Maldecía y caminaba de lado a lado, tal animal enjaulado. Trataba de pensar en algún plan, pero en aquel cuarto de sótano, de aquel hospital, vió que se difundía su foto con su nombre real en todos los canales locales. Su acompañante ya no estaba de su lado, era cobarde y se sentía atemorizado por el desenlace de todo este desastre ocasionado por los dos. El pobre viejo atado a la silla de la covacha los observaba, sabía que en cualquier momento se sacarían los ojos el uno al otro. Todo apuntaba a que el hombre quería entregarse y delatarla pero ella amenazaba a ambos con una pistola y gritaba como desquiciada. No tenía idea que pasaba dentro del hospital pues desde allí no escuchaba o veía a la policía hacer su trabajo. Tampoco estaba segura de haber logrado su cometido, matar a esa

