Capitulo 38

980 Palabras

Su corazón latía con fuerza y su pulso se había acelerado hasta dejarla mareada. Nunca había sentido aquella necesidad, aquel deseo. Quizá había estado creciendo desde la noche en el porche de la casa de sus padres. No lo sabía. Lo único que sabía era que tenía que estar con Dante. Tenía que sentir que era parte de él de nuevo. Lo necesitaba como necesitaba respirar. Deseaba otro recuerdo de él, porque unos días más tarde, habría desaparecido de su vida. Dante conducía a través de las familiares calles como un poseso. No había escape para ninguno de los dos y ambos lo sabían. De repente, soltó su mano y empezó a acariciarle la pierna. Levantando su falda, deslizaba la mano por el bronceado muslo hasta llegar a la braguita de encaje. Dante lanzó un gemido ronco al tocarla. —    Dios mí

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