Me vestí deprisa al llegar a la habitación después de tomar un baño; no quería perder tiempo para encerrarme en el único lugar que considero un refugio: la biblioteca. Saludo a Jos y busco la mesa que más me gusta, junto a la ventana enorme que llega hasta el techo. Continuó leyendo pero mi mente no me deja, me recuerda sus palabras de ayer y sus caras de hoy, su alejamiento cuando ese descerebrado apareció y su acercamiento cuando no estaba, es un maldito estúpido y no debería pensar en él. Sacudo la cabeza y continuo con la lectura. Al cabo de una hora y unos minutos, mi estómago ruge, me vine sin desayunar por culpa de ese idiota. Me dirijo a la máquina de golosinas que se ubica en la otra esquina de la biblioteca; debo ingerir algo o pasare molesta todo el día. Paso junto al est

