Los días pasaron y los dos turistas seguían en sus vacaciones y un romance de ensueño, para los que los observaban juntos parecían unos recién casados en luna de miel. Salían a comer gelatto, visitaron museos, La Galeria Uffizi, escucharon la explicación de como nació El Venus de Botticelli, La Anunciación de Leonardo Da Vinci, diferentes obras de Miguel Angel, también tomaron el tour de La Academia , otra galería famosa, de hecho fue divertido para Mauro que le hacía distintas hipótesis sobre porque El David tenía el pene tan pequeño, mientras ella reía y se tapaba su boca y la de él para que no siguiera hablando e interrumpiendo al guía turístico que los regañaba con el rostro rígido. Dieron paseos en el río Arno, caminaron EL Ponte Vecchio y desde allí observaron atardeceres, se besaban y jugaban de manos como niños. Planificaban todo el día antes para acordar hora de verse, las noches que dormían separados, puesto que desde aquel día Mauro mantuvo la habitación en el hotel Palazzo Guadagni era ahí donde se llevaban a cabo los encuentros sexuales de aquel par. En esos pocos días estaban tan compenetrados, que aún con el acuerdo de nada de sentimiento y que era una aventura casual, se les estaba complicando la cosa a ambos, aunque no se lo hicieran saber al otro. Mientras estaba en su cuarto Mauro la pensaba, le hacía falta e imaginaba su olor sin ella estar cerca. Por otro lado Pía no estaba diferente, lo soñaba en las noches sola y anhelaba estar con él en aquel otro hotel que se había convertido en la guarida de aquel intenso romance.
— Y que te parece este traje? Guapo— Inquirió La turista. — Es que no se como vestir sino me dices a donde nos dirigimos— el paso a su lado y le dió un beso en los labios.
— Algo así esta bien, que sea fresco y de verano. Recuerda poner en tu bolso ropa extra y un traje de baño, creo que ya te di una idea de a donde vamos— dijo mientras acomodaba varias cosas en el bulto pequeño, de mano, lo cerró, lo puso frente al espejo y se paró tras ella.
— Cariño, te ves preciosa con cualquier cosa que te pongas, deja de dar tantas vueltas—
Se dejaron de llamar por el seudónimo que se habían adjudicado al inicio sin siquiera darse cuenta, ella lo llamaba guapo y el siempre se refería a ella por cariño. Por eso siempre que iban a restaurantes o personas los veían en sus paseos, los halagaban diciendo que eran una hermosa pareja. Ellos agradecían sin mucha explicación, porque era complicado y pensarían que eso solo lo harían dos pervertidos sin oficio. La realidad quizás no estaba lejos de ese pensamiento, según el juicio de Pía, su vida era muy orgánica sin restricciones su madre siempre trato los temas con tanta naturalidad, que para ella el sexo era una cuestión fisiológica y necesaria. En cuanto a Mauro nunca había sido muy libertino, claro que tampoco tenía celibato, sí hubo encuentros casuales con chicas pero no de cambia y cambia de una a otra o ser mujeriego empedernido. Era muy dedicado a su trabajo, de hecho, ambos lo eran eso lo compartían en común pero por regla no hablaban de a que se dedicaban, por tanto ninguno se enteraba de cuanto amaban sus carreras.
Mauro alquiló un auto, de esos pequeños un mini cooper, color rojo para llegar al lugar que aguardaba por ellos para ser testigo de sus eroticos encuentros.
__ En serio iremos aquí?— la pelinegra estaba fascinada con el pequeño monstruo de metal que aguardaba por ellos frente al Hotel.
— Si cariño, es retirado el lugar al que vamos, no muy lejos, nos tomara algunas dos horas llegar—
Iba inmersa en el paisaje, admirando la belleza natural y pensando si despues de toda esta experiencia sería la misma chica, definitivamente no lo sería, se daría cuenta en algún tiempo.
— En que piensas? Te ves perdida como en otro mundo— ella no quería dar a entender que realmente le daba vueltas a la pequeña relación que tenían, así que mintió.
— Es que es un paisaje hermoso y me encanta sentir el aire en mi cara. Si a donde vamos se parecerá a esto, en eso pienso—
— Sera maravilloso, ya veras.—
Arribaron al cabo de las dos horas. Habían hecho parada para comer ya que no habían desayunado, comieron y compraron algunos refrigerios para el camino.
— NOOOO! Es en serio? Me trajiste a la playa!! Amo la playa!— El tomo nota mental como si fuera a serle útil el dato en el futuro, cosa que sabía no estaba ni tibio, pero le dió importancia.
— Me alegro que te guste cariño, ven baja tengo un área reservada para que el pasadía sea espectacular. Y si nos llega la noche nos buscamos una habitación en alguno de los hoteles de la zona—
— Oye que eres una especie de magnate o que? Desde que nos conocimos casi no me has dejado pagar nada. Mantenemos una suite para vernos, más no has entregado tu habitación de tu hotel original. Que eres un magnate de Dubai o algo así?—
Mauro se carcajeó mirándola.
— No pero no me va mal, hasta ahora, así que no me doy mala vida— le miró con ojos coquetos y abanico las pestañas. — Y tampoco pienso darte mala vida el tiempo que esto dure.— La contemplaba con algo de ilusión, dentro de él esperaba que aquella chica cambiara las reglas y así conocerse a fondo. La verdad moría por saber su verdadero nombre, pero no iba a ser él quién diera el brazo a torcer y pidiera algo más. Ella por su parte esperaba alguna pregunta, que explotara y le preguntara su nombre, pero eso nunca llegó.
— Waooo…Que considerado, quiero un collar de perlas y unos Loubotin negros antes de irme— puntualizó sarcástica mirándole con una ceja arqueada.
— No me tientes que si lo estas diciendo en broma o por fastidio cuando lleguemos tendrás los regalos en el hotel de Florencia— la hermosa achicó los ojos junto a una boca de pato, en señal de clara desconfianza. El varón tomo su móvil marcó y cuando contestaron le dió instrucciones.
— Eugenia, necesito que compres el collar más hermoso que encuentres de perlas y unos zapatos Loubotin— volvió la vista hacia Pía, tapó el auricular con la mano, y susurro —Que talla usas de zapato?— lo miraba como si de pronto le hablara en otra lengua desconocida para ella.
— son talla 7— dijo ya sin gracia el chiste se le había acabado, pues eso le hacía falsas expectativas y tenía claro que no debía ilusionarse con aquello.
— Eugenia los zapatos son de talla 7, color n***o, marca Loubotin ah y que sean de la última colección. Lo vas a enviar al Hotel Palazzo Guadagni suite 1002, copiado todo?— recibió el afirmativo por parte de la asistente y corto la comunicación.
— Continuamos?— extendió la mano para tomar la de la fémina. Esta se dejo pero un tanto sosa. Luego de caminar unos minutos llegaron a una cama frente al mar con una pergola que por arriba caían telas de mayas, estilo boho, y una mesa para cócteles, varios almohadones de diferentes tamaños en colores claros, la hermosa no pudo más y verbalizó.
— Era una broma, no era necesario que hicieras eso.— él la observó con burla y cariñosamente le dijo.
— Fui claro cuando dije que no me tentaras y tu cara de sarcástica me dijo que te hacía falta un escarmiento— a los ojos de ella sonaba engreído y un tanto mandón. Pero no daría tanto pensamiento aquello habiendo tan buen clima a su alrededor.
— No pienso desperdiciar el maravilloso día riñendo contigo por algo que seguramente no voy a ganar— cruzó los brazos bajo su busto y los orbes de Mauro cayeron automáticamente en esa área, ahora aprisionada y luciendo más grande. Acto que no pasó desapercibido por la pelinegra. Burlona miró abajo y volvió a conectar sus vistas y poco a poco fue sacando su bikini del bolso que llevaba y con voz melosa…
— Donde encuentro el baño Sr. Mandon?—
— Oyeee ese es uno nuevo! Ya no más Guapo ehh?— tenía una mirada de mofa, la chica divertida contestó.
— Bueno es que eres un mandon muuuuyyyy guapo…— acerco sus labios, pero no dio el beso, para luego caminar remesiendo el culo, dejando al macho embobado. Iba a cambiarse al baño que estaba apartado para el área VIP.
— Condenada mujer, ya después se las cobro en la cama— susurraba solo observándola, mientras una muy impresionada mesera acercaba una gran botella de agua en una hilera junto a un menu de pasabocas, cócteles y vinos espumosos refrescantes para la temperatura.
— Buongiorno bello, qui lascio la tua acqua e il menu. Vuoi qualcosa da bere?— Lo miraba de arriba abajo detallándole, cosa que no paso desapercibida para el apuesto hombre.
— Sì, una bottiglia di Moet Champagne per favore e delle a tapas capresi, anche un insalata di gamberi— le contestó sin darle mucha importancia al hecho de que lo comía con sus pupilas impregnadas en él. Se acerco a él insinuante, tenía una blusa apretada de tirantes finos y los senos casi se le salían, era bonita eso no se podía negar, pero el no estaba interesado. No se percataba de lo que se avecinaba.
En eso venía una despampanante mujer con un hermoso bikini rojo y una traje largo, n***o y transparente. La podía ver por encima del hombro de la empleada que mientras, creía que aquel gesto de deseo que hacía acto de presencia en el rostro de aquel semental era por ella, atrás suyo venía la hermosa pelinegra moviendo sus caderas al mismo son que se había ido.
La turista se daba cuenta de la escena durante su caminata desde los vestidores, algo se le removió e inmediatamente descarto cualquier ápice de sensación y mejor pensó en divertirse un poco con la chica.
— Ciao, amore mio vedo che si prendono molto cura di te— Acto seguido pasó su mano por el pecho del hombre y miró con coquetería a la mujer. La chica abrió mucho ojos, en ese momento pensó que esa esposa armaría un escándalo y terminaría despedida por calenturienta. Pero estaba tan lejos de la realidad. Por otra parte Mauro capto inmediatamente la actitud de Pía y estaba siguiendo su juego, por lo que le plantó un beso muy sugestivo en la mejilla , la atrajo a él por la cintura apretándola a su cuerpo; entretanto le hablaba con sus ojos llenos de lujuria a esa empleada. Si ella quería calor ese par se lo daría…