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829 Palabras

Santiago revisaba un informe en su escritorio, pero su concentración era inexistente. Sus pensamientos, inevitablemente, volvían a Luana. Desde aquella noche en la que la tuvo en sus brazos, todo cambió. No era solo deseo. Era algo más profundo. Un golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos. Antes de que pudiera responder, esta se abrió de golpe y Bianca entró como un torbellino, con pasos firmes y una mirada de pura determinación. —Tenemos que hablar —soltó sin rodeos. Santiago la observó con calma, sin inmutarse por su entrada abrupta. Se recostó en su silla, cruzando los dedos sobre su escritorio. —Qué sorpresa, Bianca. No pensé que vinieras de visita —dijo con una media sonrisa. —Déjate de juegos —espetó ella, acercándose más—. No sé qué estás planeando con Luana, pero te advi

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