Entraron al elevador y presionaron el número que los llevaría a la suite presidencial donde se estaba quedando Fabricio solo por esa noche, si sabía de la muerte de su guardaespaldas personal o no, era irrelevante porque Zoe estaba muy segura de que no desaprovecharía la oportunidad de estar con una mujer de bonitas curvas, además Zoe había cambiado mucho y dejo de utilizar los vendajes en el pecho para aplastar a sus niñas, ahora las lucía con orgullo aunque eran molestar por momento a la hora de pelear, pero nada que no se pudiera resolver con un buen sostén. – ¿Qué hacen aquí? – preguntó un guardia de seguridad al verlos salir del elevador. – Vengo a dejar la encomienda del señor Beltrán. – le dio una tarjeta de un prostíbulo que no existía. – El señor no nos informó sobre la llegada

