El tema de las rosas no había terminado para Erik, hacia preguntas indirectas. Era obvio que quería saber quién me había dado las rosas blancas, pero no tenía planes de contarle absolutamente nada, ya no tenía caso hacerlo, es agua pasada. Esta mañana en vez de salir a desayunar, decidimos quedarnos, por lo que decidí preparar tostadas francesas. — ¿No me dirás? Suspire y tome asiento a su lado. — ¿Qué quieres que te diga? — Sobre las rosas. — ¿Y qué vas a hacer si te digo? Solo te mortificaras en vano. — Yo ya estoy mortificado, aparentemente alguien quiere robarse a mi chica, ¿quieres que me quede de brazos cruzados? Esboce una pequeña sonrisa. — Nadie va a robarse a nadie. Me causaba un poco de gracia todo esto, pero al parecer a él no. El tono de mensaje de mi teléfono capto

