Quizás sea una cobarde por no decirte todo esto a la cara, por no tener la suficiente valentía para hacer frente a una situación difícil y no hablarlo contigo, pero sabía que estando a tu lado harías lo imposible porque me quedase, me engatusarías, me pondrías "caritas" y al final te arrastraría sin remisión a tu dormitorio y volvería follar contigo como si fuese mi vida en ello.
Antes de despedirme. Te he hecho una transferencia por el importe que me ingresaste el último mes en mi cuenta. He querido sentirte como algo muy mío sin necesidad de que me pagases por ello.
Nunca podré olvidarte. Te amo y te amaré siempre. Con Amor. Lucia."
Estúpidamente me metí en el banco y efectivamente había una transferencia por 500€ de Lucia . Esa carta y esa transferencia me hundieron. Seria necio negar que me había enamorado de Lucia, ¿Quién no lo haría? viendo a semejante joven. Al igual que Mia, Lucia salió de mi vida de forma brusca. Pasé de tener todo a no tener nada y el día a día se haría más difícil aún.
Iba a cumplir 48 años y no sabía muy bien qué hacer con mi vida. Necesitaba cierta estabilidad emocional, tener una pareja que no huyese o estuviese comprometida, pero hoy en día era complicado. Había pocas mujeres de cuarenta o cincuenta años que quisieran comprometerse. Eran divorciadas o separadas que huían del compromiso como si les quemara, solo querían echar un polvo y si te he visto no me acuerdo y las que querían algo más ya estaban en relaciones con otras personas.
El día de mi cumpleaños, mi hermana me preparó una pequeña fiesta en su casa con algunos familiares y amigos. Fue algo que no me esperaba y me agradó bastante ver a antiguos amigos que hacía mucho tiempo que no veía. Todos me preguntaron por Emma, la chica por la que suspiraban todos y que solo yo supe conquistar y todos se quedaron de piedra al saber que yo había pedido el divorcio y aunque me preguntaron la causa, solo les respondí que fue por diferencia de opiniones insalvables.
En un momento de la fiesta vi a mi hermana hablando por teléfono y que venía hacia donde me encontraba mirándome fijamente. Supe enseguida que estaba hablando con Emma y que su intención era pasármelo y que hablase con ella. Quería hacerlo, pero me daba miedo, salvo por una vez que tuvimos que hablar y quedar para un tema relacionado con las escrituras de la casa, hacia año y pico largo que no hablábamos. Yo me seguía sintiendo traicionado por la mujer que amé hasta el delirio y no quería saber nada de ella, pero la cara de determinación de mi hermana lo decía todo.
—Toma Samuel, es Emma, quiere felicitarte.
—Qué casualidad que justo hoy que estoy en tu casa llame para felicitarme. Dije molesto.
—Fui yo quien le dijo que me llamase, ella te sigue queriendo y sigue respetando el que no quieras que te llame y que tampoco quieras saber de ella, pero quiere felicitarte ¿Qué hay de malo? Y por favor no seas borde.
Mi hermana me paso el teléfono y fue la típica conversación intrascendental y por cortesía que se tiene con alguien, ¿Hola, como estas? ¿Qué es de tu vida? ¿Un día podríamos tomar un café? Y, por último, felicidades y disfruta de tú día. Cuando volví a pasar el teléfono a mi hermana me miraba con cara de desaprobación. Aunque lo negase había estado pendiente de nuestra conversación y sé que no le había gustado. Algo si me llamó la atención y eso fue el tono de tristeza que había en la voz de Emma, pero le quise quitar importancia, quizás fuese por el momento incómodo que se creó al felicitarme, o yo que se, porque a lo mejor se le había muerto el gato, vaya usted a saber, de momento me traía sin cuidado.
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―De verdad Samuel que cortito que eres. Parece mentira que Emma haya sido la mujer con la que has estado veinte años casado. Dijo mi hermana enfadada.
—Te recuerdo hermanita que esa mujer a quien defiendes quiso engañarme, si no lo había hecho ya, y yo solo cumplí sus deseos, ¿No quería tiempo y espacio? Pues ala, ya los tiene, pero no conmigo esperándola como un pelele. Dije ya bastante molesto
—Samuel, parece mentira que hayas cumplido 48 años y te sigas comportando como un crio. En serio, no te enteras de nada.
No me dejó decirle nada más, se dio la vuelta y me dejó con la palabra en la boca. Lo habían conseguido, entre mi hermana y mi exmujer ya me habían amargado el día. Ni esperé a la tarta, cabreado agarré mi abrigo y despidiéndome me fui. Mi hermana quiso retenerme, me pidió perdón, pero la mandé a la mierda muy educadamente y terminé ese día cenando solo en un restaurante, fue deprimente.
Mis días fueron pasando sin pena ni gloria. Me dedicaba a trabajar y a conseguir las mejores cuentas de clientes que venían a nuestra empresa a publicitarse. De hecho, mis jefes me daban los contratos más difíciles y que más dinero nos proporcionaban a ver si los conseguía convencer. No eran todos, pero si conseguí grandes éxitos con lo que conllevó a que me nombraran socio con un aumento sustancial de responsabilidades y sueldo.
Y así era mi vida, trabajo, casa; trabajo, gimnasio, casa; trabajo, hacer la compra, casa y los fines de semana me encerraba y algunos salía con algún compañero a tomarme una birra, esa era mi vida ahora.
Ya habían pasado más de dos meses desde que Lucia desapareció de mi vida y la seguía echando mucho de menos. Necesitaba follar, sentir calor humano y poder correrme en el interior de una mujer mientras ella se corría conmigo. Creo que no hay nada más hermoso que ver la expresión de placer en la cara de una mujer mientras alcanza su orgasmo y siente como te vacías en su interior, a mi mente acudían las imágenes de Mia, de Lucia…pero por algún motivo que empezaba a ser cada vez más evidente, la cara de Emmaa nunca aparecía entre esos recuerdos. La idea de que Emma no disfrutó conmigo en ningún momento de nuestra relación se hacía más irrebatible cada vez.
Volviendo al inicio del relato, todos los miércoles iba a hacer la compra a una gran superficie que me pillaba de camino a casa. Ya me conocía a la mayoría de la gente, incluso clientes que como yo hacían la compra de la semana ese mismo día, e incluso nos sonreíamos a modo de saludo al cruzarnos por algún pasillo.
Ya llevaba fijándome unas cuantas semanas en dos adolescentes, tendrían entre quince a diecisiete años, siempre estaban mirando teléfonos móviles y cosas de informática, torres de sonido. Algunas veces las veía mirando ropa incluso probándose zapatos. Eran dos yogurines, vestían siempre igual, sudadera amplia vaqueros o leggins ajustadísimos y zapatillas deportivas. Tanto una como otra eran muy guapas, con largas melenas que le llegaban a la cintura, una rubia y otra castaña clara con mechones rubios.
Como he dicho las dos estaban buenísimas, y alguna vez me quedaba cerca de ellas haciendo que miraba algo y no podía dejar de mirarlas sin ser descarado. Así me enteré de que la rubia se llamaba Daniela y la castaña de mechones rubios Martina. Esta última es la que me tenía loco, tenía un CULO que según qué pantalones llevaba puestos me empalmaba con solo verlo y no me avergüenza reconocer que conseguí una foto con el móvil y me hice unas buenas pajas imaginando que me lo follaba.
La suerte quiso ponerse de mi parte. Sabía que todo intento de acercamiento a ellas me colocaría en una situación muy comprometida, no sabía cómo reaccionarían y muy posiblemente me pondría en ridículo y seria tachado de viejo verde, frase que odiaba como no os hacéis una idea.