Esperó varios minutos a que yo volviera a recomponerme, pero me estaba costando mirarle el rostro después y quería gritar, pero lo único que me salieron fueron lágrimas llenas de todo lo que me estaba comiendo por dentro desde que ese hombre me comenzó a atraer. Mi amiga se extrañó y se preocupó—. Dios mío, Amelly, ¿por qué estás así? —me trató de tranquilizar sobando mi espalda y yo no podía resistir lo que quería expresar mi cuerpo. Me eché hacia atrás y coloqué una de las almohadas en mi rostro, para poder soltarme más y mi hermano no fuese a escuchar donde estuviese, ya que él se preocupaba más que cualquier otra persona que yo llorase y sinceramente había estado aguantando la tentación de hacerlo sola. Pensé que distraerme me haría sentir mejor, que después mágicamente descubrir

