➷ Samara Carlsen ➶
De todas las personas que esperé encontrarme en el camino, imaginé hasta al presidente, pero nunca a Aidan Wright. Es él, pero no es el mismo que se fue hace 4 años. Esos ojos verdes esmeraldas, que me miran con confusión, tienen un aire de dureza que puedo sentir en la piel.
Cuando aparta la mirada sin alterarse, comprendo que no me ha reconocido, pero yo a él sí. Reconocería a Aidan en cualquier lugar, incluso ahora que su pelo castaño es más oscuro y con nuevo corte.
—¿Qué dice, señorita? —inquiere el recepcionista.
—No. Mire… le daré estos pendientes, valen mucho, puede venderlos.
—¿Seguro que no tiene otra habitación? —le pregunta Aidan. Evito cruzar la mirada con él mientras me quitó los pendientes de perlas.
El hombre frente a nosotros niega a la pregunta.
—La habitación es lo bastante amplia para ambos, solo será una noche. No pasará nada, al menos que ustedes quieran…
Mis ojos se encuentran con los de Aidan en una mirada rápida. Definitivamente, no puedo compartir habitación con él. Su mirada se desvía a mi vestido de novia, mi corazón se comprime y los recuerdos hacen que todo se mezcle con enojo. Debería odiar a este hombre.
—Envíame lo mismo del almuerzo a la habitación, por favor —ordena empujando su tarjeta con pereza hacia el hombre y mi dinero en efectivo hacia mí, luego toma la llave.
—¡Oye, esa es mi habitación! —exclamó señalándolo con mi dedo.
—No tienes el dinero suficiente. Solo serán unas horas, me iré a primera hora de la mañana y no pasará nada. —Vuelve a mirar mi vestido—. Si tu novio no te quiso, no te consolaré yo.
«¿De verdad acaba de decir eso?».
—¿Qué te hace pensar que mi novio no me quiso?
—Quizás el hecho de que estés aquí con el vestido de novia casi destrozado.
—Inconvenientes. —Fuerzo una sonrisa—. Y jamás buscaría consuelo en un hombre que acabo de conocer.
Aunque ya lo conozco.
—Aquí tiene, señor Wright. Le enviaré todo a la habitación. ¿Algo para usted señorita?
—No. Ya ha hecho suficiente.
Él asiente con una luminosa sonrisa sin notar mi sarcasmo.
Tomo mi dinero y lo pongo dentro de mi bolso. Una parte de mí está nerviosa porque voy a compartir habitación con él. Algo me dice que esto no terminará bien.
—De curiosidad, ¿por qué perdió el avión, señor Wright? —pregunta el recepcionista con complicidad—. No me diga que decidió ir a ver a la chica.
Aidan frunce el ceño, sus ojos verdes se vuelven turbulentos.
—No. No perdería mi tiempo en ir a ver a una mentirosa.
A pesar de que no sé de quién hablan, siento una punzada. Imagino que habla de alguna novia suya.
—De todos modos, ya debe de estar casada. Buenas noches, señor —concluye el recepcionista.
No me da tiempo de procesar las palabras cuando Aidan pasa a mi lado dejando un rastro de ese embriagante aroma a cítricos y menta. Sigue oliendo igual que antes. No veo por donde voy, ya que me duelen los pies por los zapatos, choco con su espalda y él se gira. Había olvidado lo alto que es.
—Perdón —repongo, las palabras me duele pronunciarlas. Bajo ninguna circunstancia este hombre merece mis disculpas, no después de que me dejó como tonta enamorada.
—¿No deberías quitarte esos zapatos? —sugiere mirando mis pies, están rojos por todo el esfuerzo que he hecho, zapatos bonitos pero una tortura. Algo que debo agradecerle a Eloise y su elección de boda.
—Estoy bien, gracias. —Avanzo querido demostrar que yo puedo, pero me tambaleo y él me sostiene—. ¿Qué, qué haces?
Él me sostiene entre sus brazos al estilo nupcial.
—No te preocupes. Como dije, no voy a consolar el daño que hizo tu novio, solo quiero llegar a mi habitación.
En definitiva, la noche no es como esperé que sería. No protesto y no porque me guste estar entre los brazos de Aidan, es que yo también deseo llegar a la habitación. Entorno mis ojos con disimulo hacia su rostro, esa mandíbula tan masculina, una nariz ligeramente torcida, todo en Aidan Wright es masculino. Pero mantiene una expresión estoica, dura e impenetrable. El Aidan del pasado al menos sonreía.
Escucho un chasquido y luego estoy tocando el piso, hemos llegado a la habitación. Es espaciosa y tras que él presiona el interruptor la luz ilumina todo. Dejo mi bolso a un lado y me siento en un diván, al tocar la correa de mis zapatos me detengo de inmediato.
—¡No puede ser! —exclamó.
—¿Qué pasa? —inquiere sin interés.
—Hay una cama. Solo una cama…
Debo sacarme esas tonterías de comedias románticas, esta es la vida real y yo dormiré en…
—Puedes tomar el sofá —dice aflojando su corbata.
—¿Por qué yo?
—Entonces quédate con la cama. No creo que pueda dormir de todos modos.
Pasa de ser un patán a un caballero en poco tiempo. Sigo sin creer que sea el mismo Aidan.
En unos segundos tocan la puerta, un hombre trae su maleta y un carrito que supongo es comida. Por mi parte, suelto un suspiro de alivio al quitarme los zapatos. Voy al baño en donde aprovecho para quitarme el maquillaje de novia. Miro mi rostro y me veo diferente solo con cambiar mi cabello y mis ojos.
No puedo creer que él no me haya reconocido, ¿tan pronto se olvidó de mí? Lo conozco desde que llegué a la casa de mi tío. Entre haber perdido a mi madre y estar con una familia que llevaba mi sangre, pero que eran unos desconocidos, Aidan fue mi amigo y pronto se convirtió en algo más. Todo parecía bien entre nosotros, yo conocía a su familia y le agradé a sus padres. Aidan era increíble, hasta que se fue rompiendo una promesa.
Escucho mi celular y veo que son mensajes de Stella.
Stella: ¿Todo bien?
Me: Todo mal. Y gracias, pero te mataré mañana.
No puedo creer que no haya pagado la habitación, por eso estoy en este lío. Dejo el móvil a un lado y me cambio de ropa, no puedo quitarme la peluca porque él está allá afuera. Me pongo una camiseta y unos shorts cortos, en mi defensa, no sabía que terminaría compartiendo habitación.
Salgo del baño justo cuando un camarero le entrega otra botella a Aidan. Él la toma y cierra la puerta enseguida. Por sus movimientos desbalanceados deduzco que se está poniendo ebrio, en el carrito de comida donde solo hay un plato también descansa una botella de whisky ya vacía.
—¿Estás ebrio?
—No. —Responde serio—. Tardaste mucho, hay un poco de comida para ti.
Sonrío ante el gesto. Tomo asiento en el diván y acerco el carrito para comer. De verdad tengo hambre, Eloise me obligó a hacer una dieta estricta para que el vestido me quedara perfecto. Ahora ya no estaré bajo ese yugo, la vieja Samara sumisa se queda atrás, aunque mi más grande prueba es pasar esta noche.
Tomo de la copa de vino para bajar la comida mientras observo al hombre frente a mí que se quita la camisa. He visto hombres semidesnudos a lo largo de mi vida, pero ninguno me ha puesto nerviosa como lo estoy ahora. Quizás solo el hecho de que sea el torso perfecto de Aidan Wright es lo que me pone así.
Cierro los ojos y al volverlos a abrir él ya se ha puesto una camiseta de dormir. La verdad es que no lo recordaba con un físico tan bien construido.
Tomo otro trago y me ahogo cuando lleva la mano a su cinturón. «Dime que no se lo quitará aquí».
—Oye —aclaro mi garganta y llamo su atención—, puedes usar el baño.
Me mira unos segundos antes de ir allá. Minutos más tarde me meto en la cama y apago la luz de mi lado, le dejo una sábana y una almohada en el borde.
Me pregunto qué quería el destino al poner a Aidan en mi camino cuando estoy por cerrar otro ciclo de mi triste vida. Miro el anillo en mi dedo con una mezcla de alivio y enojo; nunca fui yo quien tomó las decisiones de mi propia vida, pero eso cambiará.
En mi cabeza aparece el recuerdo de la efímera plática de Aidan con el recepcionista, solo puedo imaginar que él continuó su vida con alguien más. ¿Cuál es el motivo que lo trajo a la ciudad luego de años? No debería pensar en eso, ya cerré ese ciclo, ¿verdad?
Abro los ojos con sobresalto ante el ruido que hace la botella cuando Aidan la pone en la mesita de noche.
—¿Qué significa eso? —inquiero.
—Es whisky. Para cerrar ciclos.
—¿Quién dice que quiero cerrar ciclo?
—Tu vestido de bodas habla de un matrimonio que supongo salió mal. Así que…
—Ya veo. Pero, ¿no dijiste que no ibas a consolarme?
Deja escapar una risa burlona y se va hasta el sofá.
—Ya sabes mi nombre, no puedo dejar que hables mal de mí con la prensa.
Claro, solo cuida su imagen. Miro la botella y luego el anillo en mi dedo. Quizás el destino ha puesto a Aidan en mi camino como señal de que debo cerrar este ciclo.
—¿Hasta dónde estás dispuesto a consolar a una novia infeliz?
… …
—Se acabó el whisky —arrastro las palabras por los efectos del alcohol. Los ojos verdes de Aidan me miran con deseo intenso mientras viajan por mi pecho desnudo—. Ayúdame a cerrar el ciclo.
Él pone sus manos en mis muslos desnudos y yo uno nuestros labios en un beso pasional.
—¿Cómo te llamas? —pregunta con voz grave.
—Soy Mara. Pero no importa más que esta noche.
Solo estoy cerrando otro ciclo, uno que quedó inconcluso el día que él, simplemente se fue sin mí. Mañana todo será diferente.