Su sonrisa después de decirle que lo hiciera, quedó clavada en mi memoria. Fue tan real y tan cálida, una sonrisa que jamás me habían regalado, ni siquiera mis padres. Estuvimos la tarde leyendo y riéndonos de las estupideces que él decía, nos burlamos de algunos chicos de la escuela por sus estupideces (amigos de Harrison), fue agradable mientras duró. Al salir de la biblioteca, su semblante cambio, ya no estaba calmado ni disfrutando del momento. -Hey.-trato de llamar su atención. -¿qué pasa? -Nada. -dice fingiendo una sonrisa. -Sí, claro. -Otra vez estas paranoica Alissa -Pues estas actuando como lo haces cuando quieres decir algo para lastimarme.-ladea ligeramente la cabeza.-te pones serio y distante. -¿Soy evidente entonces?. -pregunta sonriendo con el ceño fruncido.

