Vicenzo. Guido no dejaba de caminar de un lado a otro frente a mí y estaba más que seguro de que estaba tratando con toda su fuerza de voluntad de no estrangularme con sus propias manos gracias a lo que le acaba de soltar o mejor dicho lo que Alex había dejado en el aire para que yo terminará de contarle. ─Es que... no me lo puedo creer Vicenzo, se supone que tu eres el inteligente de los dos, el hombre que no está tras ninguna mujer, el hombre que le da igual todo, pero aún así la has traído a Italia a la fuerza solo porque eres un maldito psicópata que no podía continuar con su vida sin que ella estuviera de por medio ─sus ojos estaban sobre los míos y por primera vez era una mirada dura y no fe esas de juego a las que él estaba acostumbrado. ─Cuando estábamos en el avión pensé en dej

