Capítulo 7

1464 Palabras
Capítulo 4: Entrevista incómoda. Parte I Gemma Stone. Siempre he dicho que mi trabajo es lo que me mantiene en pie cada día, en querer proseguir con lo que hago, realmente es lo que me impulsa a continuar a pesar de todo. Había tomado la decisión de aislarme, pero sentí que me iba a generar más daño yo misma y tengo que hacer algo por mí, no puedo estar estancada con Connor. Mis pensamientos se vuelven inestables cuando pienso en él, es el último pensamiento que tengo antes de ir a dormir, y es algo que me consume, que me pone muy triste. En las noches me pongo a buscar razones, respuestas en querer resolver las dudas que me carcome el alma. ¿Por qué? Siempre es la gran duda… ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? No lo sé… ¿Por qué no fuiste sincero? No lo sé… ¿Por qué fingías amarme? No lo sé… Creía estar segura en que Connor me amaba, pero no lo hacía, nunca lo hizo realmente. Solo vivíamos en un engaño, donde él supo aprovecharse de todo. Siempre fui ese objeto que llenaría su vacío emocional, que iba a satisfacer su miserable vida, que le daría todo aquello que su esposa no pudo ofrecerle. ¿Por qué mentir? ¿Qué ganas? Nada, siempre seremos vacíos al hacerlo. Destruimos aquello que nos ofrece la vida en una bandeja de oro porque nos aferramos al miedo, al “no creo merecerlo”, pero la gran pregunta es… ¿Qué es lo que realmente merecemos en esta jodida vida? ¿Quiénes somos para juzgarlo y no tomarlo? Simplemente, somos… seres vacíos. Eso que nos llena y nos hace felices, no todo el tiempo es para siempre, y la parte difícil no es asumirlo, es aceptarlo cuando alguien no es para ti. Siempre es lo más difícil, y hay muchos factores en ello. Está ese dolor, ese dolor en el pecho que es tan indescriptible para ti, que no sabes cómo explicarlo. Esa tristeza, esa tristeza que te alberga en todo el cuerpo que te hace sentir sin motivación de hacer una cosa. Y el amor, ese amor que le tienes a esa persona es tanto que no sabes qué hacer con él, si tratar de olvidarlo o dejarlo permanecer. Esa noche de la pasarela, esa noche… fue una de las peores de mi vida. Después de haber salido corriendo de ahí, me sentí tan sola y desamparada, a pesar que tenía muchas personas a mí alrededor, me sentí perdida y sin saber qué hacer, porque fue mi primer impulso desesperado de escapar de la realidad, en salir corriendo, no pensé en otra cosa que no fuera esa, y simplemente la hice. No me detuve al pensar en los demás, en él, en mí, porque si lo hacía sabía perfectamente que en esa estancia había dos corazones rotos que se lanzaron al precipicio. Su confesión de amor me hizo dudar de todo, me tomo desprevenida, no solo por lo que yo me había propuesto, también por lo que siento hacia Connor, estuve muy desesperada, no dejaba de imaginarme a él mintiéndome, usándome, siendo un simple pasatiempo para él. No fue real, es lo que quiero creer. Solo quiero que la persona que me hizo sentir todo eso, me quite estos pensamientos. Y es ilógico, de cómo queremos que la misma persona que nos lastimó sea la que pare ese mismo dolor que causó. Esa noche, me fui a dormir con el corazón roto y triste, con mi mente teniendo miles de pensamientos, y no hay nada peor que irse a dormir solos, con el corazón triste y roto. Son dolores que te acostumbras a ellos porque tienes una vida que seguir, y eso es todo… —¿Estás lista? —me pregunta una asistente de la revista que soy portada del mes. La miro a través del espejo y asiento. —Sí, solo dame un minuto y voy —le digo sonriendo. Ella asiente. —Un minuto nada más, recuerda que son varios cambios de ropa, más la entrevista, Gemma —me recuerda. —Está bien, ya iré… Ella me deja a solas en esa habitación, la sentí más vacía que nunca, están mi maquilladora asignada para la sesión de fotos y el estilista encargado de mis atuendos que no dejan de comentar sobre una colección de ropa que voy a modelar. Me observo en el espejo y mis ojeras no se notan casi, traté dormir tranquila días antes, a pesar que mi cabeza ha estado trabajando a mil horas por cada segundo del día, simplemente me tomaba un té para calmar mis ansias de querer saber de Connor. No puedo negarlo, todavía lo amo porque no es algo que desaparece de un día para el otro, nunca ocurre así, toma su debido tiempo hacerlo, la herida toma su tiempo en sanar. Connor simplemente no ha ayudado mucho en ello, digo, no ha parado de llamarme, dejarme mensajes de texto y por buzón de voz, y yo no me he detenido en querer dejar de hacerlo tampoco, he leído cada uno de sus mensajes y he escuchado los buzones de voz, deteniéndome a pensar que lo extraño demasiado… Su voz, su risa, todo él… Niego para mí misma y salgo de la habitación con la maquillista y estilista siguiendo mis pasos. Camino por toda la casa que nos encontramos para la sesión de fotos, y llego al lugar donde comenzaríamos. Todo el equipo se encuentra preparando la iluminación, el ambiente, todo. Es tan maravilloso este lugar. —Gemma, querida, luces muy hermosa —dice el fotógrafo entusiasmado, besa mi mejilla para luego alejarse un poco y detallarme nuevamente—. Gracias por hacer un trabajo increíble, chicos. Siempre están sorprendiéndome. Le dice él a las personas que se esmeraron en arreglarme. Ellos agradecen por el cumplido. —Con o sin maquillaje, sigues siendo un hermoso ángel —me halaga—. Me siento muy satisfecho que seas la cara en la portada durante este mes. —Para mí es un honor y placer serlo —le digo entusiasmada—. Lamento si me negaba muchas veces, pero es que mi agenda estaba muy llena. Le resta importancia con una mano. —Tranquila, siempre hay tiempo para todo, lo importante es que ya estás aquí. A pesar que el año pasado también fui cara de esta portada por un año, hacerlo por año consecutivo me hace tan feliz. —Es bueno tener a mujeres exitosas como tú en portadas —dice, yo asiento dándole la razón—. Dejemos la charla para después, comencemos con la acción. Y así hicimos, las horas pasaban lentas, y todo es una locura. Poso con toda la seguridad del mundo, centrada en la cámara, me hacen reír desprevenidamente y capturan la foto, y también el momento, porque no solo estoy siendo fotografiada, sino también documentada. Cambios de vestuarios pasan a continuación, maquillajes a los más ligeros y llamativos, peinados… he perdido la cuenta de cuantas veces lo hemos hecho. Todo parece tan irreal que me gusta. Me siento tan cómoda con todo, fluye tranquilamente, de manera profesional y liberal. Este es mi lugar. No dejo de pensar que nada en el mundo me puede hacer abandonar mi trabajo, digo, desde que tengo uso de razón es a lo que me he dedicado siempre, y por nada en el mundo quiero dejarlo. Yo pertenezco aquí, nací para esto. Así pasaron horas de trabajo, hasta que culminamos de manera exitosa. Yo quedé feliz con el resultado, que a pesar que fueron muchas fotos, me gusta cada una de ellas. Hicimos una pausa donde me permitieron descansar un poco y comer algo, mientras lo hago van arreglándome para la entrevista, que sinceramente, quiero evitarla. Tengo mis grandes razones, porque sé que me preguntarán cosas de mi vida personal que me harán sentir incómoda. Soy muy consciente de ello, y también que voy a estar documentada, me pone un poco nerviosa eso. El look que me realizan es simple, sin exagerar y muy natural. Una coleta alta recogida perfectamente hace resaltar mis facciones de manera delicada. Y la vestimenta es muy cómoda y sencilla, siendo un mom jeans y una camisa manga larga de color crema amarilla, todo es tan simple que me gusta demasiado. No es llamativo. Al terminar, me llevan al lugar donde se lleva a cabo la entrevista. Me siento en uno de los sofás que se encuentran en la estancia, mientras arreglan mi cabello nuevamente. Al frente de mí se encuentra la entrevistadora que también arreglan antes de iniciar. Nadie quisiera salir mal en una entrevista que es documentada. Nos dejan de arreglar y ella asiente, dando la autorización que comiencen a documentar.
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