CAPITULO 6

1514 Palabras
Las vías del tren partían el pueblo en dos. Bajo ellas había un túnel que las unía de forma directa. La gente solía pasar por allí a todas horas. Los gerentes de la estación no lo cerraban nunca. Era más seguro de esta manera para los habitantes del lugar. Carlos, como si fuera un niño pequeño, cogió a Sofía de la mano y echó a correr, haciendo que ella le siguiera a toda prisa. _Carlos, ¿Qué haces? –Dijo Sofía riendo a carcajadas. _Correr, ¿no lo ves? La hizo correr por todo el pueblo. Tras lavar la ropa y dejar las maletas en sus respectivos vagones-cama, se sentaron en un banco del interior de la estación, con una lata de refresco de limón cada uno. _¿Qué es lo que te hizo tenerle miedo a volar? –Preguntó Sofía a Carlos mirando el techo de la estación. __No lo sé. Siempre lo he tenido. –Le contestó Carlos. –Lo curioso es que recuerdo haber volado cuando era pequeño. _¿Qué hay de tu familia? ¿Tienes mujer o hijos? _No. Soy viudo. Nunca tuvimos hijos. No pudimos. _Lo siento. ¿Qué pasó? _¿Con mi mujer? – Sofía asintió con la cabeza. – Solo murió. Todo muy tranquilo. La joven madrileña se quedó callada. No sabía qué más decirle o preguntarle y él no estaba muy dispuesto a contestar sus preguntas. Se sentía incómodo con esas preguntas. _ ¿Y tú? –Preguntó Carlos. - ¿Qué más hay de ti? _No te entiendo. ¿Qué quieres saber? _Me contaste que te enganchaste a las drogas por lo que les sucedió a tus padres, que eso llevó a la muerte de tu abuela. Pero me da la sensación que las drogas querían tapar algo más que el dolor por la muerte de tu familia. _Si, supongo que sí. _ ¿Me lo cuentas? _No me apetece mucho ahora mismo. A cada minuto que pasaba, Sofía empezaba a ver a Carlos con otros ojos. Empezaba a sentir más confianza en él, aunque seguía habiendo algo en él que no terminaba de cuadrarle. Carlos, por su parte, confiaba plenamente en ella. Tenía un sexto sentido que le decía en quién podía fiarse o no.  Este don le acompañaba desde pequeño y lo fue desarrollando, sobre todo, en su trabajo. _Soy un hombre cerrado. –Dijo Carlos rompiendo el silencio que se había hecho entre ellos. – Como tengo que guardar tantas cosas con relación al trabajo y siempre termino tan cansado, me he acostumbrado a alejarme de todo el mundo. _¿Solo es por eso? _Cierto es que nunca se me dio bien relacionarme con otras personas. Supongo que eso siempre fue parte de mí, de mi personalidad. Disfruté de mi soledad, de no tener a gente a mi alrededor observándome, revoloteando a mi alrededor. Nunca quise que la gente se me acercara demasiado. Únicamente se acercó a mí mi difunta esposa. Tú, por lo contrario, parece que no eres así, que eres más abierta.  Al principio cuesta entablar conversación contigo, pero se puede hablar bien contigo en cuanto tienes confianza con una persona. _Cuando mis padres murieron, por pura inercia, me alejé de todo el mundo. ¿Por qué acercarme a gente, que, al fin y al cabo, iba a terminar muriendo o abandonándome? Supongo que terminé relacionando la muerte con eso, con el abandono. Carlos empezó a sentirse identificado con el tema. Siempre temió al abandono, a que alguien al que quisiera se fuera y le dejara solo. Nunca le dejaron solo. Sus padres le trataban bien, no tuvo problema alguno con sus amigos. _Me gustaría saber más sobre los motivos por los cuales te metiste en ese mundo tan oscuro, el de las drogas. Desde hace mucho me causa curiosidad. _Crecí. Me sentía sola. Como te dije, aprendí a aislarme de todo. Cuando alcancé edad suficiente para salir de fiesta, probé el alcohol y me ayudó a romper esa barrera que me alejaba de todo el mundo, incluso de mi abuela. _Convenciones sociales, por lo que parece. _Sí y no. Me hacía sentirme más cerca de la gente y, a la vez, lejos y segura. Pronto empezó a no ser suficiente. _¿Ahí fue cuando empezaste con las drogas? _Si. Un amigo me ofreció y yo acepté. El resto de la historia ya la conoces. _Por suerte no caíste en eso de nuevo tras la muerte de tu abuela. Sofía estuvo muy tentada a seguir con esa vida y así se lo contó a Carlos. Aunque, viendo lo sucedido con su abuela, que fue por su culpa, aportó de su cabeza esa idea. Por suerte, el tiempo que pasó en coma la ayudó a no seguir enganchada a esos malos hábitos. Cuando despertó, su organismo no necesitaba tanto esas sustancias como antes, pero aun así necesitaba ayuda profesional para no recaer. Estuvo en un hospital especializado durante un buen tiempo, durante casi un año. Al final de este encierro, entraba y salía del lugar a gusto. Le daban permiso para buscar trabajo y estudiar, pero los horarios eran muy estrictos y poco tiempo tenía para descanso, o las actividades de entretenimiento. Al final de ese periodo, una vez que Sofía ya tenía trabajo y estaba en el buen camino, la ayudaron a encontrar una casa para compartir y un buen trabajo. Por aquel entonces no estaba lista para volver a casa de su abuela. Tuvo que pasar algún tiempo para que estuviera el valor, para sentirse lo suficientemente bien y fuerte para regresar a la casa donde su abuela la había criado. No dejó nunca de ir a terapia para no recaer, sobre todo, en las drogas. Su etapa con el alcohol no fue tan fuerte, aunque debía mantenerlo también lejos. Probar un poco significaría coger la posibilidad de volver a ese camino que tanto le costó abandonar. _Entiendo. – Dijo Carlos tras escucharla con mucha atención. – has tenido una vida un tanto complicada. Por suerte, ahora tu vida ha cambiado. Supongo que, también, tus relaciones con la gente han tenido que ser un poco difícil por este tema. _Si, así es. Ya sabes. En cuanto la gente sabe qué clase de vida he llevado, se “asusta”, piensa que puedo hacerles cualquier cosa, que no he dejado esa parte de mi vida atrás... Bueno, … _Entiendo. Estas cosas son complicadas. Carlos se alegraba de que Sofía confiara un poco más en él. Sonreía y no sabía por qué. Se la veía más fuerte, más confiada. A medida que iba conociendo sus secretos, le iba gustando más compartir ese viaje con ella. Se veía que era una mujer fuerte que estaba trabajando en restablecer la confianza en sí misma y en los demás, de los que había aprendido a alejarse. _Eres estupenda. –Dijo Carlos levantándose, tendiendo la mano a Sofía La llevó a la calle para tomar el aire y estirar un poco más las piernas. No era bueno estar tanto tiempo sentados y eso, en el tren, el no caminar era un continuo. A golpe de megafonía, la compañía dio aviso de que el tren retomaba su rumbo, haciendo un llamamiento a todos los pasajeros que subieran a él para continuar con el trayecto. Carlos y Sofía regresaron a su vagón. Aunque había habido confidencias, el clima de confianza que se había creado entre ellos había hecho que las horas se pasaran volando y que ambos se sintieran muy bien en compañía del otro. Carlos se llegó a sentir un poco incómodo, aunque no demasiado. Esto le sorprendía. Había estado compartiendo confidencias con ella y había estado bien, sin sentirse mal por estar abriendo su alma o haciendo que otra persona le abriera su corazón a él. Curiosamente, en lo que se refería a él, todo estaba bien. También estaba contento porque sabía cómo se sentía aquella chica con la que compartía viaje, lo que para él era muy importante. Sofía ignoraba todo esto. Mientras ella se abría, a él aun le costaba hacerlo. Aunque estaba decidido a hacerlo, a fijarse en el comportamiento de su acompañante, todavía necesitaba un poco de tiempo. Nada más entrar en el vagón y dejar sus cosas, se sentaron tranquilamente con un refresco y siguieron hablando, compartiendo confidencias, aunque esta vez, eran un poco más alegres. Carlos le contó a Sofía cómo había conquistado a María, su esposa. _Todo empezó Con un tonto ramo de flores. Cada sábado, le llevaba un ramo de flores. No eran muy caros. Por aquel entonces, no tenía mucho dinero. Una de esas semanas, no tenía dinero para comprarle nada, así que recogí unas cuantas margaritas de un parque cercano a su casa. Cosas de la vida, que ella me vio. Yo no sabía que me había visto hacer esto. Cuando se las fui a dar, no tuvo otra reacción que no fuera darme un abrazo y, bueno, nuestro primer beso. _Muy bonito, sí. Sin embargo, los secretos de las relaciones que había tenido Sofía, prefería guardárselos para ella.
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