VEINTISEIS

1640 Palabras

Sus labios entre mis piernas me deleitaban, la sutileza de su lengua sobre mi clítoris me desconcertaba y extasiaba de placer. Trataba de guardar silencio, sin embargo, era algo imposible, por suerte, estábamos solos en casa y nadie podía escucharnos. Alce mis caderas buscando aún mas de él, mordiendo mis labios intento hacer el menos ruido posible, y exactamente cuando estaba al borde del orgasmo, sus labios me abandonaron. Odiaba que hiciera eso. — Están marchitas tus rosas — murmuro contra mi piel, mirando las rosas blancas que decoraban la mesita de noche. — Sí — susurre sin aliento. — ¿Quieres que las cambie? Puedo traerte unas más coloridas... Y vivas. Mire las rosas que me rehusaba a tirar, sin embargo, ya ha sido suficiente. — Me gustaría. Sus labios ladearon una sonrisa a

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