Devora Ir a buscar a Katherine a su casa siempre era una travesía digna de un libro o, según mis intereses y conocimientos, cualquier comedia romántica. Debía esperarla a unas cuadras de su casa, en nuestra esquina de siempre hasta que salía corriendo. Ese era mi momento para encender la moto y así ella se lanzaba encima y me gritaba dramáticamente "acelera por nuestras vidas", lo que por supuesto solo me ponía más nerviosa y me hacía ganar bocinazos de todos los autos a los que adelantaba. Ahora estaba ahí, fumando el cigarrillo de los cuestionamientos mientras ella de seguro estaba lanzándose por la ventana y cayendo en los arbustos de la rebeldía. Yo jamás había sentido las ganas o el inte

