Capítulo 5

2898 Palabras
— Oye y tu donde te habías metido que no contestabas ese bendito aparato ehh— Elena se escuchaba molesta por yo haber desaparecido todo el dia. — Amiga estaba cumpliendo todo lo que me pediste al pie de la letra, cada una de las instrucciones— la escucho reír y se con lo que me viene, la conozco como si la hubiese parido. — Ajaaa bueno pues quiero todos los detalles sucios ahora mismo— — Pues comencemos por decirte que no puedo darte muchos detalles sucios, porque no lo recuerdo.— bufo como si de un mal chiste se tratase. Y la realidad era que no me había puesto a hacer memoria por estar de paticaliente con el turista. Que realmente si me movía el piso. — QUEEEEE???? COMO QUE NO TE ACUERDAS DE NADA PIA TUCCI?— Alejé el teléfono para que no rompiera mi tímpano con sus gritos. — Así como te lo estoy diciendo. Una copa llevo a la otra y… te acuerdas el chico que te conté del avión? Pues resultó que también me lo encontré después de cortar contigo y bueno el resto es historia amiga— la escuche quejarse pero no podía inventar detalles que no recordaba realmente. — Sabes que es lo peor que no me quería acostar con él, al menos cuando estaba sobria. Mi yo borracha parece que no opinaba lo mismo.— — No no no Piaaaa, carajo no debías beber hasta ahogarte, que tienes quince años?— me reclamaba sin parar. — AY ya Elena, te tengo un chisme mejor. He conocido un guapote que esta para morirse, sabes que? No lo tuve que perseguir para coquetearle el solito vino a mis pies querida. Como te quedo el ojo? Eehh— — Ahora si, dame detalles como se llama? Que ha pasado? Cuando lo conociste? Lo tiene grande?— Parecía una cotorra parlanchina, hacia preguntas al azar. — Calma pueblo, primero, no ha pasado mucho simplemente me acompaño a desayunar. Segundo, decidimos no darnos nuestros nombres, yo soy La turista y el es El turista, tercero, lo había visto en el bar la noche que fui con Lud y después fui a desayunar y ahi estaba. Cuarto noooo me he revolcado con el todavía Elena.— — Bueno es un buen inicio, mantenme al tanto de ese Corin Tellado— al menos lo tomo bien y se quedo tranquila. Nos despedimos y me fui a preparar, luego quede en salir con el chico guapo, El turista, íbamos a comer y luego donde la noche nos llevara… sus palabras exactas. Esperaba que fuera tan rico en la cama como lo era a la vista. Y hoy si estaría sobria para acordarme de todo lo que aconteciera. ******************** Lejos de aquel mágico lugar afrodisiaco una chica ilusionada esperaba la llamada de un guapo chico con el que había estudiado en la Universidad y comenzaba a salir luego de tiempo de verse por sus amigos en común. — Por que no llama, dijo que se mantendría en contacto conmigo.— — Cálmese señorita Valles, quizás ya pronto se comunique con usted— — Marla es que me cae tan bien y no quiero perderlo, ese guapo era uno de los hombres mas populares en la Facultad. Imagínate si nos emparejamos.— — Tal vez le paso algo— — Niña que la boca se te haga chicharron, como vas a decir eso. Basta de chachara, lleva estos documentos que necesito que papá los revise para someter toda la documentación y que comiencen la construccion del nuevo crucero— — Si señorita Valles enseguida me pongo en eso— Aquella secretaria escapó rauda y veloz de la oficina de su jefa para hacer lo que le encomendaron. Mientras la guapa mujer se debatía en si llamarle o esperar la llamada del apuesto caballero. Estuvieron saliendo un par de veces luego de graduarse y mientras estudiaron también lo hicieron esporádicamente. Nunca habían formalizado o etiquetado la relación, pero si era algo más que amistad, eso era claro. Decidió dar espacio, él había dicho que necesitaba estar tranquilo, el trabajo lo arropaba y concluyó que lo mejor era tomar un tiempo en algún lugar tranquilo. Allí lo esperaba una aventura que revolcaría muchas cosas en su interior y definitivamente no llegaría siendo la misma persona, eso el no lo sospechaba, ni aquella mujer tampoco. ************************ — Hijo necesito que termines los pendientes en Florencia y vengas. Se realizo la junta mas importante y logramos que cerraras el trato. Tengo unas situaciones que necesito que veas, Lud tienes que venir ya. Que haz hecho estos días adicionales ahi?— Se cuestionaba aquel padre sin entender que el hombre quedó flechado por una joven pelinegra de ojos brujos que el no sacaba de su mente y necesitaba encontrarla. Ludovico había estado llamando a Pía, pero la tierra parecía habérsela tragado después de aquella noche de desenfreno y lujuria que compartieron. Pasó en más de una ocasión por su Hotel y no obtuvo ningún resultado. Frustrado y decepcionado lamentó de no haberla vuelto a ver y dándose por vencido decidió hacerle caso a su padre y regresar. Era un empresario y no podia darse el lujo de descuidar su patrimonio. — Tranquilo papa, volveré en el vuelo de la mañana. No te preocupes, ya nada me detiene aquí— Resopló y su padre percibió algo que interpretó inmediatamente como una mujer. Era un zorro viejo y sabía por experiencia lo que era amar a alguien y tener que dejarla por razones mayores. — Hablaremos acá Lud hijo, cuídate y ten un buen viaje— — Adios papa, nos vemos mañana. Te quiero.— — Y yo a ti hijo y yo a ti— Cortaron la comunicación cada uno envuelto en mil interrogantes. ********************* El turista llegó al punto de encuentro a la hora acordada, esperaba a la hermosa chica pensando en que esa noche y las subsiguientes sería solo cuestión de sexo y un buen revolcón que luego quedaría en su memoria sin mucha importancia. La realidad era muy diferente a eso, puesto que esta pequeña pelinegra se había instalado en sus pensamientos desde el día que la vio en la discoteca y capto su atención instantáneamente. Al estar acompañada ese día decidió no hacer ningún movimiento, ahora tenían un acuerdo un tanto raro y sugestivo que lo tenia inquieto y ansioso. No iba a negar que se la quería coger, era una ridiculez decirse así mismo que solo irían a los museos y las plazas. El deseaba tenerla y esa noche esperaba que ella accediera, tal y como había dado a entender mientras desayunaba. — Hola El turista, estas muy concentrado en ese paisaje, que tanto piensas?— este giro su cabeza y ahí estaba la diosa. Tenía un traje blanco ceñido al cuerpo con un hombro al descubierto y una flor blanca y plateada, fruncido al frente, que la hacia ver doscientas veces mas sexy que de costumbre . Unas sandalias de tacón alto plateadas amarradas a los tobillos y unas pantallas, en sus orejas, colgantes y con brillantes. Tenia un brillo en los labios que incitaba, al menos a la vista de Mauro, a comerle la boca, y un maquillaje no muy cargado, se veía fresca. Salió de su encandilamiento y sonrió ampliamente. — Waoooo, creo que los dioses perdieron algo. Estas preciosa.— — Gracias, esa línea te funciona siempre?— — Oye! porque tan prejuiciosa, que no te miraste al espejo al salir?— Pía se carcajeó y le dió un beso en la mejilla. El aprovechó y metió su nariz por su cuello y aspiró su perfume. Ella se estremeció en sus brazos. El guapo hombre vestía una camisa de botones negra a juego con el pantalón y la chaqueta del mismo color y sin corbata. Parecía modelo de lo apuesto que era y mas de una le estaban echando el ojo mucho antes de que Pía llegara a la cita. — Gracias guapo, tú también hiciste un buen trabajo. De seguro más de uno nos miraran con deseo. Crees que encontremos pareja hoy?— Dijo Pía con diversión y él la miro acusatoriamente. — Muy graciosa, hoy eres para mí aventurera.— Ella mordió su labio inferior y el no se resistió mas y le plantó un beso en los labios. Ella abrió y dio paso a esa lengua juguetona con sabor a menta y bastante diestra por cierto. La de Pía no se quedaba atrás, ella era espontánea y para nada tímida y eso atrajo a Mauro más de lo que el mismo hubiese querido. Él ya tenia una reserva en el restaurante Corte dei Pazzi, acogedor con paredes claras y de apariencia vieja, candelabros industriales y negros, manteles blancos y paredes con algunos espejos de marcos victorianos. Sillas de madera pintadas de blancas, algunas partes simulaban ser puertas en madera algo gastada, acorde con las paredes. — Te gusta? Sino podemos ir a otro lugar que prefieras.— Mauro esperaba la impresión de la joven en cuanto al lugar, lo escogió sin consultar y ahora no estaba seguro si le gustaría. — Si es muy bonito y mira eso— vio un platillo que una mesera entregaba a una mesa cerca de la recepción y se le hizo agua la boca. — Se ve delicioso, mmmm— ese pequeño sonido no paso desapercibido para Mauro quién la examinaba sin que ella se percatara. Eso despertó algunas fibras en su cuerpo que no suponían afectarse al menos por el momento. Llego la anfitriona y los saludo. — Buonasera, hai già prenotato?— pregunto la anfitriona y Mauro se apresuro a responder pero se percato que no podría dar su nombre, ya que según su acuerdo no se darían ningún dato personal, ni nombres. — Si a nome di…— cambio su vista hacia Pía y luego se acerco a la anfitriona invadiendo su espacio personal. Tanto Pía como la chica abrieron mucho los ojos pero él se acerco a ella para decir su nombre muy bajo en su oído y le advirtió que ellos no querían saber el nombre, uno del otro, hecho que divirtió mucho a la empleada. — Mauro Bertucelli, ma non dire il mio nomead alta voce, abbiamo un accordo per non dire il nostro nome— le susurro y ella asintió e hizo señas para que la siguieran. — puoi chiamarmi il turista— la chica volvió a mover su cabeza en señal afirmativa mientras separaba la silla para Pía. — Bon appetit— ambos ladearon su cabeza y ella se alejo. Pía regresó la mirada a Mauro y sonrió. — Oye hablas muy bien el italiano.— — Si lo estudié tanto en la secundaria como en la universidad. Siempre me ha gustado y por eso escogí venir a Florencia a pasar unos días — — Ya, pues fuiste muy buen alumno, lo que bien se aprende nunca se olvida.— — Así parece, pero hablemos de cosas mas importantes. Que te gusta hacer para divertirte? — Le pregunto para romper el hielo, le apetecía conocerla pero estaba claro que no podría hacer preguntas personales, procuraría ir por las ramas y conocerla sin profundizar en su vida, para no quebrantar las normas del trato. — Me gusta bailar, dibujar, hago ejercicios, me agrada correr bicicleta, lo normal, y tu que te gusta hacer?— — Pues leo mucho salgo a beber y disfrutar un buen vino, al igual que tu disfruto bailar, también me ejercito.— Pía miro sus brazos y mentalmente lo mordió pues era todo un adonis. — Eso salta a la vista— dijo coqueta y los pantalones de Mauro ya no se sentían tan cómodos. Aquella chica ya le había hecho descontrolarse dos veces y la condenada ni siquiera lo tocaba. Nunca paso por algo así, pero esos ojos eran unos malditos pozos que hipnotizaban. La manzana de Adan de su cuello se movió y ella supo que lograba en él su cometido. La cena continuo con charlas e insinuaciones de parte y parte el ambiente era tenso, pero no de mala manera, se instalaba una tension s****l entre ellos que los mantenía a la defensiva a ambos y sus miradas eran cargadas de un doble sentido a la par con sus palabras y el movimiento de Pía que de vez en cuando tomaba comida con sus dedos y luego pasaba su lengua por los labios y chupaba algún dedo. En cualquier otra circunstancia ese acto hubiese sido de mala educación y mas en una mesa, pero más de un caballero en aquel restaurante tenían la vista en esa pelinegra tan hermosa y sexy que disfrutaba esa cena con todos sus sentidos y cada parte de su cuerpo. Algunas la miraban con envidia pues sus acompañantes a penas les prestaban atención y para colmo el espécimen que la acompañaba era una categoría inalcanzable para viarias de ellas. La noche avanzó y cuando subió el tono de la conversación Mauro pago la cuenta, agarro de la cintura a la chica le beso el cuello, ella sonrió en su oreja y él simplemente la apretó. Ya no deseaba llevarla a bailar, aunque no quisiera era un caballero. — Que quieres hacer, tu decides, porque si me preguntas a mi ay— cerro sus ojos como si algo le doliera. Ella divertida sabía lo que sentía aquel hombre. — Que te parece si vamos a un bar en la azotea de algún hotel vemos la vista y nos calentamos un poco— eso ultimo fue un susurro sugestivo. El chico lo capto instantáneamente y aceptó. Esto prometía. Ya en el Loggia Bar a la luz tenue y en un sofa muy acogedor, Pía acerco su mano al pantalón de Mauro y eso hizo que el abriera mucho lo ojos. — No conocí a ninguna chica como tu antes y me gusta lo que veo— tenía deseo en su vista y se oscurecía de una excitación que era lo que Pía buscaba, calentar a ese hombre al punto que sudara en aquel lugar publico. Llegó a su paquete y el cerro los orbes por inercia disfrutando del toque de la bella acompañante. — Vámonos La turista, no soporto más tortura— suplicaba con la voz ahogada. — Tu hotel o el mío?— pregunto la coqueta. — No aguanto tanto, este hotel, voy a pagar la cuenta y bajo a que me hagan la reservación de una habitación.— Se levanto y la chica vigilaba entretenida y satisfecha con el resultado. Minutos después volvió El turista, extendió la mano a la hermosa. — Vamos cariño, haber si eres tan brava cuando comience el juego— Ella divertida tomo su mano y emprendieron camino a la habitación del hotel. Ella estaba en su pleno juicio y para nada nerviosa, sino deseosa. Llegaron al cuarto y la chica decidida a tomar el toro por los cuernos y demostrar que no se retractaría y ella sí era una chica caliente, entró primero. Cuando El turista cerró la puerta y volteó ella lo tomo desprevenido y lo arrinconó besándolo. El respondió el beso y la agarró por la cintura, pero ella fue mas rápida, se separo de él y lo tomo de un brazo bruscamente, tiro del hombre y lo hizo caer en la cama. El se sorprendió pero la dejo tomar control de la situación, para ver hasta donde llegaba. Ella se fue trepando a la cama a gatas y moviéndose sobre el como una felina quedando ahorcajadas sobre su bulto duro, el traje se alzo hasta sus caderas y el podía ver aquella tanguita blanca de encajes que le provocaba romper con los dientes. Se removió sobre el y el soltó un gemido, ella miro con una ceja levantada y llena de suficiencia. Se agacho y lo besó. Mientras le empezó a desabotonar la camisa y se sentó, lo atrajo para sacar la chaqueta de el al igual que la camisa abierta. Lo admiro memorizando cada detalle de aquel Dios griego que la calentaba, quito la correa y el botón del pantalón y lo abrió metiendo su mano dentro. El observaba extasiado con las acciones de la mujer. Ella se bajo de su cintura se acomodo entre sus piernas saco su falo, lo miro a los ojos y con una cara sugestiva paso la lengua desde el tronco hasta el glande. El hombre cerró sus ojos y disfrutó del oral que le hacía La turista. En sus pensamiento se grababa esa mujer que le estaba dando un placer que no recordaba haber sentido, donde carajo había aprendido a hacerlo así, que importaba solo bendecía al universo por el talento de esa preciosidad. Agarró su cabello la alzo, la beso y tomo su cintura para voltearla y quedar sobre ella. Desesperado subió ese traje hasta sacarlo por sus brazos y deslizó de sus piernas esa tanga que le quedaba pintada. Se sumergió de cabeza entre sus piernas era demasiado lo que aguantaba. Ella gemía y se retorcía. — Oye guapa, te cuidas?— pregunta que la saco de su nube. — Si claro— Acto seguido se enterró en ella, estaba desnudo pues sus pantalones habían caído de la cama mientras navegabas en las aguas de la pelinegra sexy. — aaaahhh siiiii— Y así estuvieron gran parte de aquella primera noche.
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