Una mujer nueva

1754 Palabras
➹Samara Carlsen➷ Una semana después… Ha pasado una semana desde el día de la boda. Me siento libre ahora que puedo tomar mis propias decisiones. No sé si está mal lo que hice, pero no estaba dispuesta a quedarme en un matrimonio por obligación con un hombre que no me iba a respetar jamás. He soportado mucho, no me encontrarán, ya que soy otra. Veo mi reflejo en el espejo que me devuelve una sonrisa que hace mucho no expresaba, ya soy libre de hacerlo. Mis ojos azules se han ido y solo queda una mirada marrón, menos llamativa, pero más sincera, porque ya no debo comportarme como la esposa y sobrina perfecta, puedo ser yo. —¿Todavía no te convences de que eres hermosa? —pregunta Stella, asomándose en la puerta con una sonrisa cómplice. —Estoy acostumbrándome. —Ya no luces como una niña buena, eso sí. Pero estás hermosa. —Se sienta en la cama y me observa—. Aunque extrañaré a la Samara de lentes de pasta y cabello rubio. Finjo una mueca de molestia que a ella le saca una sonrisa. —De todos modos, siempre me gustó más el castaño que el rubio. Me hace parecer más a mamá. Los ojos miel de Stella desprenden cariño, ella sabe lo mucho que extraño a mi madre. A Stella la conocí en la universidad, nuestras vidas se parecían mucho en ese entonces. Ahora ella se convirtió en una abogada excepcional, adicta al trabajo, independiente e inteligente. Es la heredera de uno de los bufetes más prestigiosos del país, pero es la mujer más sencilla y humilde que conozco. —No nos pongamos sentimentales. Vine porque tengo dos noticias. Una mala y otra buena. —Empieza por la mala —pido. —De acuerdo, empezaré por la buena. Le lanzo un osito de peluche que ella logra esquivar. —Empezaré por la mala, no me conviene ser asesinada por mi mejor amiga. Hay un niño que depende de mí. —Ella abre su bolso y me entrega un periódico—. No es sobre tu boda. Pero me encontré esto, ya que todos hablan de ello en la firma. En los últimos días, he estado muy atenta a la prensa, pues pienso que en cualquier momento hablaran de mi abandono a Rino, sin embargo, no han mencionado nada sobre mi boda. Lo que realmente me impacta es el titular que leo en el periódico ahora: “Aidan Wright, uno de los herederos del importante imperio de la joyería se casó en secreto. Ya era hora. Publicado por Vottit”. En la fotografía me sostiene a mí en el hotel. Soy yo, no sé me ve la cara con claridad y mi vestido no se reconoce, pero pareciera que se trata de una pareja de recién casados y felices. Nada más lejos de la triste realidad. —Es un malentendido —me apresuro a aclarar. —Tú y yo lo sabemos. Pero, no me dijiste que el extraño con quien compartiste habitación era Aidan. Me siento avergonzada de ocultarle eso cuando ella me ha ayudado tanto, pero Stella sabe mi historia con Aidan y lo poco que deseo hablar de él. Aidan me olvidó. —¿Cuál es la importancia de Aidan? —inquiere la pasiva voz de Morgan en la puerta, ingresa con su computadora en manos. Ella es la inquilina de Stella. Miramos hacia ella sin responder. —Él es pasado y se quedará en el pasado. —Esto suena interesante… —apela Morgan. Stella le lanza una mirada de regaño con la que ella rueda los ojos. —¿Crees que te haya reconocido? —No. No lo hizo. Solo compartimos la habitación —«Tuvimos sexo»— y él se durmió pronto porque bebió demasiado. —Lo importante es que no te acostaste con él. —Qué lástima —comenta Morgan—. Hubiese sido una gran oportunidad para que te despidiera de él. Los viejos amores tienen sexo y cierran ciclo. «Eso fue lo que hice. Pero nadie debe saberlo». —Morgan, deja esas ideas. Y tú Samara, no pienses en eso. Ahora que cambiaste no hay manera que esto te afecte. Sonrío creyendo en su positivismo. No hay forma en que me vuelva a encontrar con Aidan Wright. La despedida definitiva fue esa noche y, la mañana en la que salí huyendo de la habitación que compartimos gracias a las jugadas del destino, coincidencia le llaman. La dirección de mis pensamientos se interrumpe al oír la pregunta de Morgan: —¿Y cuál es la buena noticia, Stella? —¿Estabas escuchando tras la puerta, pequeña entrometida? —Eres tú quien habla tan fuerte. Pero dinos cuál es la buena noticia. Nos reunimos frente a Stella quien ahora saca un sobre azul oscuro de su traje, le gusta vestirse como mujer empoderada. El sobre es para mí, ella lo deja en mis manos y contrasta con mis pequeñas uñas pintadas de amarillo. —¿Esto es real? —pregunto mientras observo el papel. —Por supuesto, tienes una entrevista de trabajo gracias a tu mejor y única amiga —responde con una sonrisa. Ahora que he decidido empezar de cero, lo importante es conseguir trabajo para mi nueva vida. Mañana será el día en que salga por primera vez desde mi huida. Para mi buena suerte, nadie sabe de mi amistad con Stella. —¿Cómo conseguiste esta entrevista? —Fue sencillo. Uno de mis clientes trabaja en la empresa y me ayudó a conseguir la entrevista. —No me cansaré de agradecerte la ayuda que me has dado. No es fácil cambiar de identidad —digo. —Ya deja de darme las gracias a mí, todo lo hizo Morgan. Es el mejor stalker en su campo —dice, señalando con un gesto a su amiga. —¡No soy una stalker! —se queja Morgan y cierra la laptop con fuerza—. Soy ingeniera informática, tengo un diploma en la pared. —Compró el diploma después de que su clientela la animara a crear su propia empresa. El caso es que se hizo experta en encontrar información de otros, y todo por buscar información de su amor platónico, el que nunca va a suceder. —Oye, lo haces ver como si yo fuera una acosadora en potencia. —Literalmente lo eres. Lo acosa en todas las redes. —No le creas a la amargada, Sami. Para que veas que no soy una acosadora, te digo que no he ido hasta su casa como fanática loca a revisar su basura y darme cuenta de que su loción favorita es de Gosse y sus cereales favoritos son de chococrispi. Stella le da una mirada sarcástica que hace a Morgan abrir la boca culpable. Se ha delatado. A Morgan la conocí desde el primer día que llegué, ella fue quien me abrió la puerta y me saludó con “Esposa a la fuga, bienvenida”. A mí me agrada mucho, es extrovertida y tierna. Me gusta este ambiente, nunca tuve esta familiaridad en casa de mi tío. —Tengo que trabajar. —Morgan vuelve a abrir su laptop y mueve los dedos con una velocidad inigualable. Suelto una carcajada y eso hace que ella se muerda el labio avergonzada. —Espero que al conseguirte el trabajo me perdones por no haber pagado el hotel, pero no quería dejar rastro—comenta Stella, se levanta y sale de la habitación. —Jamás te lo perdonaré. Tuve que dormir en la misma habitación con… —Al menos no te acostaste con él —repone regresando. Ladeo la cabeza y tanto ella como Morgan me miran—. Tú no lo hiciste, ¿verdad? —No me hagas acordar de ese idiota. Ya cerré el ciclo. Al cerrar el ciclo, significa que ya no pensaré más en Aidan. Ya es parte del pasado y esa noche solo fue la despedida que no nos dimos antes. Él no me reconoció, es lo mejor. Dejaré a Aidan Wright en el pasado tal como él lo hizo conmigo. No soy la misma Samara. Él dejó a una chica enamorada. De esa chiquilla no queda nada, ni siquiera la apariencia. Soy otra. Mara Gray. Son medidas drásticas, nadie debe reconocerme, no quiero que Rino o mi tío me encuentren. —Creo que no se acostaron —dice Stella ante mi largo silencio. «Sí, nos acostamos, aunque solo quedará en mi memoria la noche con mi viejo amor» … … Un rato más tarde, trato de buscar información sobre la empresa en la que trabajaré. —Tendrás el trabajo, vi todos los bocetos que le enviaste a Stella y serían unos tontos si no te dan el puesto —me anima Morgan, al verme nerviosa. Sonrió. Es bueno tener a alguien que te de ánimos. En casa de mi tío nadie me animó, bueno, Valencia sí, ella era la única que sabía que yo estaba estudiando dos carreras a la vez. La que Eloise eligió para mí y la que yo me arriesgué a esconder. Me gusta diseñar joyas, eso es lo que me apasiona y me recuerda a mamá. He querido llamar a Valencia y decirle que estoy bien, sin embargo, no me atrevo. Mi prima es buena y amable conmigo, pero sería capaz de decirle todo a su madrastra pensando que me hace algún bien. —Dios, ¿qué huele así? —pregunto al sentir el aroma repugnante. —La sazón de Stella. ¿Huele mal? Afirmo con un movimiento de cabeza sin atreverme a abrir la boca. —Solo son albóndigas, estás exagerando, Samara. —¿Le das de comer eso a las personas? —Sí, y eres la primera que se queja del olor. —Soy tan buena amiga que soy la primera en decirte la verdad. Morgan se carcajea: —Eso fue bueno, Sami —me dice, pero se calla al instante ante la mirada recriminatoria de Stella—. Pero no creo que huela mal. De hecho, parece delicioso. Me alejo lo más que puedo de la cocina, el olor me marea. Stella me alcanza en el pasillo y me mira preocupada. —¿Todo bien? Levanto un pulgar hacia ella. —Si te cae mal, no cenes, debes estar bien mañana que vas a trabajar en Wirght's jewelry. Tras decir eso se va, aunque yo quedo pensando en sus palabras: ¿Wright’s jewelry? No puede ser su empresa. No puede ser de él.
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