conductor del auto que casi me arrolla sale para ver que esté bien.
—Sí, estoy bien.
Me puse de pie y limpié mis piernas, tenía un par de raspones, pero nada grave.
—Eso estuvo cerca, no la vi, esa niña… ¡Dios mío! ella salió de repente. De no ser por usted, no sé qué sería de mí en este momento.
No era culpa de conductor, pero igual, esa hubiese sido una tragedia.
Me alegra saber que la niña estaba bien, todos esos hombres se pusieron como locos y la llevaron al interior del hotel, todos estaban preocupados, en especial la joven.
—¿Quiere algo? Dígame, ¿necesita que le compre alguna cosa?
—No señor, de verdad, estoy bien.
—Dios la bendiga, joven. De no ser por usted… no quiero ni pensarlo.
Tampoco yo quisiera pensar algo tan terrible.
Volví al otro lado de la calle sintiendo las miradas de las personas, recogí mi bolso y lo sacudí un poco. Tenía un leve ardor en mi piel magullada, pero sanará en un par de días.
Miré la hora y estaban por ser las cinco, ¡Carajo! Tenía que darme prisa.
Fui por mi bolsa arrastrada y continué mi ruta, los dueños de la floristería me esperaban.
—Buenas tardes, soy Camila Wellington. María me dijo que…
—Hola, Camila ¿Cómo estás? Estábamos esperando por ti. Yo soy el señor Yang y ella es mi esposa.
Una mujer mayor sale del interior del lugar y me saluda.
—Lamento la tardanza, pero tuve un pequeño incidente en el camino.
—Entra, hija. Estás en tu casa.
La floristería era pequeña, pero estaba tan bien ambientada que lo hacía un lugar bastante acogedor.
—Gracias, es muy hermoso el lugar.
La señora me da un poco de té y sigue armando un lindo ramo de rosas.
—Señores Yang, vengo porque necesito trabajo, María me habló bien de ustedes y me dijo que…
—Escucha, Camila. En este momento no estamos buscando a nadie, no hemos tenido buenas ventas últimamente y por eso tuvimos que despedir una parte de nuestro personal.
Mis posibilidades se desvanecían ante mis ojos, miré hacia afuera y la noche estaba llegando.
—Puedo hacer cualquier cosa —dije insistiendo—. Sé cómo cuidar flores, en mi antigua casa cuidaba de un precioso jardín que teníamos. Conozco de muchas flores y todo tipo, de verdad, puedo hacer lo que sea.
No tengo a donde ir, necesito quedarme en un lugar seguro, por lo menor por hoy.
—Tenemos cosas por hacer, bella joven, lo que no tenemos es dinero para pagar por tu trabajo.
Estaba entre la espada y la pared, pero al pensarlo bien, lo que en este momento necesito, es un lugar seguro.
—No me den dinero, si me da un espacio en el que pueda dormir, yo hago lo que diga.
Los señores parecían sorprendidos por mi respuesta.
—Oh, eso no sería justo para una niña como tú, eres muy joven, puedes estar en otro lugar donde puedan pagarte lo justo.
—Señora Yang, de verdad, estoy necesitando el empleo, no tengo a donde ir.
La señora mira a su esposo y este es quien toma una decisión.
—Está bien —responde el señor—. Siendo así, te ayudaremos y tú nos ayudarás a nosotros.
Sonreí feliz, lo único que quería era un lugar seguro en el que pudiera pasar la noche.
—Claro que sí, no se arrepentirán, de verdad. Soy alguien de fiar. María me conoce, pueden preguntar por mí.
—Ya lo hicimos, nos dijo cosas muy lindas sobre ti; entre eso, lo que pasó con el vestido. Así que no hay de qué preocuparnos, aquí no hay nada que planchar.
Los señores Yang me dejaron dormir en una pequeña habitación que tenían desocupada dentro de la floristería, cuidaré del lugar.
Dos días más tarde sigo en la floristería, cambié un par de cosas afuera porque creo que su decoración tan antigua le quita vista, no es que sea fea; pero deben captar la atención.
—Señor Yang, las personas pasan y deben notar que es lo que hay aquí. Digo, son flores de colores, imposible de no notarlas, pero están ocultos, más porque la cafetería de al lado les quita vista.
—Está bien, está bien… Cambia lo que quieras, te lo dejo a ti.
—¡Muy bien!
Cuidé las flores del jardín de la casa de mi padre por hobbie, de verdad que era de mis mejores pasatiempos.
Moví algunas materas enormes de la entrada y despejé todo el espacio, pinté con colores pasteles el cartel de la floristería Yang y adorné con las mismas flores del local; hice un mostrador de arreglos desde los más sencillos hasta los más grandes.
—¡Mira que hermoso!
La señora Yang preparaba las flores mientras me veía mover las cosas una y otra vez.
—Haremos unas tarjetas, ofreceremos nuestro servicio para decorar fiestas, casas. Usted hace arreglos preciosos, debería aprovechar ese talento para compartirlo con los demás y ganar dinero por eso.
—No creo que alguien pague por cosas así.
—Claro que sí, conozco personas que pagan por decorar sus casas semanalmente con flores naturales.
Me he propuesto ayudarles, hay mucho potencial en este lugar, de verdad quiero que su negocio se haga más grande.
—Camila, que bonita energía tienes. Fue una bendición que llegaras para darnos esa iniciativa tan bonita para el negocio.
—No es nada, de verdad.
El lugar quedó muy lindo, los señores Yang quedaron muy contentos con el resultado. Esa noche me invitaron unas ricas pastas que hace la señora, la verdad me siento muy bien con ellos.
—Cami, de verdad estamos muy agradecidos contigo, no tenemos como pagarte.
—No es nada, lo hago con todo el gusto.
Seguíamos comiendo, pero sentía que el ambiente se ponía tenso.
—¿Sucede algo?
—Sí, cariño —responde la señora.
Sabía que no todo podía ser tan perfecto.
—Esta mañana recibimos una llamada de nuestra hija, ella lleva mucho tiempo insistiendo en que vendamos el negocio y regresemos a China con ella. No es que seamos tercos, pero aquí tenemos todo lo que necesitamos, pero ahora que las cosas no van como queremos, estamos considerando lo que nuestra hija dice.
—Oh, señores Yang, eso me toma por sorpresa.
—Cariño, encontramos un comprador, lo más seguro es que en una semana cerremos el trato y volvamos con nuestra hija, ya estamos viejos y tenemos que dejarnos orientar de nuestros hijos. Si gustas, podemos hablar con el nuevo dueño, te recomendaremos muy bien.
Sonreí ante lo que dijo, pero en el fondo no estaba a gusto.
—Oh, si… eso sería perfecto.
Estaba tan animada con este lugar que ahora vuelvo a ese mismo desgane de antes, tendré que seguir mi camino en busca de otras alternativas para mí.
Las pocas cosas que tengo, las guardé en mi bolso sabiendo que en cualquier momento saldría de aquí y no regresaría, no puedo quedarme con los brazos cruzados.
Al otro día, estaba organizando el lugar, tenía que entregar un ramo de rosas blanca a una chica. En mi cabeza estaba ordenando mi cronograma, iré por un par de periódicos y tachar empleos, iré al café de al lado para saber si necesitan personal o al hotel del frente, estaba buscando opciones.
—Buenos días —dice un hombre de traje elegante entrando a la tienda.
—Buen día, bienvenido a Floristería Yang.
—¿Usted es Camila Wellington?
Fruncí mi ceño y detallé al hombre que nunca había visto.
—Sí, soy yo.
—Señorita, necesito que venga conmigo.