Capitulo 47

2067 Palabras
Durante los días y semanas que siguieron, los dos se vieron tan a menudo como pudieron, pero entre los preparativos de Tom para el semestre de invierno y el trabajo de _____ en Peet’s, su contacto se llevó a cabo básicamente vía SMS y correos electrónicos. Ella siguió acudiendo a las sesiones con la doctora Walters, que tomaron una dimensión distinta con el regreso de Tom. Y, juntos, empezaron a asistir a sesiones de terapia de pareja una vez por semana; sesiones que se convirtieron rápidamente —aunque de manera no oficial— en preparación prematrimonial. Cuando ____ se mudó a una residencia de estudiantes, a finales de agosto, Tom y ella habían resuelto ya varios de sus problemas de comunicación. Aunque la manzana de la discordia entre ambos permanecía sin resolver: Tom seguía negándose a acostarse con ella hasta que no estuvieran casados, y ella seguía insistiendo en que no se precipitaran en cuanto a lo del matrimonio. En general, él se negaba a compartir la cama con ella y, cuando lo hacía, su expresión era la de un santo que estuviera siendo martirizado. Una de esas noches, _____ permanecía despierta entre sus brazos mucho después de que él se hubiera dormido. El cuerpo de Tom era cálido, como lo habían sido sus palabras de hacía un rato, pero se sentía rechazada. El apasionado profesor no había necesitado que Paulina le insistiera mucho para que volvieran a acostarse, pero en cambio se negaba a amarla a ella con su cuerpo, a pesar de sus promesas de amor eterno. Con la cabeza apoyada en el pecho de él, que subía y bajaba rítmicamente, reflexionó sobre el rumbo que había tomado su vida. Se preguntó si Beatriz habría pasado muchas noches deseando la presencia de Dante a su lado y teniendo que conformarse con que la adorara a distancia. «______.» Se sobresaltó al oír su nombre. Tom murmuró algo más y la sujetó con fuerza. Ella derramó una lágrima. Sabía que él la amaba, pero comprobarlo siempre la emocionaba. Tom estaba tratando de liberarse de su pasado con Paulina y otras mujeres y ____ estaba pagando el precio. Aunque tal vez no fuera algo muy distinto del precio que él había tenido que pagar por la vergüenza de ella tras su ruptura con Simon. Cuando volvió a murmurar, inquieto, ______ le susurró al oído: —Estoy aquí. Dándole un suave beso en el tatuaje, cerró los ojos. A pesar del dolor que le suponía su abstinencia, _____ tenía que admitir que Tom encontraba constantemente nuevas e ingeniosas maneras de demostrarle su amor. Aunque la situación era difícil, seguía teniendo fe en él. Tom no quería ni oír hablar de pasar la noche en su habitación de la residencia de estudiantes, pero de vez en cuando iba a visitarla y le regalaba flores o bombones. Cuando llevaba comida, en ocasiones hacían un picnic en el suelo. También iban al cine —dignándose incluso a ver alguna comedia romántica de Hollywood— y, al volver, él la besaba frente a la puerta de la residencia. Más de una vez, pasaron la noche del viernes o del sábado juntos en la biblioteca. Mientras Tom trabajaba en su nuevo libro, ella se preparaba para el seminario de la profesora Marinelli. Él estaba cumpliendo su promesa. La estaba cortejando con sus palabras y sus actos y eso a ella le gustaba. Pero al mismo tiempo se sentía frustrada e insatisfecha. Echaba de menos la cercanía que sólo se obtiene haciendo el amor. Cuando llegó el 21 de agosto, volaron a Filadelfia para ayudar con los preparativos de la boda de Rachel y Aaron. Al entrar en el vestíbulo del hotel Four Seasons, _____ se sorprendió al ver allí a su padre esperándolos, sentado en una butaca, leyendo el Philadelphia Inquirer. —Mi padre está ahí —murmuró, avisando a Tom para que pudiera meterse en un ascensor antes de que John sacara uno de sus rifles de caza y le disparara. —Lo sé. Lo avisé yo. _____ se volvió hacia él, incrédula. —¿Por qué lo has hecho? ¿No sabes que quiere matarte? Tom enderezó la espalda. —Quiero casarme contigo y para eso tengo que arreglar las cosas con él. Quiero que podamos estar en la misma habitación sin tener que preocuparme por si trata de matarme. O castrarme. —Creo que no es buen momento para sacar el tema de la boda —susurró ella—. Si tienes suerte, se olvidará de castrarte y se conformará sólo con cortarte las piernas... con su navaja suiza. —No voy a pedirle permiso para casarme contigo; esa decisión es sólo tuya. Pero ¿te gustaría casarte con un hombre al que tu padre desprecia? _____ empezó a retorcerse las manos, inquieta. Tom se inclinó para hablarle al oído. —Deja que trate de arreglar las cosas para que la idea de nuestra relación no le resulte tan insufrible. Tal vez algún día le gustará que te lleve al altar. En cuanto él hubo acabado de hablar, John levantó la vista y los vio. Tras dirigirle una radiante sonrisa a su niña, fulminó a Tom con la mirada. Se levantó y puso los brazos en jarras. La chaqueta le colgaba por detrás de éstos, dándole un aspecto amenazador. «Oh, dioses de las mujeres cuyos padres quieren castrar a sus novios en el vestíbulo del Four Seasons, por favor, no permitáis que lleve ningún objeto cortante.» Sin amilanarse, Tom se inclinó hacia ella y la besó en la cabeza sin apartar la vista de John. La mirada de éste pasó de ser amenazadora a directamente asesina. —Hola, papá. —_____ se acercó a él y le dio un abrazo. —Hola, Jules. —Él le devolvió el abrazo antes de colocarla a su espalda, con gesto protector—. Kaulitz. Sin dejarse impresionar por su tono, Tom le ofreció la mano. John se la quedó mirando como si fuera un delincuente, igual que su dueño. —Creo que deberíamos buscar un rincón tranquilo en el bar. No necesito público para lo que tengo que decirle. _____, ¿necesitas ayuda con el equipaje? —No, el portero ya se ha encargado. Me voy a mi habitación. Cuando acabes, ya harás el check-in en la tuya, ¿de acuerdo? Tom asintió y la expresión de John se relajó un poco al ver que su hija no compartía habitación con el demonio. —Una última cosa. Os quiero a los dos, así que os agradecería mucho que no os hicierais daño —dijo ______, mirando insegura a los dos hombres. Al ver que ninguno de ellos respondía, se dirigió a la recepción, negando con la cabeza. Lo primero que le preguntó al recepcionista fue si había minibar en la habitación. Esa misma noche, tras una cena algo tensa, pero no del todo desagradable con su padre, _____ se dispuso a disfrutar de la cesta de productos de baño que Tom había hecho enviar a su habitación. Casi todos tenían aroma a lavanda. Sonrió al ver una esponja de tul del mismo color, el que Tom asociaba a la virginidad. O eso había supuesto ella la primera vez que había encontrado una esponja color lavanda en su cuarto de baño. Dejó de sonreír al darse cuenta de que Tom había comprado productos con aroma a lavanda, a pesar de que prefería que _____ oliera a vainilla. Tal vez era un truco para que no le costara tanto mantenerse apartado de ella. Respetaría sus deseos, pero esperaba que cambiara de modo de pensar. Y pronto. Mientras estaba metida en la amplia bañera, le sonó el móvil. Por suerte, lo tenía a mano. —¿Qué estás haciendo? —La sedosa voz de Tom le acarició los oídos. —Relajándome. Por cierto, gracias por la cesta. ¿Cómo estás? —No puedo decir que la conversación con tu padre haya sido agradable pero era necesaria. Le he dado la oportunidad de que me dijera que soy un maldito drogadicto que no te merece. Y luego me he esforzado en explicarle lo que había pasado. Al acabar de hablar me ha invitado a una cerveza. A regañadientes, pero lo ha hecho. —¿Me tomas el pelo? —No. —No me imagino a mi padre pagando diez dólares por una Chimay Première. Tom se echó a reír. —En realidad, ha sido una Budweiser. Y ni siquiera fue una Budweiser Budvar original de la República Checa. Él ha pedido por los dos. —Si estás dispuesto a renunciar a tus pretenciosas cervezas de importación y a beber asquerosa agua sucia por mí, supongo que es que me quieres. _______ miró la bañera con melancolía. Le habría gustado estar bañándose con él, en vez de sola. —Beber cerveza nacional era lo mínimo que podía hacer. No creo que tu padre me perdone nunca por haberte hecho daño, pero espero que las cosas vayan a mejor a partir de ahora. Le he dicho que quería casarme contigo. ¿Te ha comentado algo durante la cena? Ella titubeó. —Me ha dicho que soy su niñita y que quiere protegerme. Y también varias cosas sobre ti no demasiado halagüeñas. Pero ha admitido que soy una persona adulta, que debe vivir su vida y tomar sus propias decisiones. También me ha comentado que se notaba que habías cambiado. Creo que lo has sorprendido. Y no es fácil que nadie lo sorprenda. —Lo siento. —La voz de Tom sonaba torturada. —¿Qué es lo que sientes? —Siento no ser el tipo de hombre que una chica quiere presentarle a su padre. —Mira, mi padre pensaba que el sol giraba alrededor de Simon. No puede decirse que se le dé muy bien juzgar a las personas. Y no te conoce tan bien como yo. —Pero es tu padre. —Yo me ocuparé de él. Tom permaneció en silencio unos instantes antes de decir: —Esa conversación me ha servido de calentamiento para la cena con mi familia. —Oh, no. ¿Qué ha pasado? —Hablar con Scott por teléfono es una cosa, pero cenar con él es otra muy distinta. —Se siente obligado a protegerme. Ya hablaré con él. —Richard me ha pedido que haga un brindis por Grace durante el banquete de boda. —Oh, cariño, eso no va a ser fácil. ¿Te ves capaz? Tras unos instantes de silencio, Tom respondió: —Hay cosas que necesito decir. Cosas que llevo treinta años queriendo decir. Ésta es una buena oportunidad. —Entonces, ¿has hecho las paces con todo el mundo? —Básicamente. Richard y yo ya habíamos arreglado las cosas por teléfono, hace varias semanas. —¿Has conocido al hijo de Tammy? Tom contestó entre risas. —Me ha manchado en cuanto lo he cogido en brazos. Tal vez Scott le hubiese dado instrucciones. —¿Se te ha hecho pipí encima? —Por suerte, no. Pero me ha tirado leche en el traje de Armani. ______ se echó a reír a carcajadas al pensar en el elegante y puntilloso profesor siendo víctima del hijo de la novia de su hermano. —Y el caso es que no me preocupa demasiado. ¿Es grave? _____ dejó de reír de inmediato. —¿No te preocupa? ¿Qué has hecho con el traje? —El conserje del hotel lo ha enviado a la tintorería. Dice que creen que la mancha saldrá sin problemas, pero el caso es que no estoy preocupado. Los trajes pueden sustituirse. Las personas, no. —Me sorprendes, profesor. —¿Por qué? —Porque eres muy dulce. —Trato de serlo cuando estoy contigo —susurró él. —Es verdad, pero nunca te he visto con niños. —No. —Y al cabo de un momento, añadió—: Tú tendrías unos niños preciosos, _____. Niños y niñas con enormes ojos castaños y mejillas sonrosadas. A través del teléfono, Tom oyó que _____ ahogaba una exclamación. Con un hilo de voz, preguntó: —¿Es demasiado pronto para tener esta conversación? Ella no respondió. — ¿______? —Mis dudas sobre el matrimonio no son por los niños. Son por nuestras experiencias anteriores y por el matrimonio de mis padres. Cuando se casaron, se amaban y eran felices, pero acabaron odiándose y haciéndose mucho daño.
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