VII Mi estrella fugaz

2212 Palabras
Entra a la casa casi arrastrándome y cierra la puerta corrediza del jardín. Mira hacia el bosque como si estuviera esperando que algo o alguien apareciera. Genial, no solo no comprendo su idioma, ahora debo lidiar con sus extrañas reacciones también. —Aatu, solo ha sido una loba protegiendo a sus cachorros—digo desconectando el teléfono del cargador—. Uff, mejor te hablo por el traductor porque no entiendes una bendita palabra de lo que estoy diciendo. Abro la aplicación que uso siempre con él y le explico que no hay nada que temer, que son solo simples lobos protegiendo su territorio y no volverán. —Alaine, Alaine… Et ymmärrä, luulen, että he etsivät minua (No lo entiendes, creo que me estaban buscando). —Wow, wow… Baja un cambio, grandulón. No entiendo nada de lo que dices en tu exótico idioma. Conversa conmigo por aquí—digo alzando el celular. Toma el teléfono y habla sin parar mientras camina de un lado a otro. Cielos, con esta actitud diría que es primo hermano de Alekai. Ese gato gigante siempre se mueve de un lado a otro cuando está nervioso o ansioso. Hmm, quien quita y Aatu no sea hombre lobo, pero si mitad tigre. —Alaine, creo que me estaban buscando en el bosque—dice la voz de la aplicación—. Fui a buscar unos cuantos troncos hasta que los vi. Gritaban mi apodo. —¿Apodo? —pregunto curiosa—¿Cuál es? Yo quiero saber. —Leonidas. —¿Te apodan hijo de león? Vaya, vaya…—me quedo pensando y sonrío—Bieeeen, esas son buenas noticias, ¿o no? Alguien ha salido a buscarte y al parecer es conocido tuyo. Pronto podrás saber lo que te sucedió. Escucha lo que le digo y niega con la mano. Masajea su nuca mientras camina y habla de nuevo. —No sé que clase de persona grita mi apodo en medio del bosque con un arma en la mano. Alaine, si estoy en problemas por alguna razón, no me puedo quedar aquí. —Ok, ok… Vamos a calmarnos—me levanto del sillón y voy hasta él—. Respira conmigo y trata de relajarte. Lo tomo por ambas manos y busco su mirada. Le hago señas para que inhale despacio y exhale conmigo unas cuantas veces hasta que los nervios se le bajen un poquito. Sus ojos no dejan de verme con preocupación. Entiendo lo que debe sentir; no recuerda nada de lo que hizo semanas atrás y mucho menos el por qué apareció en Burke Mountain. Lo que sí me inquieta es que estén buscándolo personas armadas. ¿Acaso será algún asesino serial de esos que salen en la tele y vienen a matarlo? Nah, obvio que no. Tiene que haber otra explicación. —Olemme vaarassa (Estamos en peligro). —Un momento—digo soltándolo. Corro hasta el teléfono y aprieto el botón—. Ahora, sí. ¿Qué decías? —Estamos en peligro. —Vamos por partecitas, ¿está bien? —digo haciéndole señas para que me acompañe hasta la cocina—. ¿En qué sección del bosque estaban? Se sienta en el taburete hablando sin parar mientras que yo pongo agua a calentar para prepararnos unos tecitos de menta. —No lo sé, pero fue demasiado extraño. Siento como si conociera el lugar a la perfección, ¿sabes? Como si supiera qué ruta tomar—dice el traductor—. Buscando madera, llegué hasta un puente antiguo que llamó mi atención por las piedras de colores. —Espera, ¿llegaste hasta las Cascadas de Crystal? —pregunto sorprendida—He estudiado el mapa de este sitio y las cascadas quedan como a media hora a pie. Solo hay dos caminos que conducen hasta ese lugar: Hustler Trail y el Coquitlam Trail. Sus celestitos ojos se abren y dialoga otra vez en ese trabalenguas que estoy empezando a apreciar. —¿Media hora? No pude haber caminado tanto. No, es imposible. —Te digo… Eres un hombre lobo—sonrío poniendo las hojas de menta en el agua hirviendo—. Por algo la loba no te hizo nada y salió corriendo. Suspira y niega con la cabeza. —Alaine, esto es serio. Los hombres me conocen y me están buscando en cada rincón del bosque. Si me encuentran… Escucha, no quiero que nada te pase. No sería justo para ti. Apago la hornalla y me acerco hasta él. Acaricio su rostro fijándome en su herida suturada tratando de pensar en lo que le voy a contestar. Normalmente soy de expresarme y parlotear demasiado; ya lo saben, una super loquilla de espíritu indomable. Sin embargo, sus palabras me preocupan bastante. Esto ha pasado de ser un interesante encuentro a una bola cada vez más pesada de manejar. Aatu Kinnunen es un hombre muy misterioso, lleno de lagunas y secretos que estoy ansiosa por descubrir. Hay algo más allá de su problema que me incita a mantenerlo conmigo y que por más que fuerce mi voluntad, el corazón me sigue insistiendo en que lo mantenga a mi lado. —Somos amigos y no voy a dejarte solo con todo esto—digo sentándome junto a él—. Aquí hay dos opciones: Llamamos a la policía y les relatamos lo que sucedió aquella noche desastrosa, o nos quedamos aquí, cuidándonos las espaldas dejando que el destino haga lo suyo. Sus ojos me inspeccionan escuchando mi respuesta y muerde su labio regalándome una blanca sonrisa. —¿Alguna vez te dijeron lo intrépida que eres? No logro captar por qué estás ayudándome, pero te lo agradeceré siempre, Alaine. —Agradécemelo cortando leña y manteniendo mi césped impecable—digo dándole palmaditas en su pierna—. Ahora que me acuerdo, esta ropa que conseguí para ti, ¿es de tu agrado? Asiente acomodándose la capucha de su sudadera gris. —Bastante, te agradezco mucho el gesto. El hoodie, las playeras y los joggers son de mi talla. ¿Cómo supiste qué medida escoger? —Mmm, no tengo idea—respondo alzando los hombros—. Solo lo hice a ojo, es decir, te vi un par de veces y me bastó para buscarte algo decente. Bueeeno, y aparte chequé las etiquetas de la ropa que traías puesta—me levanto para ir a colar las hojitas de menta—. Si algo de lo que escogí no te gusta, podemos ir juntos al centro más tarde y ver qué encontramos. Me estiro para agarrar las tazas y sonrío al ver su mano tomarlas por mí. Por favor, no hizo ningún esfuerzo para alcanzarlas. Es enorme, musculoso y todo un caballero. Oigan, ¿acabo de decir eso? ¡Dios! ¡Alguien cálmeme, por favor! —Muchas gracias—murmuro mirándolo de reojo—. ¿Cuánto mides, grandulón? Estás bastante altito. —Un metro ochenta y nueve—dice el traductor. —Wow, wow y más wow—sirvo el té y le paso su taza—. Y yo que creía que Charlie era altísimo… El pobre es un enano de cuento al lado tuyo. —Kiitos (Gracias) —aspira el aroma y le da un sorbito a la taza. —¡Ah! Esa palabrita la he comprendido. Ole hyvä (De nada). —Mmm—murmura saboreando el té—. Come with me (Ven conmigo). Me toma de la mano y me lleva hasta el sillón para que me siente con él. Pongo mi taza en la mesita de madera y abrazo una de las almohadas peluditas que Charlie me obsequió. Aatu se acomoda apoyando su codo en el posabrazos mientras me observa prender la tele. —Volviendo al temita ese de que están buscándote—digo hablándole al micrófono—, ¿pudieron verte en el bosque? —No, pero mis huellas en la tierra húmeda podría conducirlos hasta aquí. —Lo dudo. Miles de turistas practican senderismo por el bosque—respondo tranquila—. En todo caso, deberán revisar los trescientos ochenta kilómetros cuadrados de este precioso bosque y, sin contar los cientos de casas a la redonda. Acaricia su labio con el dedo pensando en lo que acabo de decirle. A juzgar por su mirada, no está muy convencido del todo. —Pero ¿qué pasaría si justo se les ocurre buscar en esta zona? No deberíamos tentar al destino. —Estaremos bien, créeme—le sonrío—. Lidio todos los días con un tigre de casi doscientos ochenta kilos, con pumas y panteras deseosas de carne fresca por las mañanas y con mi jefe que a veces tiene un humor de perros a causa de las peleas que tiene con su mujer—agarro la taza calentando mis manos—. Nadie entrará en mi cabaña y saldrá ileso. Soy una fiera, un animal cuando se meten con lo que es mío. ¡Ah! Y que te quede claro… No le tengo miedo a nada, aunque a veces lo parezca. Ladea la cabeza y comienza a reírse de forma inesperada. Rayos y centellas, he leído libros e investigaciones acerca de cómo funciona el enamoramiento en los humanos, pero nunca lo había vivido en carne propia. El sonido de su voz, más su risa… Me provocan unas curiosas cosquillitas que me hacen suspirar. Con esto no quiero decir que me esté enamorando de Aatu… ¿O sí? Bueno, más bien… Ehm… Olvídenlo. —Olet kuin ammuttu tähti, Elaine. —Aatu…—murmuro levantando las cejas. Toma el teléfono y habla una vez más—Eres como una estrella fugaz, Elaine. Lo miro curiosa, deseosa de saber por qué me ha dicho esto. —¿Por qué, Aatu? —Te introdujiste en mi vida por un breve tiempo y ya estoy deseoso de saber más acerca de ti—responde el traductor dejándome shockeada—. ¿Por qué eres tan especial? ¿Qué es lo que te hace ser diferente? —Yo… Estem—me quedo en silencio por unos segundos y levanto la mirada para encontrarme con sus increíbles ojos de cielo—. No lo sé, me muestro tal cual soy sin importar lo que la gente piense o diga de mí. Me fascina la sensación de libertad, de aventura y de todo lo que la vida me invite a explorar. Suspira pronunciando un ‘Vau’ y toma mi muñeca sin dejar de hablar. —Quisiera conocerte más, contagiarme de tu espíritu, de tu libertad. Enserio me lamento mucho el hecho de no poder hablar tu idioma, pero prometo poner empeño para aprender poco a poco… Si tu quieres y estas de acuerdo, por supuesto. —Es extraño todo lo que me dices—respondo mirando su pulgar acariciando mi mano—. Si conocernos ya estaba escrito en alguna parte de esta maravillosa vida, ¿quién soy yo para impedirlo? Quédate todo el tiempo que desees o hasta que tu memoria regrese. No tengo problema, celestito. Me mira escuchando la traducción y sonríe arrimándose para darme un beso en la mejilla. Dejo de pestañear sorprendida por su inesperado movimiento y me sonrojo de inmediato. Sus ojos están tan cerquita de mí, que parece que puedo ver toda una galaxia en ellos. —Kiitos, minun tähteni—susurra. —¿Qué.. Qué dijiste? —digo buscando el teléfono sin dejar de mirarlo. Él agacha la mirada y se ríe cuando aprieto su pierna por error—Ay, lo lamento. Cuando me pongo nerviosa hago este tipo de tonterías. Tomo el teléfono y se lo doy para que hable. —Gracias, mi estrella fugaz—traduce la aplicación—. Eso es lo que acabo de decirte. —Oh, bien… De nada, celestito. Verás como poco a poco iremos avanzando en tu memoria y todo ese misterio que te rodea—suelto el botón para que escuche y vuelvo a hablar—. Ah, hay algo que debo decirte. Esta mañana estuve buscándote por r************* . Ya sabes, f*******:, i********: y esas cosas. —Chica lista. Lo había olvidado por completo. ¿Pudiste encontrar algo de información? —La verdad no—digo quitándome las zapatillas para doblar mis piernas en el sillón—. Bueno, hay un perfil en i********: con tu foto, pero… Es privado. No puedo ver ninguna publicación y dudo que recuerdes el usuario y contraseña de tu cuenta. Piensa unos cortos segundos y me responde. —No tengo la menor idea de esa información. Quizás con el paso de los días logre recordar. Esto de tener una laguna mental es desesperante. Me provoca una ternura tan inmensa verlo luchando con su mente que no hago caso a mis vocecitas interiores de advertencia y lo jalo de la sudadera para abrazarlo. Digo, si mi corazón me dicta abrazarlo, pues eso hago. —Que rico hueles—susurro aspirando el suave aroma a jabón que emana de su cuello—. Ojalá te quedes conmigo por mucho, mucho tiempo. —Translation, please? (Traducción, ¿por favor?) —murmura poniendo el teléfono en mi mano. —Not this time (Esta vez no), grandulón—respondo volviéndolo a abrazar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR