Una tregua por los demás.
Llegamos al hospital después de dejar a los enanos durmiendo con la señora Gloria y el abuelo de los Scott, ya pasaban de las tres de la madrugada y el ambiente era de funeral. Me acerco a mi hermano y le pregunto lo que pasa y lo que me cuenta me deja con la boca abierta.
—¿O sea que la hermanita es la mamá del cuñado? Y yo que pensé que lo que contó Thomas era digno de un besr seller.
—¿A qué te refieres Chris?
—Oh, a nada, nada, cuando estemos más tranquilos te lo contaré.
—Por lo pronto necesito que te encargues del tema de la alcaldía yo me encargaré de la construcción y volveremos más tarde.
—Pero yo no me voy antes de saber qué pasa con Jex.
—Hermano, la reunión con la asistente de la alcaldesa es a las ocho treinta y necesito que vayas—ya está ordenando el señor mandón con ese ceño fruncido de viejo de mierda y vuelve su mirada a la señorita buena para discutir—. Rocío, puede venir por favor.
—Si, dígame señor O’Connor.
“Sí, digimi silir I’Cinnir”
—Tú, déjate de hacer eso con ru cabeza que ya sé lo que estás pensando.
—Pero si no he hecho nada, hermanito—digo alzando mis brazos en son de paz y el idiota vuelve a enseriarse.
—Bueno, sin perjuicio de las pendejadas de mi hermano, necesito que mañana, perdón en menos de cinco horas, ustedes dos sean lo suficientemente adultos y hagan una tregua en pos de todos nosotros.
—Por obvias razones que nos dirás ahora ¿no? —pregunto con mi cara de póker esperando la respuesta.
—Por supuesto, hermanito—se lleva la mano a la boca y carraspea, él, haciéndose el interesante, Pff—. Como verán, las cosas no pintan para nada bien después de lo que pasó en ese club, el tal Volov está muerto y el idiota de Darlan en la cárcel, pero eso no nos elimina de todos los problemas de los chicos y míos.
—¿Y en qué problemas te has metido tú? — porque lo veo muy tranquilo, aunque tiene algunas magulladuras en su cara, pero eso es lo de menos ¿no? A él se le ocurrió meterse en mi terreno.
Sí, aún estaba molesto por no ser yo el que participara del mentado operativo, conmigo Jex no estaría en esa sala de operaciones, de eso estoy más que seguro.
—Deja de pensar que contigo todo hubiera sido mejor, Chris—¿The mentalist? ¡WTF! ¿dónde está la cámara escondida? Porque este idiota me está leyendo el pensamiento—. Lo pasado pisado y ahora debemos enfocarnos en que nuestro cuñado salga bien y por lo pronto ustedes dos se encargarán de la asistente del alcalde y yo de la construcción, pero primero debo ir a declarar a la comisaría con —mira hacia todos lados y vuelve a fruncir el ceño— ¿dónde se metió Savannah?
—Por lo que me contó la señora Blue, está con Nathan y el hijo de Gia, así que dudo que vuelva a aparecer, esos dos son muy unidos— ¡Qué el cielo se abra y se trague a esta pobre alma en desgracia! Porque la cara que ha puesto mi querido hermano es de aquellas que te hiela la sangre.
«Protégenos señor con tu espíritu»
—Bien, entonces iré a ver cómo siguen las cosas—repito ¿WTF? Es que ¿qué le han hecho a mi hermano? ¿Lo habrán drogado en ese lugar?— y ustedes dos ya saben lo que quiero que hagan. Nada de discusiones, nada de insultos y por favor nada, pero nada de poner caritas frente a esa mujer, los necesito lo más profesionales que puedan ¿entendido?
—Por mí, no hay problema, señor O’Connor, yo guardaré mi hermosa lengua viperina y espero que este señor haga lo mismo—dice, mientras muestra su sonrisa de dientes perfectos la muy víbora.
—Como si pudieras—mascullo entre dientes y ella se hace la ofendida.
—Lo escuché, señor O’Connor y le repito, yo seré la mejor asistente que han visto en la historia de O’Connor e hijos, pero que conste que no lo hago por ustedes, lo hago por mi amiga y porque por desgracia, ustedes son su familia— la víbora de cascabel se da la media vuelta y enfila sus pasos hasta mi prima y las demás mujeres, algo les dice mientras me mira de reojo y yo le sonrío de oreja a oreja para que vea que no me amedrenta.
—Víbora de cascabel.
—Por favor, Chris, te lo ruego. Solo por esta vez, no hagas alguna de tus locuras y soporta a Rocío, los necesito a los dos de verdad, Hermano.
Su suplica me llega al corazón de pollo que tengo, bueno, solo un poquito, así que asiento y mejor me quedo con las ganas de atacar a la viborita.
«Te has salvado, sólo por hoy, maldita víbora de cascabel»
Grita mi conciencia, pero como dije, lo haré, me comportaré solo por Dani y mi hermano, pero a la primera de cambio de esa víbora se las cantaré como el mejor barítono de este puto país.
Después de media hora más, que tuve que aguantar a la princesa, nos fuimos hasta el edificio de Scott y asociados, donde la dejé y luego seguí mi camino hasta mi departamento.
Llegué y en unos minutos me metí a la cama y me dormí.
—Por hoy, solo quiero descansar.
Cerré mis ojos y caí en brazos de Morfeo, era demasiado el cansancio acumulado…
Mi despertador o más bien el repiqueteo del teléfono en algún lugar de mi habitación.
—¡Maldición!— me bajo de la cama y encuentro mi teléfono dentro del bolsillo de mi pantalón y contesto sin mirar— O’Connor.
—Puede abrir la puerta, me estoy congelando y el café se enfría.
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Con quién hablo?
—No se haga el que no sabe nada, señor O’Connor y abra de una vez la p… la hermosa puerta de caoba de su departamento.
Camino a la entrada de mi departamento y me rasco la cabeza cuando abro la puerta y ahí está ella, como si hubiera descansado por más de doce horas, fresca como una lechuga, vestida en un traje n***o como la noche, camisa verde como su piel de víbora y unos tacones que mierda, me lo levanta de una. Me mira con una ceja enarcada y suelta una sonrisita.
—No sabía que mi recibimiento sería con la asta elevada señor O’Connor, pero no puedo negar que tengo la mejor vista desde hace mucho tiempo.
—¡A la v***a, Rocío! ¡Cúbrete los ojos!—le grito, mientras me cubro mi amigo y la hago pasar.
—Cúbrase mejor su v***a, señor O’Connor no vaya a ser que me pique un ojo.
—¡Rocío!
—¿Señor O’Connor?
—Nada, espere aquí por favor, deje que me bañe y estaré listo para que nos vayamos.
—¿Y el café de la paz que he traído?— levanta la bandeja donde trae los cafés y la bolsita que huele de maravilla, pero necesito salir de aquí.
—Ya vengo, póngase cómoda— salgo disparado a mi habitación, cuando la escucho reírse.
—Lindo derrier, señor O’Connor.
—Maldita víbora.
Como nunca, solo me duché, mi rutina de skin care y cremas será para otra ocasión, por ahora el agua fría bajó a mi asta (palabras textuales de esa víbora) y me visto rápido.
Salgo de mi habitación y la encuentro sentada en la isla de la cocina, mientras bebe su café y se come un exquisito pan de chocolate.
«Se derrite en su boca y no en sus manos»
—Ya cállate, estúpida conciencia.
—¿Decía algo, señor O’Connor?
—Nada, solo que se ve bueno ese pan de chocolate.
—Aquí tiene— me extiende lo que me trajo y yo aún lo veo medio perspicaz—. No está envenenado—tomo el pan de chocolate y le doy un mordisco—, aunque uno nunca sabe.
—Señorita Arismendi— sí, casi me ahogo, así que bebo un sorbo del café—¡Mierda!
—¿Está caliente?— la miro feo, si, muy feo —. Digo, el café, señor O’Connor.
—Horrible, pero dame los pormenores de la reunión de hoy.
—Si, señor.
Toma su tableta y como toda una profesional me indica los avances de mi hermano en la licitación, esta es la tercera reunión con la asistente del alcalde y dentro de los apuntes de mi hermano hay una indicación especial.
“No cedan en absolutamente nada”
Clarísimo como el agua, hermanito, ahora el tema era saber en qué no debíamos ceder, pero eso debería esperar. Apuro mi comida y cuando ya estoy listo tomamos nuestras cosas y bajamos por el ascensor.
En el estacionamiento nos espera un chofer de Scott y asociados con la puerta abierta, yo asiento y saludo al susodicho y Rocío le agradece. Después de subirnos la señorita Arismendi sigue con las indicaciones y especificaciones de lo que ya ha hecho mi hermano, sigue muy profesional y eso me aliviana las ganas de pegarle un tiro certero en medio de la frente.
«Ella lo dijo, sería una puta profesional»
El chofer nos indica que hemos llegado a nuestro destino y yo me quedo con cara de circunstancia al ver que se trata de uno de los hoteles más reconocidos de la ciudad.
—¿Por qué aquí?—Pregunto.
—Ni idea— Rocío se encoge de hombros y pregunta por la susodicha, nos informan que está en la habitación 404 y que nos está esperando. Tomamos en ascensor y al llegar al piso, ambos caminamos tranquilamente.
Al encontrarnos frente al número que nos indicaron, Rocío toca la puerta y se escucha el “ya voy” al otro lado, cuando de repente se abre la puerta, una mujer de unos cuarenta años, vestida en una sexi lencería nos mira con cara de ¿Quién mierda son?
—¿Y el señor O’Connor?
—Buen día señorita, este es el señor Christian O’Connor y yo su asistente, venimos a la reunión pactada con el señor James, por desgracia el no podrá asistir— y ahí caigo en cuenta del porqué de la advertencia.
Suspiro un tanto molesto y me adentro con Rocío a la habitación, esa que está preparada lista para la acción, como su huésped.
«Juro que me la vas a pagar, James»
Este será uno de esos días en que mejor no me hubiera levantado…
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