Helena observaba a Dante hablando con su cuñado a través de la ventana. Necesitaba tiempo para poner su mente en orden. Tiempo para pensar cómo podía mirarlo sin ponerse colorada como una cría. Pero Dante había aparecido en el porche de su casa por la mañana, preparado para llevarla a la granja de Alicia y Nelson. Era un viaje corto y ella había ido diciendo incoherencias durante todo el camino, sin darle oportunidad para hablar de lo que había ocurrido entre ellos la noche anterior. Una ola de calor subió a sus mejillas en ese momento. Era increíble pensar que prácticamente habían hecho el amor en el porche de la casa de sus padres. Helena tembló al recordarlo, luchando para apagar la hoguera que parecía encenderse en su cuerpo. ¿Qué le estaba pasando? Había pasado de ser virginal a se

