Viernes 20 de Septiembre del 2019
Ha pasado una semana desde que Aatu Kinnunen llegó a mi alocada y divertida vida. Hizo su aparición como solo un hombre de su categoría podría: Tirado en mi jardín, casi inconsciente y con una bella herida en la frente que tuve que suturar. Por otro lado, estos días que hemos pasado juntos han sido increíbles; su capacidad de aprendizaje me parece inaudita. Cuando me dijo que quería aprender español, no lo tomé muy en cuenta, pensaba que era la emoción del momento la que hablaba por su boca. Sin embargo, desde el lunes se puso en marcha con las mini clases que fijamos en el jardín durante las tardes y ahora ya sabe palabras sueltas, oraciones simples y sigue improvisando para no usar tanto el teléfono con nuestro dichoso método de comunicación. Yo también he podido aprenderme unas cuantas palabritas en finés, aunque sigo pensando que es un trabalenguas muy complicado de hablar.
A veces me sorprendo de lo rápido que el ser humano se adapta a nuevos ambientes, personas e incluso a algunas circunstancias. ¿A qué voy con esto? Ahora lo verán. No sé cómo sería la vida del celestito antes de conocerme, pero por el momento se ha convertido en un estupendo amo de casa mientras yo trabajo en el zoológico por las mañanas. Hemos ordenado la casa y al fiiiiin pude terminar de vaciar las cajas que tenía en el cuarto de entretenimiento. Ja, ¿se imaginan a un hombre bien musculoso de metro ochenta y nueve, limpiando, acomodando y cortando el césped? ¿No? Pues déjenme decirles que ¡es una locura! Una bendición para mis delicados ojitos.
Admito que sigo investigando y recopilando información de todo lo que englobe a este guapo grandulón; r************* , fotos, algunas publicaciones con su nombre, etcétera. Es más, indagué en la página del gobierno de Helsinki para ver si podía obtener algún dato con su apellido. Hasta el momento no he encontrado mucho, pero al menos sé que tiene una maestría en fotografía y se recibió por ahí del 2014 en la Universidad de Aalto. Ese ya es un progreso.
—¡Aatu! My friend will arrive in ten minutes (Mi amigo llegará en diez minutos) —digo desde el balcón de mi habitación.
Se levanta del pasto apenas escucha mi voz y alza la mirada—Ystävä… ehmm… ¿Amigo? —pregunta agitado.
—Si, mi amigo—sonrío recargándome en el barandal—. Take a shower and get ready (Toma una ducha y prepárate).
—Five more minutes, please (Cinco minutos más, por favor)—junta sus manos y me sonríe.
—Ok, but only five minutes (pero solo cinco minutos).
—Kiitos, minun tähteni (Gracias, mi estrella).
—Ole hyvä (De nada), celestito—sonrío orgullosa de poder comprender sus palabras.
—Alaine, you look (te ves) … ufff, muy bonita—muerde su labio quitándose el sudor de la frente y me lanza un beso para después tirarse de nuevo al pasto.
«Diosito, no sé qué habré hecho de bien en esta vida, pero te agradezco el regalo que me has mandado. Muito obrigado (Muchas gracias)» pienso al verlo.
Regreso a la habitación y tomo el teléfono de la cama para mandarle un mensaje de voz a Charlie.
—Charlie Puth, ¿por dónde vienes? —digo caminando hasta el baño—Recuerda que mi número es el 1468. Te espero—le envío el mensaje y miro mi reflejo en el espejo—Hmm, no me veo tan mal. Este top n***o es bastante majo y combina bien con mis pantalones beige. No serás modelo, pero te sabes vestir bien, Elaine Amorim.
Apago la luz y bajo hasta la sala. Tengo entendido que Charlie viene con Roy y ufff, también la pesadita de su novia. A ver, no tengo nada en contra de Kristen, no obstante… Ay, es que a veces sus opiniones fuera de lugar y sobre todo sus tontos celos, son algo estresantes. Roy dice que esa es una señal de que lo ama demasiado, pero yo opino lo contrario. «Esa, mi queridísimo crush, es una gigantesca señal de lo insegura e inmadura que es». En fin, Dios los hace, ellos se juntan y henos aquí.
—Aatu, ¿terminaste con tus ejercicios? —digo mirando por la ventana de la sala—¡Ya llegaron!
Camino hasta la puerta y salgo para recibir a mi Charlie. Sonrío al verlo bajar del auto y corro para saltar sobre él.
—¡Charlie Brooooown! ¡Llegaste! —grito trepándome como mono—No sabes cuánto te extrañé.
—¡Nanita de mi corazón, a mi también me da gusto verte! —responde abrazándome—Oye, ¿podrías dejarme respirar?
—No. ¿Por qué tardaste tanto? No me digas que te perdiste en el camino.
—En lo absoluto. A Kristen se le antojó un café del Tim Hortons y tuvimos que parar—susurra en mi oreja—. No entiendo para qué la trajo. No la aguanto, no la aguanto.
—Shhhh, tranquilo—digo mirándolo a los ojos—. En un rato la dejamos sola en el bosque y adiós problema.
Me aguanto la risa junto a mi amiguito y volteo hacia Roy. Sonrío cuando veo como me abre los brazos para que vaya a saludarlo. ¿Si sabían que es mi amor platónico de la adolescencia? ¿Sí? Ah, bueno. Igual se los recuerdo por si se les había olvidado.
—Nana, tan hermosa y loca como siempre—dice dándome un beso en la mejilla. Me aprieta contra su pecho llenándome de su perfume tan particular.
Ufff, está guapísimo como siempre. Viste una camiseta negra, jeans en color vino y blazer del mismo tono. A diferencia de Charlie, él es rubio de ojos azul oscuro y su cabello rizado es más corto.
—Es bueno verte después de tanto tiempo, mi Roy super estrella—digo acariciando su brazo. Miro a la loca de su novia y la saludo tratando de ser lo más amable posible—. Kristen, ¿cómo estás? Que gusto tenerte en mi casa.
—Gracias, Elaine—dice acercándose para darme dos besos en la mejilla—. Tu casa es preciosa. Lástima que esté en un pueblo tan desolado y extraño.
Cierro los puños y le sonrío como si su comentario no me hubiese afectado. Si Roy no fuera su novio, ya la habría sacado a patadas de Burke Mountain.
—No es extraño—digo tomando el brazo de Charlie—, es una ciudad muy pequeña a comparación de Vancouver. Burke es bastante agradable y repleto de naturaleza como a mí me gusta. Pero bueno, dejemos ese tema de lado, ¿les parece? Vayamos adentro.
Kristen mira a Roy de reojo tomándolo de la mano para pegarlo hacia ella. Charlie y yo nos echamos unas miraditas cómplices y caminamos hasta la entrada.
—Bienvenido a mi humilde morada, Carlitos. ¿Qué te parece?
—Wow…—silba mirando cada rincón—En las fotos se veía más pequeño. Que casita tienes, Nanita. Tu padre sí que se lució.
—Lo sé, papá es el mejor—sonrío orgullosa.
—Felicidades por tu nuevo hogar, Nana—dice Roy tocando las almohadas del sillón—. Tengo entendido que colindas con el bosque. ¿Ya has entrado?
—Si, un par de veces—murmuro recordando el momento en que Aatu me salvó de la loba—. Es demasiado agradable tener todo un bosque para mi solita.
—Tienes buen gusto para la decoración—opina Kristen caminando hasta la chimenea—, pero esos almohadones como que no combinan mucho en la sala. Yo le habría puesto unos negros con lentejuelas.
—Gracias por tu opinión, guapa—digo suspirando algo molesta—, pero me gustan los que ya tengo. Además, son un regalo de Charlie.
—Mmm, con razón—responde volteando los ojos.
—Kristen…—murmura Roy mirándola con cara de pocos amigos—Vinimos a visitar a Elaine. Comprendes lo que quiero decir, ¿verdad?
—Si, mon amour (mi amor) —dice haciéndole ojitos—. Solo era una simple opinión.
—Pues guárdate tus opiniones para otra ocasión—responde Charlie dándole la espalda—. Mejor concentrémonos en otra cosa. ¿En dónde está?
—¿En dónde está quién? —digo sonriendo de lado.
—¿Pues quién más? Tu novio—alza la voz—. Quiero conocerlo.
—Charlie, por favor…—abro los ojos sonrojándome.
—Olvídalo, Amorim. Ahí viene—responde mirando hacia las escaleras.
—Ay, meu Dios (Dios mío)—susurro al verlo bajar las escaleras con una soltura impresionante. Lleva puesta la ropa que compramos hace unos días en Urban outfitters. ¡Ja! Sabía que esos jeans de mezclilla desgastados le quedarían estupendos con la camisa roja cuadriculada.
—Minun tähteni (Mi estrella)—dice dándome un beso en la mano—. Lo siento. I was taking a shower (Estaba bañándome).
—No te preocupes—susurro acomodando su cabello mojado—Nice hiking boots by the way (Por cierto, bonitas botas).
Carlos tose haciéndome perder la maravillosa conexión que tenía con este hombre cautivador. «Gracias, Charlie».
—¿No me lo vas a presentar, Nana?
—Si, lo siento—respondo agarrando al grandulón del brazo—. Él es Aatu Kinnunen.
—Al fin se me hace conocerte—dice chocando su mano con la de Aatu—. Soy Carlos Quintero, mejor amigo de Elaine.
Aatu lo escucha con atención y niega con la cabeza. Me mira como pidiéndome ayuda y saco el teléfono. ¡Elaine al rescate!
—Aatu no habla casi nada de español, recién está aprendiendo—digo abriendo el traductor—. Hablen por aquí y él podrá entenderles en su idioma.
—¿Idioma? ¿De dónde es tu novio? —pregunta Kristen acercándose hasta él.
Lo mira de arriba abajo con una fascinación que me hace sentir incomoda. Por favor, tu novio está presente. ¿No que mucho amor?
—Es de Helsinki, Finlandia—respondo dándole el teléfono a Charlie—. Prueba hablarle ahora.
Charlie habla por el micrófono y sonríe cuando Aatu le contesta sin problema. Para mi mejor amigo, esto es como andar con juguete nuevo. Estoy segura de que le hará miles de preguntas en menos de cinco minutos. Alzo la mirada cayendo en la cuenta de que Roy se ha quedado en su lugar desde que el celestito bajó a la sala. Lo observa de brazos cruzados y con una seriedad que no me agrada. Rodrigo Quintero es muy sociable y el alma de las fiestas en cada reunión; no obstante, cuando algo no le agrada, no le agrada y punto.
—¿Estás bien, Roy? —pregunto parándome a su lado—Kristen está un poquito emocionada con mi novio, creo.
—Si, algo—dice serio—. ¿De dónde salió este tipo, Nana?
—De la ciudad—respondo nerviosa—. Sabes que Burke es muy concurrido por los turistas.
—Ya veo—me mira a los ojos—. No me gusta.
—¿Perdón? —murmuro alzando una ceja—No te tiene que gustar a ti, sino a mí.
—Sabes a lo que me refiero—dice mirándolo de arriba abajo—. Tiene una pinta de que le gustan demasiado los problemas.
—No hables de mi celestito como si lo conocieras—respondo comenzando a enojarme—. Es un buen hombre y no merece ser juzgado solo por su apariencia de malote. Solo míralo—sonrío sarcástica señalando a Aatu—. Hasta tu propia novia babea por él. Lo que tienes es envidia, acéptalo.
—Nana—dice con ese tonito de advertencia—. No te conviene estar con un tipo así, lo sabes. Tú no eres así.
—Si no quieres conocerme enojada de verdad, es mejor que cerremos esta conversación aquí—golpeo su pecho con mi dedo y alzo la barbilla desafiante—. No eres el único hombre atractivo, ¿sabes?
—No se trata de si soy atractivo o no, no seas inmadura. Estoy hablando de la clase de hombre con el que sales, es todo—pone las manos en sus bolsillos y suspira—. Si este tipo te gusta, no voy a intervenir. Pero ya sabes lo que opino.
—Me gusta, me encanta y me fascina—respondo dando por cerrado el tema—. Será mejor que vaya a pedir una pizza. ¡Ah! Y controla a tu novia, por favor. No deja de tocar a Aatu como si fuera un teléfono recién comprado.
Camino hasta la cocina mientras Charlie sigue hablando con Aatu y tomo el teléfono de la pared para pedir una pizza.
—¿Qué se ha creído? Venir a decirme lo que es bueno o no para mí—susurro tecleando los números—. Con la novia que se escogió… ¿Rocky Mountain? Si, buenas noches. Quisiera pedir dos pizzas familiares de pepperoni—enrollo el cable en mi dedo y miro por la ventana hacia el bosque—. A nombre de Elaine. Ehm, si, es Strawline Hill 1468—respondo mirando a Roy hablar con Kristen—. Ok, aquí espero. Gracias.
Cuelgo y sonrío cuando la rubiecita le da la espalda ignorándolo por completo para seguir hablando con Aatu. «Y luego dice que yo soy la de las malas decisiones. Ahí lo tienes, bonitinho (lindo)» pienso al verlos.
Las luces se apagan de golpe en toda la cabaña dejándonos con una terrible oscuridad.
—¡Roy! ¡Roy! —grita Kristen.
—Estoy aquí, deja de gritar—dice prendiendo la luz de su celular—¿Elaine? ¿Estás bien?
—Si—respondo palpando los muebles de la cocina—. Solo no me alumbres en la cara, me vas a dejar ciega.
—Que raro que se haya ido la luz, ¿verdad? —dice Charlie tecleando en mi teléfono—. Oh genial, Nana. Se te han acabado los datos. ¿Cómo me comunicaré con tu novio sin la aplicación?
—Tengo la tablet con internet inalámbrico en la habitación. Sube a buscarla—camino hasta la puerta corrediza del jardín y toco el hombro de Aatu—. Hey, celestito. ¿Estás bien?
—Alaine, can you see that? (¿Puedes ver eso?) —susurra señalando el bosque.
Me asomo y frunzo el ceño extrañada de los pequeños destellos de luz entre los árboles. Nunca había pasado nada parecido hasta ahora.
—Lights? (¿Luces?) Why are there lights in the forest? (¿Por qué hay luces en el bosque?)
—They are coming for me (Vienen por mi).
—Who? (¿Quiénes?)
—Those men who yelled my nickname (Aquellos hombres que gritaban mi apodo) —susurra tomándome de la mano—What are we going to do now? (¿Qué vamos a hacer ahora?)
—¡Charlie baja ya! —grito aferrándome a la mano de Aatu—. Roy, Kristen. Tenemos que bajar al sótano.
—¿Qué sucede? ¿Por qué gritas así? —pregunta Charlie bajando asustado.
—Tenemos que escondernos en el sótano. ¡Rápido!
—¿Qué? ¿Por qué? —pregunta Kristen temblando.
Aatu camina a mi lado y abre la puerta del cuarto de entretenimiento. Charlie, Roy y Kristen se apresuran sin preguntar. No sé qué da más miedo… Estar sin luz o saber que hay hombres armados en el bosque acercándose cada vez más hacia nosotros. Me apresuro a empujar el librero de la pared y le quito el teléfono a Charlie para poder alumbrar las escaleras.
—Aquí estaremos seguros.
—¿Me puedes explicar qué pasa? ¿Qué hay afuera? —susurra.
—No lo sé, pero no es nada bueno—digo haciéndoles señas para que bajen.