Un año después, el nombre de Eclipse Nocturno no solo era reconocido, sino que dominaba las listas de éxitos en todo el mundo. Lo que comenzó como un proyecto ambicioso bajo la dirección de Santiago, ahora era un fenómeno musical imparable. Con apenas un año y seis meses desde su formación, la banda ya había lanzado dos álbumes, ambos batiendo récords de ventas y reproducciones en plataformas digitales. Las críticas los aclamaban como la revelación del siglo. Su estilo, una fusión electrizante entre rock alternativo, metal sinfónico y sonidos industriales, se había convertido en el sello distintivo que atrapaba a millones de fanáticos. Cada canción tenía una energía única, con letras intensas que evocaban emociones profundas y melodías poderosas que resonaban con el público. Pero, sobre t

