Una esposa por error

1557 Palabras
POV Aidan Wright Una molestia. Escucho un zumbido incesante que me hace creer que estoy en un mal sueño. Al poco tiempo que el sonido continúa a mi derecha me doy cuenta que es mi celular. Levanto la mano en busca del móvil, mientras siento un terrible dolor de cabeza que se intensifica con la luz solar que me golpea la cara. —Joven, Aidan —habla alguien a lo lejos. «Lo que me faltaba. Molestias a primera hora del día». La voz que vuelve a llamarme solo suma más malestar dolor. —Joven Aidan debe levantarse de ahí. Al abrir los ojos y ver el techo blanco reacciono sobre mi entorno. Estoy en el hotel y ya es de día; rápidamente me incorporo, encontrándome con la molesta cara de Astor a los pies del lecho. —¡Demonios! —exclamo quitando la sábana, lo que hace a Astor ladear la cara, ya que estoy desnudo. No me importa su reacción, solo pienso en mi avión—. Voy a perder el vuelo. —Ya lo perdió, joven. —¿Qué hora es? —Mediodía. Joder. Joder. Tomo una bata y la envuelvo en mi cuerpo, la habitación está hecha un desastre y la cama mucho más. Trato de atraer los recuerdos de lo que pasó en la noche, pero eso solo intensifica mi dolor de cabeza. —¿Qué haces tú aquí, Astor? —Su abuelo lo está esperando abajo, tiene algo que decirle, joven. —Deja de llamarme joven que no soy un niño. Y dile a mi abuelo que lo llamaré luego, debo conseguir un vuelo. —Me temo que eso no es posible. Debe reunirse con su abuelo, puesto que él ya ha tomado una decisión respecto al cargo de la empresa. —Hace una leve reverencia ante mí—. Lo espera abajo. No tar... Enseguida se queda callado al ver que la bata se me abre, se pone nervioso y yo ruedo los ojos. Se apresura a salir, así que la puerta se cierra tras él y el chasquido mudo me deja en una habitación silenciosa. No suelo dormir tanto y nunca tengo una resaca tan estrepitosa; me paso la mano por el pelo mientras me dirijo al baño. No pienso en la noche anterior ni en todo lo que me dijo mi abuelo, sino en lo que acaba de decirme Astor. Mi abuelo me dio tres días para comprometerme, sin embargo, ha tomado una decisión ya. Antes de que cruce la puerta del baño, el timbre del celular vuelve a molestarme y lo tomo a regañadientes para encontrar el nombre del único osado que se atrevió a proclamarse mi mejor amigo. —Hola, hola, cariño. —¿Qué quieres, Nicolas? —Deja de desayunar alacranes, la fruta es más saludable. Saluda adecuadamente y te diré… —¿Qué quieres? Lo escucho soltar un suspiro, pero puedo imaginarme su sonrisa. —Llamaba porque tu secretaria me llamó, tienes un lío en el trabajo. Pero mi verdadero interés es por lo que salió en el periódico. —Sabes que no leo farándula, si es que se trata de un chisme mediático. —Deberías interesarte, es sobre ti. Oh… supongo que no te has dado cuenta de que ya todos se enteraron de tu nuevo estado civil. —No empieces con tus tonterías. Cortaré. —¡Espera! ¿Tomaste anoche? —¿A qué viene eso? —Oh, entonces todo fue inconsciente. —¿Tienes algo importante que decir, Nicolas? —Estoy hablando del asunto más importante de tu vida, cariño. Pero no es el momento. Luego me dices cómo es ella, ahora llama a tu secretaria y dile que no me moleste con tu trabajo. —Espera —pido—, ¿hiciste lo que te pedí de la empresa? —Estoy en eso, pero te lo diré cuando me expliques lo que salió en el periódico. Eres un… Corto la llamada dejando su oración a medias. Nicolas Estrada, es mi abogado y mejor amigo; pese a que es del tipo extrovertido (mujeriego) y alegre, es la persona en quien más confío. … ... —Media hora tarde, esto parece una venganza por mi tardanza de ayer —dice mi abuelo. Hoy luce radiante con un traje gris claro y una sonrisa sospechosa. Tomo asiento en la silla frente a él. Bebo de la botella que hay sobre la mesa, no sé qué tanto pasó anoche, pero tengo la garganta seca y la memoria en blanco. —Parece que te divertiste mucho anoche —prosigue al ver que no respondo—, ¿no es así? —Esta vez el tono parece insinuar algo. —Tú siempre sacas tus conclusiones, Enzo, así que no voy a discutir. Más bien dime a qué conclusión llegaste con respecto a mi cargo en la empresa. —No puedo creer que después de todo lo que ha pasado el día de ayer pienses en el trabajo. Frunzo el ceño, no vaya a ser que empiece a hablar del mismo tema de siempre. Termino con la bebida y me recuesto en el respaldo de la silla. Mi abuelo me mira con una sonrisa que me está empezando a asustar. —Tengo prisa, debo tomar un avión. —No creo que vayas a irte, tu madre ya sabe que estás en la ciudad y debe estar rastreando tu ubicación. —No podías quedarte callado —reprocho. —Pero si no fue mi culpa. Todo es gracias a lo que hiciste. Deberías agradecerle a la prensa, ella reveló tu ubicación y me ayudó a tomar la decisión de darte la presidencia de la empresa, Levanto las cejas sorprendido por su respuesta, no puedo evitar ladear una sonrisa. Ya tengo la empresa. —¿Y qué se supone que dijo la prensa?, ¿otro de mis logros en el extranjero? Mi abuelo lanza un periódico enfrente de mí. «Demonios» Al ver la fotografía en la que estoy sosteniendo en brazos a una chica vestida de novia, algunos de los recuerdos regresan a mi mente cuando ella entró al hotel, discutimos por la llave y luego decidimos compartir habitación. —Sugerí que te comprometieras, pero como siempre, vas un paso adelante y te casas —expresa con una sonrisa alegre, algo que no es típico de Enzo Wright—. Ya que eres un hombre casado, te daré la empresa y su control. Puedes solucionar la crisis ahora, eres el indicado. —¿De verdad me lo darás? —Desde luego. Confió en ti, Aidan. Resolverás todos los problemas, pero al menos tendrás a alguien a tu lado. —Recibe un folder n***o de Astor y me lo da, leo mi nombramiento como presidente de Wright’s jewelry. No quisiera engañar a mi abuelo, pero no dejaré el poder del legado familiar—. Si ves, soy un hombre de palabra. Es tu nombramiento, anunciaré y efectuaré todo con la junta directiva cuando me presentes a la novia. Mi sonrisa se desvanece, pero lo disimulo. Lo que me faltaba, ahora debo presentarle a una mujer que ni siquiera conozco. Desde luego que la pequeña escurridiza se fue temprano y sin despedirse, si no fuera por la foto del periódico diría que lo de anoche fue un sueño. —¿Cuándo la puedo conocer? —insiste. —Ahora no. —Astor me dijo que no estaba en la habitación. —Salió por un problema familiar. Mujeres. Mi abuelo entrecierra los ojos, soy capaz de mantener un semblante tranquilo, lo que lo hace sentir convencido de mis palabras. Enzo es un lobo astuto, pero al enseñarme sus trucos queda en desventaja conmigo. Siempre fui el nieto que quiso hacer a su imagen y semejanza, quizás porque soy el que más se parece con papá y para mi abuelo, mi padre fue un completo fracaso que se le salió de las manos. —Tienes tres días. —Una semana. —No juegues con mi paciencia, Aidan. —Sabes que no me gusta que me presionen. Tengo cosas que resolver antes de exponer mi vida amorosa. Él pone ambas de sus palmas en el bastón mientras me mira. Mi abuelo es una de las personas en las que más confió, sabe casi todos mis secretos, primero porque es un viejo entrometido y porque al final siempre me saca la verdad que desea, sin embargo, ahora no es tiempo de ser sincero, sino pensar en como salir de este problema. Necesito el cargo de la presidencia antes de que sea demasiado tarde. —Tienes una semana. Espero que la jovencita sea digna, porque podría darle el cargo al inútil de tu hermano William, él haría todo lo que le digo. … … Ingreso en la habitación con el celular pegado a la oreja. Antes de que sea arrastrado a un encuentro familiar, debo encontrar a la pequeña escurridiza que se atrevió a irse sin decir nada. Pero no irá muy lejos sin que yo se lo permita. —¿Qué quieres? —responden del otro lado de la línea. Eso me pasa por llamar a alguien más amargado que yo. —Necesito que la dirección de Stella Conelly—ordeno. —¿Para qué quieres la dirección de mi esposa? —Para encontrar a la mía. O quien se supone es mi esposa. La nueva señora Wright.
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