capitulo 12

661 Palabras
Y tú? ¿Has sacado buenas notas? —Muy buenas, notables y sobresalientes, nunca he tenido problemas en los estudios. —¿Y en que curso estáis? —En segundo de bachiller, este año terminamos y el año que viene a la universidad…algunos, no todos. —Bueno, eso siempre pasa, no todo el mundo vale para estudiar. Dije acordándome de esa época. Ya me faltaba poco para acabar. Martina me ayudó en las últimas compras, me ponía cardiaco cuando se empinaba sobre sus pies para alcanzar algo, mostraba ese culito tentador y su cintura, su piel al subirse la sudadera que llevaba. En otro momento me hacía falta un producto de las baldas inferiores, ella se agachó a cogerlo dejando la parte baja de la espalda al aire y dejándome ver la parte de arriba de su tanguita blanco, mi polla iba a estallar dentro de los pantalones. Ese suplicio gracias a Dios duró poco más de quince minutos, si llega a durar más la empotro contra los expositores y allí mismo la violo, joder como estaba la niña. Pagamos y encima ella me ayudó a meter la compra en las bolsas, es que encima era un cielo. Una vez todo en orden nos miramos, yo sabía que dentro de una semana nos veríamos, pero es que esa niña me perdía. —Todavía no se tu nombre. Yo soy Samuel. —Yo me llamo Martina. —Pues Martina, ha sido un placer conocerte, dije a modo de despedida, nos vemos. —Lo mismo digo Samuel, seguro que nos veremos. Vi cómo se alejaba moviendo su culito con soltura, era un dulce, una fruta prohibida pero que deseaba hincarle el diente. Se dio la vuelta y me vio allí como un pasmarote mirándola, me regaló una sonrisa maravillosa mientras me decía adiós con la mano, se perdió entre la gente y dejé de verla. Cuando llegué a mi casa me quité la ropa, me fui al baño y me masturbé pensando en ese culito y ese tanga blanco, esa niña se empezaba a convertir en una obsesión para mí. Llegó el miércoles siguiente y mentiría si no confesase que estaba deseando llegar a comprar para poder ver de nuevo a Patricia, vamos en ningún momento me plantee que no estuviese, durante meses las estuve viendo todos los miércoles. Cuando entré en el centro comercial lo primero que hice fue buscarla, pero no la vi. Se me aceleró el corazón ¿Y si no había venido? La buscaba mirando hacia la zona de electrónica hasta que alguien me tapó los ojos y me dijo con voz sensual y aniñada: —¿A que no sabes quién soy? Como no lo iba a saber, mi corazón se aceleró aún más, olí su perfume, joven, fresco. Sus manitas cálidas apoyadas en mis ojos y su cuerpo ligeramente pegado al mío. —Creo que tu voz no la olvidaría, dije ilusionado. Eres Martina. —Siiii, dijo alegre, te he visto pasar y sé que no me habías visto, estaba mirando ropa. Diciendo esto se puso frente a mi apoyó su mano en mi nuca atrayéndome hacia ella y me dio dos sonoros besos cerca de las comisuras de mis labios. Eso hizo que se me erizase la piel. —Bueno, realmente iba hacia la zona de electrónica por si te veía. —Me puedes encontrar siempre en electrónica o ropa y zapatería, creo que te lo dije. —Descuida que no se me olvidará. Dije con seguridad. Voy a hacer la compra, sé que no es divertido, ¿Me ayudas? Ella solo esbozó una gran sonrisa y de nuevo esa niña me volvió a regalar la visión de su culo perfecto esta vez enfundado en unos leggins ajustadísimos que se metían por su culo abriéndolo y mostrando el triangulito que formaba su sexo con sus ingles. Hablamos de muchas cosas, la chica era muy simpática, ocurrente y divertida. Ya casi finalizando se lo pregunté por curiosidad.
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