El ambiente en la empresa era distinto aquella mañana. Desde el momento en que el presidente cruzó las puertas principales, sus empleados lo notaron. Santiago nunca había sido un hombre de sonrisas fáciles, pero hoy su expresión era diferente, casi relajada, y eso no pasó desapercibido. Los empleados intercambiaban miradas entre sí, algunos murmurando en voz baja. —¿Viste la expresión del presidente hoy? —comentó uno de los asistentes administrativos. —Es extraño… Nunca lo había visto de tan buen humor —respondió otro con incredulidad. El secretario personal del presidente, que ya estaba acostumbrado a los cambios de humor de su jefe, apenas reprimió una sonrisa antes de seguirlo hasta su oficina. Santiago caminó con paso seguro hasta su despacho, sin prestar atención a las miradas cu

