En total, Violeta y Leontios tardaron diez días en recuperarse de su calvario lo suficiente como para arriesgarse a cruzar el desierto hasta El Cairo. Aunque el calor había amainado mientras se recuperaban, con máximas de sólo setenta grados durante el día, aun así optaron por viajar de noche, y aunque la luna había menguado considerablemente, Violeta podía ahora canalizar su luz, y brillaba como una linterna. De vez en cuando, Leontios hacía una pausa en su camino para señalar un nuevo punto de referencia. Prácticamente podía ver cómo sus tatuajes cambiaban para adaptarse a su nueva información. “Menos mal que tienes un excelente sentido de la orientación”, comentó. “No creo que volvamos a perdernos tanto”. “Nunca nos perdimos, Violeta”, preguntó. “Siempre supe dónde estábamos. Sólo no
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